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La anulación trae pocos réditos a Colombia

La nación figuraba entre las menos perjudicadas por los aranceles suprimidos, y la implementación de recientes impuestos mundiales debilita dicha ventaja.

Cosecha de rosas para exportación en Sopó (Colombia), el 3 de febrero.Carlos Ortega (EFE)

La decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos de frenar el ímpetu arancelario de Donald Trump deja en Colombia un sabor agridulce. Aunque representa un límite al poder discrecional de la Casa Blanca y ayuda a reducir la incertidumbre sobre cambios repentinos, es una victoria ajena que termina por borrar la frágil ventaja competitiva que los productos nacionales habían logrado preservar. La justicia estadounidense ha nivelado el campo de juego, beneficiando con más fuerza a exportadores de países que estaban más castigados por los gravámenes.

Con un veredicto de seis contra tres, la corte concluyó que la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) no otorga al presidente Trump la facultad de fijar aranceles a su criterio. En su análisis, los jueces indicaron que “un arancel constituye un impuesto” y subrayaron que la capacidad de establecer impuestos es una responsabilidad única del Congreso. Esta resolución legal bloquea un camino, pero no neutraliza íntegramente al Ejecutivo. Tal como señala la colombiana Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex), el dictamen “no prohíbe los aranceles en general ni desarma las herramientas comerciales de la Casa Blanca”, sino que anula exclusivamente ese fundamento jurídico determinado.

Mientras otros países celebran la caída de muros que los asfixiaban, los exportadores colombianos ven cómo se esfuman los beneficios de haber negociado exclusiones previas, como las que protegían a ciertos productos del agro. Al caerse los aranceles para todos, Colombia pierde el privilegio de estar entre los pocos que no los pagaban en muchos renglones. Entre los que seguían afectados por impuestos del 10% están las flores. Su gremio, Asocolflores, aclara que al caer la tarde de este viernes están en la tarea de medir el impacto real del fallo, y que indagan con la Embajada la letra menuda de lo que implica esta noticia. Se trata de un sector muy golpeado por los gravámenes de Trump y por la reciente subida del salario mínimo en Colombia, pues es un sector intensivo en mano de obra formal.

En el terreno operativo, el cambio tampoco implica un alivio inmediato. La Cámara de Comercio Colomboamericana (Amcham) advierte que la implementación del retiro del cobro depende de la autoridad aduanera (CBP), que debe actualizar sus sistemas técnicos, en un proceso que puede tardar semanas. Respecto al dinero ya pagado, Amcham aclara que “la Corte Suprema no ha establecido un mecanismo automático de devolución” y que la retroactividad dependerá del estado procesal de cada importación. De hecho, la agencia Bloomberg reporta que ya miles de empresas e importadores se disponen a iniciar una batalla legal para recuperar hasta 170.000 millones de dólares en aranceles que ya pagaron al Gobierno estadounidense.

En todo caso, no cambian para el país andino los aranceles a productos como el acero, aluminio, automóviles y autopartes, destacan en una nota de prensa, ya que su origen no es la IEEPA. El alivio parece estar lejos. Según Amcham, en el marco de las investigaciones técnicas, las autoridades de Washington “han evaluado gravar sectores como el cobre, la madera y las manufacturas específicas” para determinar si sus niveles de importación desde Colombia justifican la imposición de nuevos gravámenes en frontera. Y el panorama se acidifica más con la respuesta inmediata de Washington: la activación de la Sección 122 por problemas de balanza de pagos. El anuncio de un arancel global temporal del 10% (con una vigencia de 150 días, cinco meses) “podría afectar a todos los países exportadores, incluida Colombia, salvo que la norma establezca exclusiones específicas”, destaca Analdex. Si Trump aplica este rodillo universal, el país quedaría en las mismas condiciones que antes, pero sin la ventaja competitiva que le daba el mayor arancel que enfrentaban competidores como Vietnam o Indonesia en el café, por ejemplo.

Ante esta transición hacia una política comercial más fragmentada, la recomendación de los gremios es la cautela. AmCham Colombia sugiere a los empresarios “no asumir modificaciones automáticas en sus obligaciones arancelarias” hasta que se publiquen guías oficiales. El debate en Washington ha dejado de ser sobre si se pueden imponer aranceles para centrarse en qué norma permite sostenerlos. Para Colombia, el resultado es frustrante: una carambola judicial que, al intentar limitar a Trump, termina por devolver al país a la casilla de salida.

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