El Banco de España prevé un crecimiento
El organismo eleva una décima el crecimiento, pero dice que hubieran sido dos de no ser por la guerra de Irán. Estima una inflación del 3% en 2026, pero avisa que si el conflicto se enquista podría acercarse al 6%


Todas las previsiones económicas se han convertido en un ejercicio de alto riesgo en tan solo un mes. El claro responsable es la guerra en Irán, que ha abierto una ventana de incertidumbre tan grande —con un enorme potencial disruptor— que nadie se atreve a dar estadísticas cerradas sobre lo que pueda pasar en lo que queda de 2026. El Banco de España estima que la economía española crecerá un 2,3% este año —un 1,7% el próximo—, una décima más con respecto a sus pronósticos de diciembre. Pero con un importante matiz: sin las medidas anticrisis recién aprobadas para mitigar el impacto del conflicto, el pronóstico se hubiera quedado en el 2%. Y sin la guerra el crecimiento hubiera sido del 2,4%. Alerta, además, de que el mordisco puede ser mayor si las hostilidades se enquistan, con una ralentización del crecimiento al 2,2% o al 1,9% este año en función de hasta dónde se disparen los precios del gas y del petróleo.
Más de lo mismo ocurre con la inflación. El organismo preveía que los precios siguieran presionando al alza como respuesta al buen comportamiento de la economía española en los últimos meses y al tirón del consumo. Sin embargo, el subidón de la energía causado por el conflicto ha disparado la previsión. El Banco de España estima ahora que el índice de precios al consumo (IPC) —que según el dato adelantado de marzo ya ha escalado hasta el 3,3%— se instale en una media del 3% en el ejercicio —frente al 2,7% de 2025—. Una vez más, sin el paquete de ayudas, los precios habrían sido cinco décimas superiores. En 2027, el la inflación aflojará algo y su ritmo de crecimiento bajará al 2,5%, aun así medio punto por encima de la referencia del Banco Central Europeo (BCE). Pero la incertidumbre domina y el organismo avisa de que los precios podrían encarecerse hasta un 5,9% de media si el conflicto en Oriente Próximo se enquista.
Tal situación ocurre debido a que el impacto financiero vinculado a los enfrentamientos de Estados Unidos e Israel frente a Irán “tiene una gran magnitud, que va más allá del componente energético”. La interrupción del flujo mercantil a través del estrecho de Ormuz no únicamente afecta al suministro de crudo y gas, sino también a mercancías como los abonos o los semiconductores. Una mezcla que está reactivándose de nuevo la mecha de la inflación y evoca forzosamente la coyuntura crítica surgida tras la ofensiva rusa en Ucrania. Aparte del componente de altísima inestabilidad y duda que se ha originado. “Es en este ámbito en el que tenemos que realizar nuestras previsiones”, ha remarcado este viernes David López Salido, director general de Economía del Banco de España, durante la exhibición de las previsiones trimestrales de la entidad.
El experto señaló que el Banco de España se vio obligado a redirigir sus labores después de que comenzara el conflicto bélico, sumando cifras recientes para precisar sus proyecciones. Hasta que terminó febrero, estimaba que la actividad económica nacional avanzaría un 2,4% en el presente ejercicio debido a la fortaleza exhibida por el empleo y los desembolsos con tarjetas. Dicha cifra perdió validez a raíz de la ofensiva contra Irán. La entidad reguladora redujo sus previsiones en cuatro décimas, aunque debió modificarlas nuevamente luego de comunicarse el paquete anticrisis por parte del Gobierno, que contempla reducciones en los impuestos a la energía y subvenciones directas que suman aproximadamente 5.000 millones.
“Las medidas de apoyo suponen un alivio”, ha reconocido López Salido. Una vez incluido su impacto en la ecuación, se recuperarían tres décimas de crecimiento, de ahí que la previsión definitiva para el año se quede en un avance del PIB del 2,3% y una subida de la inflación al 3%. Esto en el escenario central, que contempla que el precio del petróleo ronde los 80 dólares el barril.
Si el crudo se disparara hasta los 119 dólares durante el segundo semestre del ejercicio y el gas alcanzara los 87 euros por megavatio-hora (MWh) —esto es, si la disputa y sus efectos se prolongaran más de lo previsto—, la expansión económica se ajustaría negativamente, situándose en el 2,2%, mientras que el encarecimiento de la vida subiría al 3,9%. Para 2027, el PIB progresaría un 1,5 y el coste de los productos un 2%.
El peor escenario que dibuja el organismo, y que denomina “severo”, asume unos precios del petróleo en un máximo de 145 dólares y los del gas natural en 106 euros por MWh. En este caso, el PIB crecería un 1,9% este año y un 1,1% el próximo, mientras que el impacto sobre la inflación general sería más elevado y duradero: los precios se dispararían un 5,9% en 2026 y un 3,2% en 2027.
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