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El clérigo jesuita Javier Giraldo recibe un cofre con los despojos del presbítero durante el aniversario 60 del fallecimiento en batalla de aquel que transitó de sacerdote a combatiente.

La Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas ha entregado este domingo, en un acto íntimo y reservado, los restos del cura Camilo Torres Restrepo. La entidad humanitaria, encargada de llevar a cabo la búsqueda de los restos del sacerdote guerrillero, ha hecho entrega de los restos del religioso el mismo día en que se cumplen 60 años de su muerte en combate como miembro del ELN. El sacerdote jesuita Javier Giraldo, quien en 2019 hizo la solicitud que puso en marcha la búsqueda, ha recibido los restos, almacenados en un cofre marrón oscuro, horas después de participar en la eucaristía en honor a Torres Restrepo celebrada en la capilla Cristo Maestro, en el campus bogotano de la Universidad Nacional.
Hasta las primeras horas del domingo, la postura de la UBPD se centraba en no facilitar el cadáver de Torres. Pese a ello, la institución vinculada al modelo de justicia transicional puso en marcha nuevamente el protocolo una vez que, poco antes de la fecha conmemorativa, Medicina Legal anunciara oficialmente que no ha logrado finalizar el cotejo de las piezas, con el fin de verificar la identidad de Camilo, “por dificultades en el estado de los restos óseos”. Tal como expuso Papallones, los despojos se localizaron impregnados de formol, un compuesto que, en los huesos, descompone el ADN paulatinamente, entorpeciendo su validación biológica.
A fin de que la UBPD coordinara la devolución de sus restos óseos no hacía falta el aval de Medicina Legal, ya que se disponía de tres verificaciones técnicas previas. No obstante, el suceso de Camilo Torres es paradójico al representar una de las víctimas iniciales de desaparición forzada en un territorio que ha sumado, en más de 50 años de hostilidades, cerca de 120.000 individuos reportados como desaparecidos en la guerra.
Durante las primeras horas de este domingo, en el marco del acto religioso, seguidores, personas melancólicas y espectadores acudieron temprano al oratorio de la Nacional, cuyas entradas estuvieron clausuradas hasta poco antes de las 10, momento previsto para el oficio de cada año. La agrupación coral practicaba sus himnos, mientras los diálogos trataban sobre los logros de Camilo Torres. Copias del diario Frente Unido, que Torres encabezó por algunos meses en 1965 previo a su incorporación a la insurgencia, se entregaron entre los presentes. “¡Camilo nos une!”, vociferaba conmovida una anciana de cabellera totalmente blanca que sostenía asimismo una imagen del clérigo conmemorado. La Universidad, previendo una gran afluencia por el número de la efeméride y la probabilidad de un sepelio que pondría fin a decenios de ausencia de los despojos, instaló toldos y sillas en el exterior del recinto para aquellos concurrentes que no pudieran acceder.
Noticia en desarrollo. Habrá más información en breve.
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