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Ucrania se adentra en el quinto año de guerra entre el desgaste y la presión de Trump

La invasión a gran escala cumple cuatro años con las posiciones congeladas en el campo de batalla mientras Washington presiona para cerrar un acuerdo de alto el fuego

Un operario en una fundición atacada por Rusia, en Zaporiyia, en noviembre de 2024.Stringer (REUTERS)

Ucrania empieza el quinto año de invasión rusa en una encrucijada. Además del desgaste militar y social que supone la guerra, Estados Unidos presiona para que Kiev acepte una paz que, en los términos que plantea Moscú, supondría una capitulación. El principal escollo de las conversaciones de paz a tres bandas, que está previsto que se retomen este jueves, apenas dos días después del cuarto aniversario de la guerra, es la cesión de la región oriental de Donbás.

Mientras, el implacable invierno y casi 50 meses de agotadores combates, mantienen congeladas las posiciones de unos y otros en el campo de batalla. Son los drones, amos y señores del cielo, los que marcan el paso de la contienda. Frente a los malos augurios de 2022, Ucrania aguanta frente al empuje de Rusia, que sobrevive a las sanciones y hace valer su mayor arsenal y número de tropas. Eso le permite al Kremlin una “ligera ventaja”, lo que supone ocupar cada vez un poco más de terreno ucranio, aunque, en realidad, tras estos cuatro años, se puede hablar de “empate o equilibrio”, valora Guillermo Pulido, analista militar de la revista Ejércitos.

Para tratar de afrontar esa superioridad enemiga, Kiev puede recurrir a su capacidad de producir drones o a la inteligencia artificial, añade este especialista autor del libro Guerra multidominio y mosaico (Editorial Catarata, 2021). Hay un escalón, en todo caso, que va a tener complicado Ucrania salvar por sí mismo, añade Pulido: los misiles balísticos rusos. En su primer año en la Casa Blanca, Donald Trump ha dejado prácticamente a cero la ayuda militar estadounidense. El armamento más importante para Ucrania, como los misiles Patriot, proviene de EE UU, pero lo tienen que adquirir los aliados. Kiev se ha encontrado en momentos críticos sin munición para detener los misiles de Moscú, por el retraso en las adquisiciones.

Fuentes sanitarias del ejército ucranio aseguran a Papallones que más del 90% de las víctimas se producen en la actualidad por los drones aéreos. Este armamento no va a dejar de ganar protagonismo en medio de “un cambio de dimensiones históricas en la guerra tecnológica” con Ucrania como escenario, vaticina Pulido. Atrás está quedando el protagonismo de los carros de combate, los cazabombardeos o las fragatas, agrega.

El mazazo bélico marcará durante años a un país de algo más de 600.000 kilómetros cuadrados —de los que en torno el 20% está bajo ocupación rusa— y una población de 42 millones de habitantes en 2022 . El coste total de la reconstrucción y recuperación durante la próxima década será —según datos de 2025— de casi 588.000 millones de dólares (en torno a medio billón de euros), según la primera ministra, Yulia Svyrydenko. Esto equivale a casi tres veces el PIB de Ucrania de 2025, según cifras anunciadas este lunes por el Gobierno de Kiev, junto a la UE, el Banco Mundial y la ONU.

Mientras, la economía rusa tiene problemas pero las sanciones de Occidente no han asfixiado a la maquinaria militar y económica de Putin. Lo siguiente, calcula Pulido, sería elevar la amenaza recurriendo incluso al “bloqueo de los puertos” rusos y hacerle perder al Kremlin la guerra a riesgo de una posible escalada por parte de Putin. “Si Rusia no tuviera armas nucleares ya hubiésemos bombardeado como se hizo con Yugoslavia o Libia”, concluye el analista.

Cerca de cuatro millones de ucranios hacen frente al desarraigo como desplazados internos dentro del territorio nacional; otros 6,7 millones se encuentran fuera del país y las autoridades entienden que hasta un tercio podría no regresar nunca. Además, aunque no hay cifras oficiales fiables de las autoridades de Kiev, son cientos de miles los muertos y heridos en sus filas y varios millones los que permanecen bajo ocupación rusa.

Anelia Pilkevich, de 34 años y empleada de una empresa tecnológica estadounidense, se desplazó desde Kiev a Lviv (cerca de la frontera con Polonia) en cuanto Rusia lanzó la gran invasión el 24 de febrero de 2022. Hace año y medio, al comprobar que la guerra no tenía visos de concluir, decidió instalarse en España. Hoy tiene en gran medida superado “el duelo de la emigración” y no tiene horizonte de regreso a corto plazo, aunque reconoce que su primera visita a casa hace pocas semanas no ha sido fácil.

El agujero demográfico va a ralentizar el motor de la reconstrucción de un país con las infraestructuras de sectores como comunicaciones, vivienda, comercio, industria, agricultura y energía seriamente dañadas. Este último sector ha visto incrementar los ataques en un 21% con respecto a hace un año. Desminar el territorio será otro de los retos.

Por todo ello, Ucrania tendrá que afrontar una larga y costosa posguerra para la que deberá seguir manteniendo un ejército bien dotado. Kiev, sin embargo, ya sufre la escasez de uniformados ante un conflicto enquistado y la falta de confianza en sus gobernantes de cientos de miles de ciudadanos que huyen del alistamiento obligatorio en medio de unas deserciones que se estiman en torno al 20%. A Ucrania no le va a quedar otra que seguir recurriendo a ese reclutamiento a la fuerza, por muy impopular que sea, pues como alternativa lejana estaría el aumento de los salarios, algo que depende solo de las ayudas que llegan desde el exterior, sostiene Pulido.

