El significado del diálogo nuclear franco-alemán: nadie se fía de EE UU
Los últimos días han ofrecido muestras europeas de la espina dorsal necesaria para afrontar a potencias sin escrúpulos, así como de genuflexiones bochornosas ante el trumpismo


En los últimos días, hemos asistido a muestras de la espina dorsal necesaria para que Europa sobreviva en una era de potencias sin escrúpulos y también de las genuflexiones que nos pueden postrar en un doloroso y humillante avasallamiento.
En el primer apartado figura la importantísima apertura del diálogo nuclear entre Francia y Alemania. Conviene no subestimar su significado político. Los franceses han sugerido la posibilidad de proyectar el escudo de su arsenal nuclear sobre Europa desde los tiempos de De Gaulle, con distintos grados de intensidad. Los alemanes nunca hicieron caso. Estaban completamente enrocados en su posición atlantista, en su fe en la protección estadounidense vía OTAN. Pero el canciller alemán, Friedrich Merz, anunció hace una semana en la Conferencia de Seguridad de Múnich que se ha abierto un diálogo para explorar vías de desarrollo de un paraguas de disuasión nuclear europeo fundamentado en el arsenal francés. Precisó que el proceso es incipiente, y que es una iniciativa complementaria al paraguas OTAN. Pero conviene no tener duda de lo que ello significa: Alemania ya no se fía de EE UU. Berlín adopta una retórica más prudente que otros en cuanto a la relación con Washington. No obstante, es preciso fijarse en el significado de los hechos, y estos dicen que nadie se fía ya de EE UU, y Alemania tampoco.
En el segundo apartado figura la bochornosa presencia de algunos representantes europeos en el show de la Junta de Paz, que sería patético y grotesco si no fuera dramático y abusivo. Cómo no, estaba Orbán, que es poco más que un caballo de Troya del putinismo y del trumpismo en Europa. Y sí, estaba el ministro de Exteriores de Italia, que sin disimulo hace tristes contorsionismos para congraciarse con la potencia prepotente. Y, desgraciadamente, tocó observar la presencia de una comisaria europea enviada por su jefa, Ursula von der Leyen, con cuando menos dudosa base legal, y sin duda ninguna, nefasto criterio político. El circo privado trumpista que es la Junta de Paz debe ser meridianamente rechazado cual instrumento de destrucción del avance de un orden multilateral basado en reglas y decencia. La Junta de Paz no responde ni a las primeras ni a la segunda.
Regresemos, pues, al significado del diálogo nuclear franco-alemán. Las armas nucleares son una monstruosidad, y es preciso esforzarse al máximo para conseguir frenar su proliferación y lograr el desarme. Sentada esa premisa, en un mundo en el cual un sujeto como Putin dispone de miles de cabezas nucleares y en el que los europeos no podemos seguir confiando en la protección del equivalente arsenal estadounidense, pensar solo en clave de desarme resulta, desgraciadamente, un razonamiento cojo, ingenuo. Si no queremos ser avasallados, necesitamos disponer de una suficiente fuerza disuasoria. En el ámbito militar, hay que razonar tanto en el plano convencional como en el nuclear. Por ello es bienvenido el trascendental paso franco-alemán de dialogar sobre el asunto. Una carrera de incremento de los arsenales sería un error; una estructura de coordinación estratégica y operativa, un acierto.
A la vista de la importancia del asunto, tiene un enorme interés político que el presidente del Gobierno de España manifestara con claridad su opinión al respecto. Pedro Sánchez pronunció en Múnich un discurso con la virtud de poner en el debate varios asuntos soslayados en el encuentro, y alentó correctamente a luchar contra la proliferación nuclear. Pero, ¿cómo encaja ese planteamiento con el diálogo franco-alemán que, al menos de entrada, no es un proyecto de rearme, ya que no va de expansión cuantitativa de los arsenales? El discurso de Múnich no aclaró bien la posición española sobre esto. Algunos medios conservadores llegaron a conclusiones que no estaban de forma explícita en el discurso.
El Gobierno español aboga, correctamente, por la búsqueda de una independencia europea. Ha cometido sin duda errores que pesan en su balance, pero ha tenido la valentía de afirmar algunas posiciones correctas a contracorriente y otras con la corriente, pero no fáciles de vender a su electorado. En el plano militar convencional, pide un ejército europeo. ¿Qué opina de un diálogo europeo que vaya construyendo una protección nuclear autónoma que ofrezca garantías cuando en EE UU ya no se puede confiar?
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