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EE. UU. No se pronuncia todavía.

El incidente se ha producido en un momento especialmente delicado en la relación entre Washington y La Habana

Marco Rubio en la CARICOM, en San Cristóbal y Nieves, el 25 de febrero.Jonathan Ernst (REUTERS)

El Gobierno en Washington tardó en reaccionar. El secretario de Estado, Marco Rubio, se encontraba en el Caribe cuando, en esas mismas aguas, las fuerzas de guardacostas cubanos abrieron fuego contra una embarcación civil con diez individuos que arribaba desde Florida. El cubanoamericano, que había viajado hasta las islas antillanas de San Cristóbal y Nieves para defender la agenda de Washington en la cumbre de líderes de la Comunidad del Caribe (Caricom), tuvo que hacer una pausa ante los periodistas ansiosos por saber su reacción al incidente en aguas cubanas, que había dejado cuatro fallecidos, entre ellos un ciudadano estadounidense. “No voy a especular“, dijo. “No voy a opinar sobre lo que aún no sé. Pero averiguaremos exactamente qué sucedió aquí y responderemos en consecuencia”.

Se trató de una reacción contenida, alejada de los arrebatos viscerales que otros integrantes de la Administración estadounidense han mostrado ante crisis imprevistas. Esta templanza contrastaba con sus posturas habitualmente severas hacia La Habana, pero se ha manifestado en ambos Gobiernos. El propio presidente estadounidense, Donald Trump, quien desde la detención de Nicolás Maduro en Venezuela arremete con frecuencia contra el régimen en La Habana, ha evitado publicar mensajes provocadores. Cuba también ha intentado resaltar la colaboración brindada por Washington para esclarecer el incidente, en lugar de las descalificaciones de siempre.

La cautela, en el bando estadounidense, resultaba aún más llamativa puesto que una de las cuatro víctimas mortales, y uno de los lesionados, tienen la ciudadanía de dicho país. Un hecho que en otros contextos habría podido representar un casus belli. En la actualidad, en un punto bastante crítico del vínculo bilateral, no da la impresión de que vaya a ocurrir así.

En San Cristóbal y Nieves, los reporteros buscaron profundizar y persistieron en indagar si mantenía comunicación con los representantes cubanos, si aquello formaba parte de una estrategia del gobierno de Donald Trump, o si, ante la posible participación de ciudadanos estadounidenses, su Ejecutivo aplicaría alguna clase de castigo. Rubio evitó las cuestiones con cautela, empleando un lenguaje bastante contenido para un líder que anhela arremeter contra el sistema castrista.

En cada una de sus respuestas habló del Gobierno cubano con un respeto desconocido en él, hijo de emigrantes de la isla y criado en el anticastrismo conservador de Miam i. Dijo que sabía del incidente lo mismo que había comunicado el Ministerio del interior castrista, que la guardia fronteriza estaba en “contacto constante” con su Guardia Costera; negó que se tratara de un ataque de su Administración, y aseguró, pese a los precedentes históricos, que le parecía “sumamente inusual ver tiroteos en mar abierto como ese”. El secretario de Estado optó por decir que esto “no es algo que ocurra todos los días”.

Embarcaciones en un muelle en La Habana (Cuba), este jueves.

El ataque a la lancha civil este miércoles ha impactado a los cubanos de todas partes. El intento de desembarco despertó en la memoria de los exiliados episodios como el derribo de dos avionetas de la organización humanitaria Hermanos al Rescate, hace 30 años, o el hundimiento en 2022 de una embarcación en Bahía Honda, donde murieron cuatro adultos y una niña de dos años.

Pero esa conmoción no se ha visto reflejada en las instituciones del poder. La congresista demócrata por Florida, Debbie Wasserman Schultz, fue una de las primeras en darse cuenta del “silencio de la Administración Trump sobre este incidente mortal”.

También la parte cubana ha tocado con pinzas este último incidente, que llega en medio de la emergencia nacional que Estados Unidos decretó hacia la isla este mes. Como los estadounidenses, esta vez han hablado con mucho más tacto. Una nota del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, presentada ante la prensa por el viceministro Carlos Fernández de Cossío, resaltó que las autoridades cubanas “han mantenido comunicación” con sus contrapartes estadounidenses, incluido el Departamento de Estado y el Servicio de Guardacostas. E insiste no solo en que “el gobierno cubano tiene disposición a intercambiar con el estadounidense sobre este hecho”, sino en que “las autoridades del gobierno estadounidense han mostrado disposición a cooperar en el esclarecimiento de estos lamentables hechos”.

La prudencia desplegada pone en evidencia lo delicado del momento en las relaciones entre los dos tradicionales enemigos. Después de casi dos meses desde la intervención en Venezuela, las continuas declaraciones de Trump de que el castrismo tiene las horas contadas y su bloqueo a la entrada de petróleo en la isla, aún siguen siendo un enigma los planes que la administración tiene para La Habana.

Se ha especulado mucho: primero, que estarían hablando con Alejandro Castro Espín, hijo del nonagenario Raúl Castro; luego, que con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alias “El Cangrejo”, guardaespaldas y nieto preferido del ex presidente cubano. Pero no había hasta confirmación explícita, más allá de que Trump haya declarado que existen contactos, y que Marco Rubio es quien los desarrolla.

La mansa respuesta de Washington ante el incidente de la lancha es otra de las pistas que apuntan a un diálogo entre ambos gobiernos, a pesar de que La Habana niega hasta hoy cualquier tipo de conversaciones. Precisamente, el diario Miami Herald publica que funcionarios estadounidenses se han reunido con Raúl Rodríguez Castro durante la cumbre en San Cristóbal y Nieves.

Marco Rubio, frente a la pantalla, durante la sesión de la CARICOM, en Basseterre, San Cristóbal y Nieves, el 25 de febrero.

El tono permanente de la Guerra Fría parece haberse esfumado ahora, y la razón podría ser que ambas partes estén sentadas a la mesa de negociaciones. Incluso Washington ha suavizado el cerco económico de estos días, abriendo la posibilidad de vender petróleo al sector privado.

Desde La Habana, Rafael Hernández, analista del Centro de Investigación de la Cultura Cubana Juan Marinello, tiene su propia opinión sobre el incidente en aguas cubanas, donde la versión del régimen apunta a que los tripulantes de la embarcación fueron los primeros en abrir fuego. Se pregunta si el viaje de la lancha buscaba “tratar de poner a la Administración de Trump ante una alternativa muy difícil, en lo que respecta a usar la fuerza y responder con la fuerza a lo que ha sido una clara provocación”.

Aún nadie imagina qué pueda suceder en adelante con un incidente que abre muchos caminos en un contexto de negociaciones —y de presión— con Cuba. Quienes han pedido un posicionamiento estricto e inminente son los congresistas cubanoamericanos, republicanos por Florida, quienes, una vez más, parecen divorciados de la política que Washington está ejecutando con Cuba. Mientras los congresistas siguen con su discurso de mano dura contra el régimen, su Administración apuesta por que el cambio en Cuba sea primero económico, luego político. No es lo que esperaban, pero es lo que parece venir. “Cuba necesita cambiar”, dijo Rubio en San Cristóbal y Nieves. “Y no tiene que cambiar de golpe. No tiene que cambiar de la noche a la mañana. Aquí todos son maduros y realistas”.

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