Trump envía más tropas a Oriente Próximo y anuncia que la guerra durará “todo el tiempo que sea necesario”
Irán contradice al presidente al asegurar que no negociará con EE UU. “Los estamos machacando, pero aún no ha llegado la gran ola”, dice el mandatario republicano

Entre “cuatro o cinco semanas” y “todo el tiempo que sea necesario”. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hizo este lunes esa imprecisa proyección en su primera comparecencia pública en la Casa Blanca en 72 horas, en pleno recrudecimiento ―y sin final en el horizonte― de la guerra que desencadenó su ataque masivo a Irán, mano a mano con Israel, y que se ha extendido este lunes a otro país: Líbano.
En su comparecencia, Trump lanzó una advertencia a sus compatriotas: la idea de la operación militar rápida, limpia y sin coste contra Irán que les venía vendiendo bien podría convertirse en una de esas guerras largas en las que tantas veces prometió que no metería a su país. Y lo hizo en una jornada que trajo la confirmación de nuevas muertes de soldados estadounidenses hasta dejar en seis la cuenta, y el derribo de tres cazas F-15 por “fuego amigo” en Kuwait. Además, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, anunció el envío de más “refuerzos adicionales” a Oriente Próximo. Tan pronto como, añadió, “hoy mismo [por el lunes]”.
Hegseth habló de “miles de militares de todas las ramas de las fuerzas armadas, centenares de cazas de cuarta y quinta generación, docenas de aviones cisterna, los grupos de ataque de los portaaviones Abraham Lincoln y Gerald R. Ford y sus aviones a bordo, un flujo sostenido de municiones, combustible, y todo ello apoyado con operaciones de reconocimiento, inteligencia y vigilancia”. “Los estamos machacando”, pero “aún no ha llegado la gran ola”, advirtió Trump en una entrevista a la CNN.
Las hostilidades iniciadas el sábado (con una operación que mató al líder supremo iraní, Ali Jameneí) han escalado en las últimas horas en su crudeza y alcance regional. Los proyectiles de Teherán impactaron en Israel y los países de su región. El domingo sumó a la lista a Omán, el emirato que medió en la frustrada negociación de un acuerdo nuclear con Washington en las semanas previas. La República Islámica atacó también este lunes con un dron una base de la Fuerza Aérea británica en un Estado de la UE: Chipre. Además, el comandante de la Guardia Revolucionaria de Irán anunció el cierre del estrecho de Ormuz y amenazó con que sus fuerzas incendiarán cualquier barco que intente pasar, según medios iraníes.
En Líbano, los muertos por fuego israelí superan los 50, después de que la milicia Hezbolá se sumase este lunes al conflicto, con sus primeros proyectiles desde el alto el fuego de 2024. Israel ha venido bombardeando el país vecino casi a diario en los 15 meses de tregua, pero Hezbolá solo entra ahora en escena, en “venganza” por la muerte de Jameneí.

Desde Washington, Trump enumeró sus objetivos (una lista que va cambiando con los días desde que el sábado en un mensaje grabado a la nación dejara claro que persigue “un cambio de régimen”): “Primero, destruir la capacidad de los misiles de Irán. Segundo, estamos aniquilando su Armada; ya hemos mandado 10 barcos al fondo del mar. Y tercero, garantizar que el principal patrocinador del terrorismo del mundo nunca pueda obtener un arma nuclear”, afirmó en un acto de reconocimiento a un grupo de veteranos.
Su secretario de Defensa, Pete Hegseth, compareció en el Pentágono a primera hora para dejar claro que EE UU se prepara para una operación prolongada en Irán. “No es una guerra de cambio de régimen, pero el régimen ha cambiado”, dijo.
Irán se ha anotado una victoria táctica, en la línea de la estrategia que identifican analistas militares de aumentar el coste en vidas para Washington y ampliar el ámbito geográfico de los ataques para implicar a nuevos actores en la contienda. Teherán mantiene sus ataques con misiles y drones contra los Estados del Golfo.
Creciente poder de Larijaní
El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Larijaní, desmintió, por su parte, a Trump, que el domingo había afirmado que los nuevos líderes iraníes “quieren negociar” para acabar con la guerra, insinuando una rendición que Larijaní se ha apresurado a descartar con un escueto mensaje en sus redes sociales: “No negociaremos con Estados Unidos”.
Larijaní es una figura de creciente poder en Irán. Se da por hecho que está por encima del Consejo de Liderazgo, el triunvirato que el país anunció el domingo, formado por el presidente iraní, Masud Pezeshkián, el jefe del Poder Judicial, Gholamhossein Mohseni Ejei, y el jurisconsulto y miembro del Consejo de Guardianes, Alireza Arifí. Este poder tripartito se supone que pilotará el país hasta el nombramiento de un sucesor de Jameneí.
Algunos analistas ven en Larijaní al presidente de facto del país y, sobre todo, al coordinador con el poderoso aparato de seguridad y militar de la Guardia Revolucionaria. Ese ejército paralelo, cuyo objetivo es defender a la República Islámica, lleva la batuta en la respuesta a los ataques de Israel y EE UU, que han costado la vida al menos a 555 iraníes, según ha informado la televisión estatal citando a la Media Luna Roja local.

