Misiones, la provincia argentina que es mucho más que las cataratas de Iguazú
Los saltos de agua más famosos de Sudamérica eclipsan otros atractivos de esta zona del noreste del país, que alberga conjuntos jesuíticos guaraníes y las últimas grandes manchas de selva subtropical que un día cubrió este territorio


Cuando escuchas el topónimo Argentina, lo primero que se te viene a la mente son imágenes de pampa, la Patagonia, gauchos, asados y tango. Sin embargo, hay otra Argentina de selvas, ríos caudalosos, cataratas y animales salvajes. Está en su esquina noreste, frontera con Brasil y Paraguay, y se llama Misiones. Es el corazón verde de un país tan gigantesco como diverso.
La provincia de Misiones tiene casi 30.000 kilómetros cuadrados, superficie similar a la de Bélgica, y está literalmente encajada entre grandes ríos mesetarios. El Iguazú, al norte; el Paraná, al oeste, que la separa de Paraguay; y el Uruguay, al este, que hace de frontera con Brasil. Un rectángulo de 300 kilómetros de largo por unos 100 de ancho que alberga algunos de los mejores ejemplos de selva paranaense que quedan en Sudamérica, la foresta subtropical que un día cubrió toda la cuenca del Paraná y que prácticamente ha desaparecido para dejar espacio a interminables campos de soja.
Misiones tiene un imprescindible que destaca por encima de cualquier otro recurso turístico: las cataratas de Iguazú. Un atractivo tan potente que lo empantana todo: el 80% de los viajeros que visitan esta esquina de Argentina lo hace solo para ver el sistema de cataratas más extenso del planeta ―2,7 kilómetros de ancho― y con la mayor fuerza bruta en crecidas que cualquier otro salto de agua. Y es cierto que las cataratas de Iguazú son un espectáculo de la naturaleza tan soberbio que hay que verlo una vez en la vida, pero ya que has llegado a este lugar tan remoto, parece un desperdicio no dedicarle unos cuantos días para descubrir todo lo que la región ofrece.

Para empezar, el origen de su nombre. Once de las 30 misiones o reducciones que los jesuitas crearon en el siglo XVII en el alto Paraná estaban en el territorio que hoy ocupa esta provincia argentina. De ahí el nombre. La historia es fascinante, y la cuenta a la perfección Roland Joffé con música de Ennio Morricone en la película La misión: a principios de siglo XVII los jesuitas españoles, con el visto bueno de la Corona, empezaron a construir pueblos en esta zona de mayoría guaraní en los que, a cambio de ser evangelizados, los indígenas podían vivir en paz y sin ser esclavizados, manteniendo su lengua, su cultura y su estructura social. Aquellas misiones, conocidas como reducciones o la república de los indios, fueron una utopía humanista que duró siglo y medio y que, por desgracia, acabó muy mal.
Las ruinas de cuatro de aquellas misiones han sido excavadas y puestas en valor para las visitas turísticas. La principal son las ruinas de la misión de San Ignacio Miní, en el municipio de San Ignacio, la mejor conservada y la que mejor cuenta la historia de estos pueblos autogestionados en los que podían vivir hasta 4.000 indígenas a cargo de solo dos jesuitas. En San Ignacio se pueden ver perfectamente los antiguos edificios de piedra que servían tanto de viviendas para los guaraníes como de talleres, donde aprendían oficios como la carpintería o la herrería, o locales comunes para la enseñanza y para la música (en el filme La misión se ve lo importante que es el oboe del padre Gabriel —Jeremy Irons— para convencer a los guaranís que se dejaran civilizar) así como las huertas que tenían para autoabastecerse. Se han reconstruido dos paños de la portada de arenisca roja de la antigua iglesia y se pueden ver perfectamente el claustro principal y las habitaciones y estancias de los jesuitas. Tiene un famoso espectáculo nocturno de imagen y sonido, proyectado sobre las ruinas.

