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Europa hace frente a la casi total falta de nueva asistencia militar de Estados Unidos a Ucrania

Los países del norte y la franja occidental del continente concentran el 95% de la asistencia. Los aliados gastaron el año pasado 3.700 millones de euros en adquirir armas de la industria estadounidense.

Ucrania

Hace exactamente un año, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció con gran alarde desde Washington que iniciaba de inmediato las negociaciones para lograr una paz en Ucrania. Era el 12 de febrero y acababa de llamar a sus homólogos ruso, Vladímir Putin, y ucraniano, Volodímir Zelenski, para iniciar un diálogo trilateral. El frente de batalla, a punto de entrar en su cuarto año, seguía estancado en el este del país invadido. El Estados Unidos que Trump recibió de Joe Biden había sido el mayor y más importante proveedor entre los aliados en apoyo militar y financiero a Ucrania. Doce meses después, poco ha variado en el campo de batalla, muy lejos aún de un alto el fuego, pero mucho ha cambiado en la retaguardia: Washington ha cortado casi por completo la ayuda y Europa ha tomado su lugar.

El Instituto Kiel para la Economía Mundial, establecido en Alemania hace más de cien años, ha rastreado los flujos de asistencia desde el inicio de la invasión masiva de Ucrania en febrero de 2022. En su última evaluación, publicada este miércoles, el centro de análisis señala que “Europa casi ha compensado el colapso del apoyo estadounidense”. En números, la contribución de Estados Unidos cayó el año pasado casi un 99%; la de los socios europeos aumentó un 59% en ayuda financiera y humanitaria, y un 67% en el ámbito militar. “Como resultado, la ayuda total en 2025 se mantuvo cercana a la de años anteriores”, indica el instituto en su informe.

Con los datos disponibles, está claro que Trump logró su objetivo. El líder republicano insistió en los primeros meses de su mandato que era Europa la que debía proteger a Ucrania. Llegó a exigir a Zelenski el dinero gastado por Estados Unidos durante los tres primeros años de la invasión rusa, una demanda que atenuó con la firma del acuerdo económico de los minerales.

Hasta abril de 2024, el Congreso estadounidense aprobó cinco leyes que otorgan una ayuda valorada en unos 150.000 millones de euros. No obstante, según los registros del Instituto Kiel, Washington destinó el año pasado solo 400 millones a un paquete militar, y cero en ayuda humanitaria o financiera.

Europa, a través del empuje de la Unión —el 89% del apoyo financiero y humanitario comunitario proviene de Bruselas mediante préstamos, subvenciones o los rendimientos de los activos rusos congelados—, ha asumido el liderazgo como principal donante de Kiev. Sin embargo, la cifra en términos de armamento está muy por debajo de lo aportado por los aliados (incluido Estados Unidos) en 2023, año récord en ayuda, y además resulta un 4% inferior a la registrada en el primer año de la gran ofensiva.

El reparto, eso sí, es desigual. El Instituto Kiel señala que los países escandinavos y de Europa occidental, liderados por Alemania y el Reino Unido, concentran casi el 95% de la asistencia militar, muy por encima de la región sur, donde se ubica España —el Gobierno español comprometió el pasado noviembre, durante una visita de Zelenski a Madrid, 817 millones, el 75% en equipos militare s— y de los países vecinos de Ucrania al este.

El mérito, sin embargo, se encuentra en el norte de Europa. El centro de análisis alemán recopila datos de 31 aliados. De ellos, los del norte, que incluyen a los países escandinavos y bálticos, apenas suponen el 8% del PIB conjunto, pero aportan un 33% del gasto militar destinado a contener al agresor ruso. En proporción a su tamaño económico, el esfuerzo de Noruega, Dinamarca y Suecia —los tres superan el 0,6% de su PIB en contribuciones— es mucho mayor que el de Alemania, líder en cifras absolutas en Europa. España apenas logra entrar entre los 20 primeros.

Los nórdicos, además, han reinventado su modo de colaborar con Kiev. Dinamarca es un ejemplo claro. El mecanismo: Ucrania define las prioridades en sus arsenales en el frente; expertos daneses analizan esas necesidades y, si Copenhague da su aprobación, se libera el financiamiento requerido. Se denomina el modelo danés. Desde julio de 2024, mediante este tipo de financiación, Dinamarca ha comprometido 830 millones de euros. Ha sido fundamental, por ejemplo, en la producción en masa del obús 2S22 Bohdana, un cañón fabricado por una empresa de Kramatorsk, en el este ucraniano, muy apreciado en las trincheras por su movilidad y capacidad de destrucción.

Washington logró, además, transferir la responsabilidad a Europa sin que su industria militar dejara de fabricar armas para Kiev. Detener bruscamente la asistencia al ejército ucraniano suponía un riesgo evidente: interrumpir la cadena de suministro —la industria europea no podía satisfacer toda la demanda ucraniana— y, por ende, facilitar el avance de las tropas rusas en el frente oriental. Por ello, gracias a la buena coordinación entre Trump y el secretario general de la OTAN, el neerlandés Mark Rutte, se estableció el mecanismo PURL (siglas en inglés de Prioritized Ukraine Requirements List), que permite a los miembros de la Alianza y sus socios (Australia, Nueva Zelanda) invertir en la compra directa de armamento estadounidense, tras la aprobación del mando militar aliado, para su empleo casi inmediato en Ucrania.

Más de veinte donantes han contribuido al programa PURL en 2025 con fondos superiores a 3.700 millones, destinados a la compra, entre otros elementos, de baterías de defensa antiaérea Patriot y lanzaderas Himars.

Un año de Trump interviniendo en el campo de batalla y la retaguardia de la guerra en Ucrania ha impulsado a Europa a abrir nuevas vías de apoyo a las fuerzas armadas del país atacado. Las empresas europeas de defensa, incluidas las españolas, y el sector público han acelerado sus planes de inversión en la industria militar local —gigantes como el alemán Rheinmetall han inaugurado incluso fábricas en suelo ucraniano— y firmado acuerdos de producción conjunta, como el anunciado esta semana por París y Kiev.

A su vez, según el dinamismo y altos niveles de producción del sector de defensa ucranio, el Gobierno de Zelenski anunció el pasado domingo la inminente apertura en territorio europeo de una decena de centros de producción, una vía que permite la exportación de sus armas, incluidos los valiosos drones terrestres, acuáticos e interceptores, hasta ahora prohibida por las exigencias del frente de batalla.

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