El analista militar Jesús Pérez Triana considera que este lunes ha marcado un cierto punto de inflexión en la respuesta iraní. “El alto mando se está activando y ha dado orden de intensificar el lanzamiento [de proyectiles sobre los países vecinos]”, interpreta.
La República Islámica anunció tras la muerte de Jameneí que no respetará ya línea roja alguna. Abandona así las réplicas meramente simbólicas por las que optó tras los bombardeos israelíes de junio de 2025, a los que sumó al final Estados Unidos: atacó la base de Al Udeid, en Qatar, con su personal casi totalmente evacuado.
En Israel se ha notado en el tipo de lanzamientos el mismo día que enterraba a ocho de los muertos de la víspera, por el impacto directo de uno en una sinagoga. Han sido menos frecuentes, pero con más proyectiles. Por la mañana, dos amplias andanadas han llenado en pocos minutos el cielo de explosiones por las intercepciones.
El lanzamiento de misiles contra las bases estadounidenses —la Guardia Revolucionaria anunció el domingo que había atacado 27, sin especificar cuáles— busca tanto destruirlas como, sobre todo, aumentar las bajas y, por lo tanto, el coste político interno de la guerra para Trump. EE UU celebra en noviembre unas cruciales elecciones legislativas de mitad de mandato e Irán sabe que la opinión pública tiene muy presentes las imágenes de ataúdes de soldados de su país caídos en Irak y Afganistán.
El Mando Central de Estados Unidos ha confirmado que tres de sus cazas F-15 se estrellaron en Kuwait tras ser alcanzados por lo que las autoridades definieron como el “fuego amigo” de las defensas aéreas kuwaitíes.
Kuwait ha informado a su vez de nuevos ataques con misiles y drones y se han registrado fuertes explosiones en Dubái y en la capital catarí, Doha. Un portavoz del Ministerio de Exteriores catarí ha asegurado que sus aviones de combate han interceptado “drones y otros explosivos” que Irán había dirigido contra su infraestructura civil, incluido su aeropuerto internacional. “Un ataque como este no puede quedar sin respuesta”, ha dicho. “Irán pagará el precio por este ataque contra nuestra gente”.
Arabia Saudí, por su parte, ha ordenado el cierre de su refinería de Ras Tanura, en la costa del golfo Pérsico, tras el impacto sin víctimas de al menos un dron en sus instalaciones. Poco después, fuentes militares citadas por la agencia semioficial iraní Tasnim han negado que las instalaciones petrolíferas de países de la región estén entre sus objetivos.

Mientras, un buque británico en Baréin ha sido a su vez dañado por otros dos proyectiles, cuyo origen no se ha divulgado, según informa la entidad Operaciones Marítimas Comerciales de Reino Unido (UKMTO, por sus siglas en inglés).
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, ha aludido este lunes a la necesidad de “trabajar duro para reducir la escalada y ha alertado de las consecuencias que tendrá el conflicto, también para los Veintisiete: “Desde la energía y el transporte hasta la migración y la seguridad”, informa Silvia Ayuso.
El frente interno
El régimen iraní no solo afronta el frente externo, sino también la oposición de parte de su población: grupos de ciudadanos estallaron en explosiones de júbilo en las calles tras el anuncio de la muerte de Jameneí, mientras sus partidarios, que se calculan en un tercio de la población, mostraban su duelo.

Trita Parsi, vicepresidente ejecutivo del Instituto Quincy para una Gestión Responsable del Estado, situado en Washington, señala en la red social X que esas expresiones de alegría no se han materializado en la movilización masiva en la que confían Trump y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. “Se acerca el día en que el pueblo israelí podrá derrocar al régimen y estaremos a su lado”, ha subrayado este lunes Netanyahu, en un día de subidas históricas de la Bolsa de Tel Aviv y de la divisa nacional: los inversores extranjeros la están adquiriendo porque asumen que la campaña será breve y tendrá un fin nítido.
El régimen iraní trata de cerrar del todo ese resquicio a nuevas protestas con una estrategia clásica: el país lleva más de 48 horas sin conexión a internet, señala en X la plataforma NetBlocks, que supervisa el tráfico y la censura en la red. Está así casi a oscuras a ojos del mundo, como sucedió durante la represión de las protestas de enero, en las que murieron miles de iraníes: 3.117 según el régimen, y al menos 7.000 de acuerdo con la ONG iraní en el exilio HRANA.

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