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El incremento de los carburantes impulsa la inflación al

Los precios se colocan en su nivel más alto desde junio de 2024, y sufren su mayor subida en casi cuatro años tras el encarecimiento del petróleo como consecuencia de la guerra de Irán

Clientes repostan en una gasolinera de Hospitalet de Llobregat, Barcelona, el pasado 21 de marzo.Albert Garcia

Los hogares españoles ya pagan la factura de la guerra en Irán. La inflación subió en marzo al 3,3%, según el dato adelantado este viernes por el Instituto Nacional de Estadística (INE). El incremento, de justo un punto frente a febrero, es el mayor desde mayo de 2022, casi cuatro años antes y en otro contexto bélico diferente (la invasión rusa de Ucrania), y recoge de lleno el alza de precios de los combustibles que se ha producido en las últimas cuatro semanas. La inflación se coloca así en su nivel más elevado desde junio de 2024.

A la notable subida de los combustibles causada por el encarecimiento del petróleo en el ámbito internacional se añaden diversas circunstancias. En el presente mes se aguardaba un repunte de la inflación por el efecto comparativo entre las tarifas de electricidad actuales y las de marzo del año anterior, cuando las fuertes lluvias propiciaron una importante caída a causa del incremento en la producción hidroeléctrica. El disparo en el precio del crudo ha agravado dicha evolución, y solamente la decidida apuesta de España por las fuentes renovables —que en la actualidad establecen el coste de la electricidad durante el 84% de las horas, ante el 25% registrado en 2019, según indica el Ministerio de Economía en un comunicado difundido a la prensa— ha evitado que el incremento del gas natural suponga una preocupación adicional en este periodo.

Aun así, el componente energético se erige en el elemento clave de la subida de precios, claramente alentada por los combustibles: la inflación subyacente —que excluye de su cálculo la energía y los alimentos no elaborados, y se considera un indicador de la tendencia futura del IPC— se mantuvo en marzo estable en el 2,7%, la misma tasa que en febrero.

2026 estaba llamado a ser un año de suavización de los precios, que teóricamente seguirían convergiendo hacia el objetivo del 2% del Banco Central Europeo. Hasta que el 28 de febrero todo se torció. Ese día, el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, y la respuesta posterior de este bloqueando el estrecho de Ormuz y atacando infraestructuras energéticas de los países vecinos cambió el guion por completo. Las predicciones de organismos ya empiezan a recoger que el golpe al bolsillo será significativo: la OCDE cifró este jueves en el 3% la inflación media para España este curso. Y eso siempre y cuando la guerra no se alargue más de la cuenta, en cuyo caso el impacto sería mayor.

“Es una subida fuerte, pero podría haber sido peor. Toca esperar a ver el detalle de carburantes y electricidad para saber el impacto exacto de las medidas del gobierno. Pero probablemente vamos a seguir por encima del 3% los próximos meses”, estima Ángel Talavera, economista jefe para Europa de Oxford Economics. El próximo 14 de abril el INE publicará el dato definitivo de inflación de marzo.

Las repercusiones de la contienda sobre la capacidad adquisitiva son incluso más severas que las mostradas por el registro del IPC, ya que este no integra el el meteórico ascenso del euríbor, que ya se acerca al 3%, en un marzo nefasto para los préstamos a interés variable. El índice está anticipando un marco de elevaciones en el precio del dinero por parte del Banco Central Europeo, que de manera súbita ha modificado su planteamiento y está listo para aumentar los intereses oficiales con la meta de esquivar una dinámica perjudicial en la que costes y sueldos se impulsen entre sí.

Las implicaciones del repunte inflacionista son múltiples: precios más elevados capturan ahorro que en un escenario normal iría a parar al consumo, dañando el crecimiento económico. El Gobierno está tratando de frenar la sacudida con un paquete de rebajas de impuestos a la energía que según Funcas ahorrará hasta junio 90 euros de media a los consumidores al ir a llenar el depósito de su vehículo. “Esta última semana, los carburantes bajan por la aplicación de las medidas fiscales, aunque siguen experimentando presiones por las cotizaciones internacionales, especialmente en el caso del diésel, debido a los mayores precios del petróleo, los fletes y los márgenes de refino”, señala Economía en la nota enviada este viernes.

La determinación de EE UU e Israel de comenzar un conflicto inédito mientras todavía permanece abierta la que Rusia emprendió hace cuatro ejercicios genera un escenario repleto de incertidumbres y vacilaciones dentro de un contexto financiero que para España resultaba sumamente favorable en sus indicadores macroeconómicos principales: la desocupación bajó del umbral del 10% por ocasión inicial en 17 años, con el PIB avanzando a una tasa del 2,8% durante 2025, el doble que sus socios del euro.

La inflación oscila en rangos considerablemente menores a los detectados durante el comienzo de la guerra en Ucrania, cuando se acercó al 11%, ya que en aquel periodo los costes ya se incrementaban de forma acelerada antes de que Moscú agrediera a Kiev. Disponer de una base más ventajosa constituye un punto a favor del contexto de hoy. Sin embargo, surgen obstáculos que no existían hace cuatro años: el hecho de haber vivido una etapa inflacionaria hace poco tiempo hace más factible la temida retroalimentación de precios y salarios, pues la plantilla laboral está más dispuesta a solicitar mejoras salariales, según alertó la presidenta del BCE, Christine Lagarde, en un reciente discurso.

Esa propagación de las subidas de los carburantes hacia distintos sectores de la economía real, los denominados efectos de segunda ronda, figura entre las mayores inquietudes. Los artículos que pueden encarecerse son múltiples, no únicamente por causas obvias, como el crecimiento del gasto en transporte, sino además por otras cuestiones más ignoradas.

Durante una entrevista a The Economist este jueves, Lagarde citó el caso del helio que cruza el estrecho de Ormuz, esencial para los microchips presentes en artículos de consumo diario como lavadoras, móviles o automóviles. Si el helio no fluye nuevamente como antes, estos semiconductores podrían encarar eventuales fallos de suministro y encarecimientos. “Es una crisis en la que estamos aprendiendo poco a poco, día a día, cuáles serán las consecuencias reales”, reconocía la responsable francesa.

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