Epstein y los científicos
El pederasta financió directa o indirectamente varios proyectos de investigación, pero casi todas las relaciones se rompieron tras su condena


Sí, hay científicos en la lista Epstein. Y no, no son pederastas de bata blanca. Mientras escribo esto tengo delante la foto de una cena en la Universidad de Harvard, en septiembre de 2004, y allí aparecen, posando junto a Jeffrey Epstein, los físicos teóricos Lee Smolin y Alan Guth, el psicólogo Steven Pinker, el genetista Craig Venter, el filósofo evolucionista Daniel Dennett y otra veintena de luminarias de las que solo tres son mujeres, solo dos llevan corbata y solo uno pajarita. Han cenado en mesas de a seis, han bebido vino blanco y tinto, y el fotógrafo les ha pillado sin acabarse el postre. Epstein es el único que no sonríe. Nada extraordinario, realmente. Pero entonces, ¿qué hacen ahí todos esos cráneos privilegiados?
La cena tuvo lugar cuatro años antes de que Epstein fuera procesado y condenado por delitos sexuales. Ninguno de los científicos que asistieron a ella tiene relación con aquel tráfico tenebroso de menores que acaba de poner en la picota a la monarquía británica y promete llevarse por delante un montón de cabezas más. Los asistentes a la cena no son Mick Jagger ni Bill Clinton ni Elon Musk. Lo único que tienen en común, en realidad, es que son famosos, en un sector de la actividad humana que rara vez goza de los oropeles de la celebridad. ¿Qué esperaba de ellos el pederasta Epstein?
Quizá habría que empezar por preguntarse qué esperaban ellos de él. Epstein financió un buen montón de proyectos científicos a lo largo de los años. Donó nueve millones de dólares a la Universidad de Harvard, con particular énfasis en su Programa de Dinámica Evolutiva, dirigido por el matemático Martin Nowak. Las donaciones ocurrieron antes de su condena en 2008, pero incluso después de esa fecha Epstein conservó un despacho en esa entidad, y la visitó docenas de veces. También donó 200.000 dólares al Departamento de Psicología y puso en contacto a los científicos de Harvard con terceros donantes que aportaron otros 10 millones.
El pederasta también mostró cierta predilección por el MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts), según reveló el propio centro tras una investigación. Donó, por ejemplo, medio millón al MIT Media Lab, y la mitad de esa cifra a su profesor de ingeniería Seth Lloyd, en ambos casos después de su condena en 2008. También facilitó donaciones de terceros por siete millones de dólares. Nada de todo esto es ilegal, ni siquiera inusual en Estados Unidos, donde el mecenazgo supone una parte sustancial de la financiación de la actividad científica.
La mayor parte de la relación de Epstein con los científicos cesó tras la condena judicial de 2008, con las notables excepciones del astrónomo Lawrence Krauss y el lingüista Noam Chomsky, que siguieron en comunicación con él, según los correos electrónicos revelados el año pasado. Krauss, por cierto, es el único científico que sí recibió quejas de conductas sexuales inapropiadas, en 2018, pero esos hechos no parecen tener relación con la red de Epstein. De hecho, los correos electrónicos muestran que el astrónomo escribió a Epstein para pedirle consejo sobre la mejor forma de gestionar esas acusaciones, que él niega. Epstein murió en la cárcel al año siguiente.
La historiadora de la ciencia Naomi Oreskes sospecha que el interés de Epstein en la ciencia tiene alguna relación con el determinismo genético. Epstein, al parecer, tenía la ambición de fundar un “rancho de niños” criados por mujeres inseminadas por él mismo, una idea similar al “recinto secreto” del que ha hablado alguna vez Elon Musk, que en cualquier caso ya debe de haber perdido la cuenta de los hijos que ha esparcido por el planeta. Los supervillanos de James Bond parecen realmente enamorados de su propio esperma. Esto va a ser como lo de Gengis Kan, cuyo cromosoma Y infecta media Eurasia.
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