Ir al contenido
_
_
_
_

Las contradiciones del oro hechas arte

En la exposición Atrato, en el V&A South Kensington de Londres, el artista multimedia Juan Covelli interpreta el papel del oro en un mundo dividido en esferas de influencia

Instalación de la exposición Atrato, en Londres.CEDIDA

En el museo V&A South Kensington, más allá de las salas que albergan reliquias de antiguos imperios, en un espacio al abrigo de la interminable cola de visitantes que esperan para contemplar la decadencia de la moda prerrevolucionaria de María Antonieta, la oportuna exposición Atrato de Juan Covelli revela las realidades ocultas de la carrera internacional por asegurar las cadenas de suministro de minerales. En el proceso, arroja nueva luz sobre las fuerzas que configuran el poder global de hoy en día.

Atrato gira en torno a una obra de vídeo que toma su nombre del río que atraviesa Chocó, el departamento colombiano que limita con Panamá, el Pacífico y el Caribe. Con una voz en off que narra un ensayo poético acompañado de animaciones digitales y metraje documental del río y sus habitantes, Covelli muestra cómo el control de los carteles sobre la minería artesanal de oro en una región conocida por su aislamiento y la escasa presencia del Estado está provocando violaciones de derechos humanos, deforestación descontrolada, contaminación por mercurio, violencia criminal y corrupción.

Covelli es conocido como un artista de medios digitales que no rehúye los temas políticos. Entre sus obras anteriores figuran Los Caídos, un videojuego que reimaginaba las protestas de 2021 en Bogotá para cuestionar cómo las burbujas algorítmicas moldean la comprensión de la historia y la cultura contemporánea, y Tesoro Especulativo, un modelo de IA generativa entrenado con la colección del Museo del Oro para crear sin cesar imágenes cambiantes de hipotéticos artefactos precolombinos de oro que aluden a piezas perdidas por el saqueo.

La obra principal de Atrato es una película proyectada en una pantalla situada en el centro de la galería montada sobre un suelo plateado. El plateado crea un efecto de duplicación que recuerda los reflejos de un río lento o de una laguna de mercurio. Frente a la pantalla, una instalación mural de fotografías aéreas del río se extiende por dos paredes que enmarcan una vitrina de cristal. La vitrina alberga una disposición de figuras de oro precolombinas prestadas de la colección del V&A y figuras realizadas por Covelli, lingotes, semiconductores y una batea —el cuenco tradicional para el lavado de oro usado por comunidades indígenas— aquí grabada y dorada con motivos que recuerdan al diseño de un microchip.

Sobre la vitrina, animaciones digitales de peces ciegos intoxicados por mercurio nadan en un mar holográfico. Un contador digital informa en tiempo real del precio de mercado de una onza de oro: 4.985,5 dólares el día de mi visita. A la izquierda, una pantalla LCD montada en la pared reproduce en bucle una animación por ordenador de una espantosa fuente barroca —una especie de mezcla entre Blade Runner y Versalles— que arroja agua y mercurio sobre peces, reliquias indígenas, neumáticos, paneles solares y semiconductores. Toda la estructura se sostiene sobre un brillante soporte dorado que descansa sobre una batea.

Desde principios del siglo XVI, el río Atrato ha servido como arteria regional de tránsito, cultura y comercio. Como una bendición geográfica ambivalente, el río ha sustentado a las culturas indígenas y afroindígenas que viven en su cuenca, así como a uno de los ecosistemas más biodiversos del planeta, mientras por otra parte facilitaba negocios sombríos como el tráfico de esclavos, el oro, la cocaína y, más recientemente, el paso de migrantes.

En la película, Covelli sostiene que la posición de Colombia en el orden internacional del poder se deriva de su papel como proveedor de oro para los fabricantes de electrónica, destinado a semiconductores y microelectrónicas utilizados en tecnologías profundas y energía verde. Sin el oro colombiano, “los satélites no orbitan, los servidores no almacenan, los algoritmos no pueden calcular”, dice la voz que narra del filme.

