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Israel lanza un ataque contra Irán

La Fuerza Aérea bombardea Teherán por sorpresa, en medio de las negociaciones con EE UU. Israel cierra su espacio aéreo

El ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, en enero en Atenas.Thanassis Stavrakis (AP)

Ocho meses después, Israel ha vuelto a lanzar un ataque contra Irán. Lo ha anunciado por sorpresa su ministro de Defensa, Israel Katz, en torno a las 08.00 de la mañana hora local (07.00, en la España peninsular), en pleno temor de que fuese EE UU quien bombardease, pese a las negociaciones con Teherán, y justo después de que las sirenas antiaéreas sonasen por sorpresa en Israel. No como aviso de ningún ataque, sino como advertencia ante la previsible respuesta de Teherán, donde han caído varios misiles en Teherán, según la agencia Fars. Israel ha cerrado su espacio aéreo.

Tras décadas de guerra encubierta (con ciberataques, asesinatos de científicos nucleares y ataques a través de aliados), Israel entra en su cuarto enfrentamiento directo con Irán en apenas dos años y aquel en el que, todo parece indicar, nadie jugará a hacer tablas. Aunque no lo ha señalado abiertamente como objetivo, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, pretende aprovechar la actual debilidad ―interna y externa― del régimen de los ayatolás, y de las milicias que patrocina en la región (principalmente la libanesa Hezbolá), para derrocarlo. Un candidato deseable para tomar eventualmente las riendas sería Reza Pahlavi, el hijo de Mohamed Reza Pahlavi, el sha de Persia que tejió una estrecha alianza con el Estado judío hasta que cayó en 1979, precisamente en la revolución islámica de la que deriva el actual régimen.

Desde 2024, el fin de cada enfrentamiento entre ambos países ha sido a su vez el inicio de la cuenta atrás hasta el siguiente. Así que Israel lleva meses preparado, con el ejército en máxima alerta y plena coordinación con Washington. “Oriente Próximo se encuentra en una encrucijada. Los elementos extremistas se niegan a rendirse. […] Estamos preparados para cualquier escenario. Y si los ayatolás cometen el error de atacarnos, experimentarán una respuesta que ni siquiera pueden imaginar”, advirtió Netanyahu la semana pasada, en una ceremonia de graduación militar.

El martes llegaron al país 12 F-22, un caza furtivo estadounidense de quinta generación que figura entre los más avanzados del mundo. Si no es habitual el aterrizaje en el país de cazas de EE UU, menos aún de F-22. Se suman a la ―también inusual― presencia de aviones estadounidenses de reabastecimiento y de carga en Ben Gurión, el aeropuerto cercano a Tel Aviv que ejerce de puerta de entrada de casi todo el tráfico aéreo civil. El Gobierno de Netanyahu trasladó además a Líbano una clara advertencia de que -si Hezbolá entraba en escena en apoyo de su valedor iraní- bombardeará las infraestructuras básicas, incluido el único aeropuerto en funcionamiento del arruinado país. Lo admitió el martes su ministro de Exteriores, Yusef Rayyi.

Esta misma semana, otro aeropuerto, Ramón, realizó un simulacro con vehículos de bomberos, policía, ambulancias y militares. Y el Ayuntamiento de Haifa, tercera ciudad del país y con el puerto más importante, venía pidiendo la preparación “inmediata” de los refugios públicos que estaban siendo utilizados para otros fines.

Irán ha dejado claro estas semanas que, si la Administración de Donald Trump optaba por la guerra, su gran aliado no quedará al margen de la respuesta. Ve al Estado judío como el “Estado número 51” de EE UU y un “claro objetivo”, como rezaba un mural parcialmente en hebreo que colgó esta semana en su capital.

La industria armamentística de Israel lleva desde agosto produciendo de forma acelerada interceptores del Arrow 3. Es el sistema antimisiles que más empleó en la guerra con Teherán que inició en junio y a la que EE UU se acabó sumando, bombardeando plantas nucleares iraníes.

El consenso político y militar en Israel es que aquel conflicto de 12 días fue un éxito, pese a que el régimen de los ayatolás matase a más de 30 personas y la intercepción de los 550 misiles balísticos se quedase en el 86%, mostrando agujeros letales en su defensa. Las autoridades mantienen hasta hoy, además, el secretismo sobre los daños que sufrieron las instalaciones militares, principal objetivo de los misiles y drones iraníes.

Con todo, el ejército de Israel volvió a mostrar por qué es ―de largo― el más tecnológicamente avanzado de Oriente Próximo. No solo por causar más víctimas y daños, sino sobre todo por la superioridad aérea que exhibió. En su ataque inicial, empleó más de 200 drones y ni uno solo fuese interceptado. Dos días más tarde, presumió de tener hasta 50 cazas sobre los cielos de la capital iraní, según difundieron entonces las Fuerzas Armadas.

Era, en parte, el resultado de los daños que había causado en los dos enfrentamientos de menor escala que mantuvieron en 2024. El embrión del primero fue la decisión de Netanyahu de matar a tres altos mandos iraníes en un ataque aéreo contra la Embajada del país en Damasco. La República Islámica respondió con más de 300 drones y misiles contra el Estado judío, pero anunciados ―y casi coreografiados― para salvar la cara ante los suyos sin generar una escalada regional. Netanyahu tuvo la última palabra, con un bombardeo al sistema antiaéreo que protegía una instalación nuclear.

Israel volvió a humillar a Irán en julio, al asesinar al líder político de Hamás, Ismail Haniya, en una casa de huéspedes en Teherán a la que lo había invitado. Dos meses más tarde, mató a Hasan Nasrala, el líder de Hezbolá, el aliado libanés al que Teherán veía pasar en pocos días de milicia temida a desconcertada perdedora. La acumulación de agravios llevó a Teherán a lanzar un nuevo ataque, este menos calculado, de unos 180 misiles balísticos. La mayoría fue interceptada.

Tanteos

Era cuando Israel e Irán todavía se tanteaban, midiendo sus respectivas fuerzas con un ojo ya en la siguiente ronda, como la guerra iniciada este sábado .

“Israel está muy a favor de la guerra y de un cambio de régimen”, pero es también consciente de que conlleva “mucho riesgo y caos, sobre todo en una campaña prolongada, en la que probablemente sería la principal víctima”, aseguraba el lunes la analista sénior sobre Israel del International Crisis Group, Mairav Zonszein, en un panel organizado por este think-tank antes del estallido bélico.

Acabar con la República Islámica consolidaría aún más la indiscutible supremacía regional de Israel, al quitarse de en medio a su gran némesis tras laminar o someter progresivamente a sus principales apoyos. Netanyahu lograría además una valiosa carta de presentación ante el electorado de cara a los comicios de octubre. Los números no le dan de momento para reeditar su actual coalición con nacionalistas radicales y ultraortodoxos, según coinciden los sondeos de las últimas semanas.

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