El conjunto jesuítico guaraní Santa Ana destaca porque la selva ha ido avanzando sobre sus piedras desgastadas hasta crear una imagen muy fotogénica y salvaje, sobre todo en su imponente escalinata. Otra muy importante fue la de Nuestra Señora de Loreto, donde funcionó la primera imprenta de la región. Sigue siendo un lugar de importancia arqueológica. Si buscas algo más tranquilo y auténtico donde vayan muy pocos turistas, te recomiendo la de Santa María la Mayor, que está muy cerca de la frontera con Brasil.
Las cuatro misiones fueron declaradas patrimonio mundial de la Unesco en 1983 y se pueden visitar con una entrada común válida para usar en un plazo de 15 días (se pueden adquirir online). Las restantes reducciones jesuíticas estaban en lo que hoy es la provincia argentina de Corrientes (4), el actual territorio de Paraguay (8) y en el de Brasil (7).

A tres horas y media de carretera al sur de las cataratas aparece el parque provincial Moconá, parte de la Reserva de la Biosfera Yabotí. Moconá es el segundo gran recurso turístico de Misiones, después de Iguazú. Consta de unas 1.000 hectáreas de selva virgen paranaense que nunca ha sido talada. Un banco genético fabuloso tanto de flora como de fauna, y que alberga los últimos grandes felinos de Argentina, en especial el yaguareté, el jaguar latinoamericano, el felino más grande del continente americano y el tercero del mundo, después del tigre de Bengala y del león. El verdadero rey de la selva argentina.
La puerta de entrada al parque de Moconá es la aldea de El Soberbio, un pueblo que parece del Far West. Nació en el periodo de entreguerras del siglo XX, cuando dos empresarios aventureros crearon aquí una industria agrícola en torno a la citronella. Para trabajar la tierra trajeron a 200 familias de emigrantes centroeuropeos desde Brasil. La carretera asfaltada que lleva desde El Soberbio hasta el acceso al territorio protegido se construyó en 2011; hasta entonces, llegar a esta remota zona de Argentina era una aventura casi tan grande como la de explorar las profundidades de África. Existen varios senderos que permiten recorrer esta selva primaria. El más popular y sencillo es el Chachí, nombre que hace referencia a unos helechos gigantes que crecen aquí. Tiene 1.800 metros de recorrido circular y se puede hacer en unos 45 minutos. Algo más complicado es el sendero La Gruta, más corto de longitud (1.200 metros), pero más duro por una zona abrupta y cerrada de selva.
Con todo, la joya de este parque provincial son los saltos del Moconá, un accidente geográfico de lo más curioso. El río Uruguay, que hace frontera con Brasil, se topa en su curso con una gran falla que corre casi tres kilómetros de manera longitudinal al eje del río en vez de encontrarse con ella de frente, como en la mayoría de las cascadas. El resultado es un escalón de roca donde el río, literalmente, cae de costado sobre sí mismo. Es como si el Uruguay se partiera por la mitad y una parte del caudal circulase por arriba y otra por debajo, generando multitud de cascadas entre ambas zonas. El topónimo moconá proviene del guaraní y significa “el que todo lo traga”. Los saltos se visitan en gomonas (lanchas neumáticas) que parten desde el embarcadero Piedra Bugre, a unos dos kilómetros en el sector inferior del centro de visitantes del parque.

Conviene avisar que, a diferencia de las cataratas del Iguazú, que siempre están ahí, los saltos del Moconá son caprichosos: dependen totalmente del nivel del río. Solo se ven cuando viene con poco caudal; entonces las paredes de agua alcanzan entre 5 y 10 metros de altura. Si el río Uruguay baja muy crecido, los saltos quedan sumergidos y desaparecen bajo la superficie.
Quedaría mucha naturaleza que ver en Misiones, muchos saltos de agua y muchos ríos; se calcula que hay más de 500 cauces de todo tipo en la provincia. Si solo puedes elegir uno no te pierdas salto Encantado, en el municipio del mismo nombre, otra zona de selva con varias cascadas, la principal de las cuales tiene 64 metros de altura. El cauce del arroyo Cuña Pirú se precipita por una cañada en forma de herradura rodeada de verde y con varios miradores para disfrutar del espectáculo. El parque provincial de Salto Encantado es el lugar perfecto para los amantes del senderismo. Tiene varias rutas señalizadas muy interesantes y de diversa dificultad, con pozas de aguas cristalinas donde bañarse. El camino más largo tiene 20 kilómetros a lo largo de ese arroyo Cuña Pirú, y sirve de escenario para una de las pruebas nacionales más importantes del calendario de trail running.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a Papallones desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en Papallones.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes




























