El problema es que se equivoca.

Aunque es cierto que sí, el oro se utiliza para fabricar semiconductores de deep tech y microelectrónica, es una caracterización errónea afirmar que este uso está impulsando el mercado del oro o la presencia corporativa extractivista en Colombia. “En tecnología, el oro haría que todo fuera más eficiente, incluida la transmisión de energía. Pero en realidad no podemos usar oro en tecnología porque es tan caro que nadie pagaría por ello”, explica Giselle Figueroa de la Ossa, directora de Mercados Sostenibles en la Alianza por la Minería Responsable.

El sorprendente salto en los mercados globales de oro (y plata) se debe más bien a que países e inversores recurren al oro como respuesta a la inestabilidad mundial. “El mundo es un desastre ahora. Está en guerra. Así que los inversores están volviendo al oro. Incluso los bancos centrales, sobre todo los no occidentales, quieren distanciarse de la hegemonía del dólar estadounidense. Por eso están cambiando sus reservas de dólares a oro”, afirma Figueroa de la Ossa.

Las contradicciones e ironías que surgen del oro como activo cultural, financiero y de ingeniería eléctrica son muchas.

La violencia de los carteles de la droga, la corrupción y la falta de seguridad estatal han hecho que el país sea demasiado arriesgado para la inversión minera corporativa legal. Como consecuencia de esto, la restricción de la minería nacional a la artesanal y de pequeña escala limita la producción de minería de oro de Colombia. Actualmente, el país ocupa el puesto 18 entre los mayores exportadores de oro del mundo, según el World Gold Council, aunque se estima que posee la undécima mayor reserva de oro sin explotar del planeta.

“Más de la mitad del oro que se ha extraído en toda la historia de la humanidad se ha extraído desde 1971”, dice Elizabeth Ferry, profesora en la Universidad Brandeis, en una entrevista. Antes de 1971 no había necesidad de un mercado porque el precio del oro estaba fijado por el patrón oro. Ahora, “el oro que se extrae participa en toda una serie de procesos de mercado”.

El aumento de los precios del oro incentiva a los carteles a presionar a las comunidades vulnerables para que incrementen la minería ilegal. El crecimiento de la actividad minera en la cuenca del Atrato ha elevado los niveles de mercurio hasta umbrales que la ONU considera una violación de derechos humanos, lo que llevó al Relator Especial de la ONU sobre Sustancias Tóxicas y Derechos Humanos, el Dr. Marcos Orellana, a publicar una carta abierta dirigida al Gobierno de Gustavo Petro solicitando intervención.

El impacto medioambiental del mercurio en la minería del oro que Covelli cuestiona en su trabajo lleva décadas siendo un problema. En 2016, la Corte Constitucional colombiana otorgó derechos al río Atrato en un intento por detener la degradación medioambiental. Sin embargo, al haber pocos mecanismos para hacer cumplir la ley, la sentencia ha puesto de manifiesto la ineficacia de una ley que carece de fuerza para aplicarse. “Después de una década, vemos que el reconocimiento de un río como sujeto de derechos solo tendrá sentido en la medida en que las instituciones lleven a cabo intervenciones efectivas de acuerdo con el marco legal establecido en el país”, afirma Orellana en una entrevista.

Si bien la minería legal contribuyó con el 1,3% del PIB de Colombia en 2021, las estimaciones sobre la proporción de la minería de oro ilegal varían considerablemente. “Para ser muy sincero, en realidad no tienen ni idea de cuánto se extrae ilegalmente”, afirma Enrique Millán-Mejía, investigador principal de Desarrollo Económico del Centro Adrian Arsh para Estudios Latinoamericanos del Atlantic Council. La minería ilegal del oro está dirigida principalmente por carteles, entre ellos el Clan del Golfo, que opera en Atrato y en Venezuela y fue designado como organización terrorista por la Administración Trump en 2025. “El régimen de Maduro en Venezuela fomentó la extracción de minerales y metales, incluido el oro”, asegura Orellana.