Donbás

Las tropas rusas controlan hoy prácticamente la totalidad de la provincia de Lugansk y el 78% de la de Dontestk (ambos territorios conforman el Donbás). Tomar el 22% restante al ritmo que van podría costarles entre un año y dos de lucha y miles de soldados. Como ha dicho el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, en una entrevista con la BBC, “Donbás no es solo territorio. Veo una retirada como el abandono de miles de personas y el debilitamiento de nuestras posiciones”.

En ese terreno en disputa está anclada la estrategia de defensa de Ucrania, con Kramatorsk y Sloviansk como bastiones. Es la región de Ucrania donde comenzó la guerra en 2014 y donde han muerto miles de soldados en las batallas más cruentas del conflicto. “Rendirse en Donbás dividiría a nuestra sociedad”, ha añadido el presidente. Según una encuesta del Centro Razumkov y el Kyiv Security Forum de esta semana, el 62,7% de los ucranios se opone a cederlo a cambio de un acuerdo de paz.

Pilkevich cuenta al teléfono que la mayoría de ucranios está dispuesto a dar lo que sea por recuperar la paz y la estabilidad, pero considera una “tontería” llegar a acuerdos con Moscú porque entiende que no los ha cumplido en el pasado y no los va a cumplir ahora. El resto del mundo —cita a EE UU y la UE— “debe espabilar” y no abandonar a Ucrania.

Zelenski, ajeno al ritmo burocrático que impone Bruselas, presiona para acelerar el proceso de integración de Ucrania en la UE. Desde varias instancias ya le han advertido de que, pese a la buena voluntad de la mayoría de los 27, eso va a llevar más tiempo que el necesario para —en principio­— alcanzar un acuerdo con Moscú. Uno de los principales lastres sigue siendo el alto nivel de corrupción, con el caso más grave en años ocurrido en 2025 y que llevó al presidente a deshacerse de su jefe de gabinete y amigo Andrii Yermak.

Planes de Trump

Mientras Europa, que se juega su futuro en las negociaciones de paz, no tiene voz en la mesa de negociaciones, Trump empuja para cerrar un acuerdo. Estados Unidos propone como solución las pretensiones del presidente ruso, Vladímir Putin, sobre Donbás, que el ejército ucranio se retire para crear una zona desmilitarizada. Zelenski responde que lo justo en ese caso sería que los rusos hagan lo mismo en una franja de terreno equivalente. Hasta ahora, los dos bandos han avanzado en cuestiones militares, como los mecanismos de alto el fuego y de seguimiento del mismo. En la última reunión, celebrada en Ginebra la semana pasada, EE UU se comprometió a participar en el control de su cumplimiento.

La cuestión territorial, la más delicada desde el punto de vista político, deberá ser abordada en última instancia por los líderes. Steve Witkoff, el enviado especial de Trump, ha sugerido que el encuentro podría producirse en las próximas semanas. El jefe de gabinete de Zelenski, Kirilo Budanov, ha manifestado este lunes que “es difícil organizarlo ahora” pero ha confiado en que se producirá.

Cuando Trump ganó las elecciones presidenciales en noviembre de 2024, Ucrania tuvo esperanza en que si alguien podía torcerle el brazo a Putin, ese era el republicano. El presidente estadounidense ha dejado claro sin embargo que la guerra en Ucrania es cosa de los europeos, mientras muestra su admiración por Putin.

Trump se enfrenta a las elecciones de medio mandato en noviembre y presiona para solucionar el conflicto esta primavera. Zelenski intenta no contrariar al inquilino de la Casa Blanca, pero hasta ahora mantiene sus demandas esenciales. En su equipo, según han informado medios anglosajones, hay división: una parte se inquieta porque teme que la oportunidad para llegar a un acuerdo se cierre antes del verano mientras la otra defiende no ceder.

Los ucranios no confían en Moscú y exigen garantías de seguridad firmes que disuadan a Rusia de volver a atacar. Zelenski pide firmarlas con Estados Unidos y la coalición de voluntarios —una alianza creada a iniciativa Francia y Reino Unido— antes de firmar un eventual alto el fuego. Washington dice que primero va el acuerdo, después lo demás.

Ucrania intenta proteger su dignidad hasta donde le sea posible, a riesgo de que Trump se impaciente y se levante de la mesa de negociación. Kiev cuenta con el respaldo de la UE, su mayor sostén económico. Pero aunque Europa tiene la voluntad —este martes, los presidentes de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y del Consejo, António Costa, viajan a Kiev para acompañar a Zelenski—, no cuenta con las capacidades militares estadounidenses, pese a sus planes de rearme.

Hay además Estados miembros, especialmente Hungría, que funcionan más como aliados de Putin que de Ucrania. El primer ministro ultraconservador, Viktor Orbán, que lleva desde el inicio de la contienda torpedeando el apoyo al país invadido —y se juega su continuidad al frente del país—, cuenta ahora con el apoyo de su homólogo eslovaco, Robert Fico.

Bruselas contaba con el valor simbólico de formalizar con motivo del aniversario el 20º paquete de sanciones y, sobre todo, un préstamo de 90.000 millones de euros vital para Ucrania. Budapest y Bratislava acusan a Kiev de bloquear por motivos políticos el flujo de petróleo del oleoducto Druzhba, una infraestructura atacada en enero por Rusia. La unidad europea y el apoyo a Kiev que la UE quería exhibir ha quedado de nuevo en entredicho por el bloqueo de ambos.

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