El oro ilegal llega al mercado a través de intermediarios que ocultan su origen ilícito vendiéndolo a refinerías en Londres, Suiza y los Emiratos Árabes Unidos. Una vez que el oro ilegal se mezcla con el oro de otros proveedores, es imposible separarlo y rastrear su procedencia.

En 2025, la Administración de Donald Trump categorizó el oro con minerales críticos para los intereses de seguridad de Estados Unidos e inició una ofensiva contra los carteles de la droga, que incluyó ataques a embarcaciones frente a la costa colombiana y culminó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro. La ausencia de políticas que garanticen que el oro adquirido por inversores e industrias esté libre de conflicto implica que la compra de cualquier oro termina apoyando a los mismos carteles contra los que la Administración Trump ha declarado la guerra. Esto crea un dilema contradictorio en el que la política de seguridad estadounidense choca con los mercados de capital.

Reflexionando sobre la reunión en el inicio de febrero en la Casa Blanca entre Petro y Trump, Figueroa de la Ossa comenta: “Me sorprendió que las conversaciones entre líderes mundiales realmente no hablen sobre la conexión entre el oro y el narcotráfico”.

Al igual que Trump, el Gobierno de Petro también clasificó el oro como “mineral estratégico”. La clasificación legal en Colombia formaba parte de la política de “Paz Total” de Petro y buscaba proteger la minería artesanal como patrimonio cultural y como vía de desarrollo económico, alentando a los mineros de subsistencia a formar cooperativas e integrarse en la economía formal. Al hacerlo, crearon sin darse cuenta un vacío legal que permitió a los carteles presionar a comunidades vulnerables para operar como fachadas legítimas e inundar el mercado con oro de conflicto.

La pregunta es: si el Gobierno de Petro, el Gobierno de Trump, los mercados globales, la deep tech, los carteles y las comunidades locales entienden el valor —y los valores— del oro de maneras distintas, ¿estas diferencias los encaminan hacia el conflicto? En el centro de la exposición Atrato está la idea de que el oro no es solo un depósito de valor, sino también un depósito de valores identitarios.

Exposición Atrato, en el Museo Victoria y Alberto South Kensington, en londres, del artista multimedia Juan Covelli.

Como las aguas turbias del propio río, Atrato de Covelli mezcla una espumosa confluencia de crisis que van desde los desafíos de seguridad que plantean los grupos criminales al forzar a comunidades vulnerables a realizar minería ilegal, hasta el “lavado” de las cadenas de suministro en la industria internacional del oro, el envenenamiento del planeta por mercurio y los diversos fracasos del Estado y de la comunidad multilateral para intervenir en todos ellos.

Al ampliar el foco más allá del “tech stack” para incluir la cuestión de cómo las políticas gubernamentales, el capital, los cárteles y las corporaciones conforman un “power stack” que sostiene el desarrollo tecnológico, surge una imagen más inquietante sobre el papel del oro colombiano en un orden global organizado por esferas de influencia. Como dice el narrador de Covelli: “La fiebre del oro no ha desaparecido, ha mutado”.

Al hacer afirmaciones sobre el uso del oro en la tecnología que se desvían ligeramente de los hechos, Atrato de Covelli saca a la superficie preguntas urgentes sobre las políticas, organizaciones y formas de poder que determinan cómo se explota la riqueza natural de Colombia y, en ese proceso, quién se beneficia y quién resulta perjudicado. El arte no tiene que ser factual para ser emocional o estéticamente verdadero. En ese sentido, Atrato recuerda el aforismo de Picasso: “El arte es una mentira que nos ayuda a ver la verdad”.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a Papallones desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en Papallones.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Últimas noticias

Recomendaciones Papallones
Recomendaciones Papallones
_
_