Dos crímenes vinculados a la violencia de género y el suicidio de los dos responsables en 24 horas.
Las víctimas son una mujer de 42 años en Zaragoza y una niña de tres años en Torrevieja. La madre de la menor tuvo que ser hospitalizada al conocer lo ocurrido

El viernes por la noche, una mujer llamó a la Guardia Civil. Llevaba horas intentando hablar con su expareja sin conseguirlo y pensó, y tuvo miedo, de que pudiese hacer daño a la hija de ambos, que estaba con él. Cuando los agentes del Instituto Armado fueron a comprobar qué pasaba o cómo estaban en la casa en la que él vivía en la urbanización Los Naranjos, en Torrevieja (Alicante), encontraron los cadáveres de ambos: el del padre, de 40 años, y el de la niña, de tres.
Solo unas horas después, el sábado por la mañana, sobre las 09.20, un hombre de alrededor de 50 años se acercaba hasta la peluquería que su ex tenía en Zaragoza, en el barrio de Las Fuentes, y esperó a que ella llegara para abrir. Cuando lo hizo, le disparó tres veces, y lo hizo una más cuando vio que, ya en el suelo, la mujer de 42 años aún se movía. Después de ambos asesinatos, los agresores se suicidaron, algo que ocurre en algo más del 40% de estos casos. Desde que existen estadísticas, en 2003, de los 1.356 feminicidios dentro de la pareja o expareja que constan en el sistema, en el 66% de los casos los agresores no se suicidaron ni hubo tentativa, sí la hubo en 179, y 279 hombres consiguieron consumar el suicidio.
Estos dos últimos crímenes investigados por las instituciones como violencia machista llegan en un primer trimestre de 2026 que no ha sido más grave que otros en cifras, pero que sí ha tenido una serie de feminicidios con una casuística concreta. Entre ellos, la violencia extensiva de José M. G., el hombre que el pasado miércoles 11 de marzo —con dos antecedentes por violencia de género—, prendió fuego al edificio en Miranda de Ebro (Burgos) donde vivía su ex y donde murieron ella, su madre, y una vecina, y donde resultaron heridas otras cuatro personas, entre ellas un niño de 7 años y otro de 11, que acabaron hospitalizados durante unas horas en el caso que hasta ahora registra más víctimas –mortales y no mortales—.
También el del hombre de 52 años detenido el pasado domingo por la Guardia Civil en Pedreña, en Cantabria, y también con dos relaciones pasadas en las que a las instituciones les constó que este hombre ejerció violencia. Él llamó primero para decir que se había encontrado a su pareja muerta en casa, pero la autopsia reveló que la muerte de Mercedes, de 64 años, había sido un asesinato.
Contra ese hombre Mercedes no interpuso nunca una denuncia, como no lo hacen la mayoría de las víctimas. Desde que existe contabilidad oficial, en 2003, 1.054 de las 1.356 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas no habían interpuesto nunca una denuncia, y no lo hacen por distintos motivos, como la vergüenza o el miedo a esos agresores o a no ser creídas por las instituciones.
Contra esta realidad, distintos organismos y representantes públicos se han pronunciado los últimos días. Miguel Lorente, exdelegado del Gobierno contra la Violencia de Género, instaba a las instituciones a preguntarse diariamente qué podía cambiarse en los procedimientos internos para mejorar la protección de víctimas de violencia machista que ya hayan puesto en alerta a esas instituciones y, por lo tanto, activar todos los mecanismos posibles para prevenir feminicidios. Entre ellas, se preguntaba si existe alguna forma de que existiera algún “aviso generalizado” para aquellas mujeres que denuncian a parejas que ya constan en el sistema de seguimiento de víctimas y agresores (VioGén); algo que ocurre desde 2007, cuando esa herramienta dependiente del Ministerio de Interior se activó, y que ya acumula más de 30.000 víctimas a las que se ha informado de que conviven o mantienen una relación con un hombre con antecedentes por violencia machista.
En estos dos últimos casos, el de la mujer asesinada en Zaragoza por su expareja y la niña de tres años en Alicante por su padre, no existían denuncias previas, según información oficial. Afirman este sábado fuentes institucionales que, en casos como estos, “es difícil adelantarse a los feminicidios”. Esas mismas fuentes también afirman ser conscientes de la necesidad de encontrar “los mecanismos necesarios, todos los posibles, para evitar estos asesinatos, aún sin alerta previa a las instituciones”.
En la revisión que el Ministerio del Interior, Justicia, Igualdad y las unidades técnicas de las autonomías completaron hace poco sobre los asesinatos por violencia machista del anterior febrero, varios de los resultados fueron “mejorar la coordinación e intercambio de información del sistema judicial y policial al sistema asistencial (servicios sociales y servicios especializados)”; “subrayar la conveniencia de la instalación de dispositivos de control telemático de medidas y penas de prohibición de aproximación en casos de especial relevancia, alta complejidad, cuando la Policía judicial o la Fiscalía lo recomienden por existir indicios de que la víctima se halla en peligro, o cuando confluyan en la misma diversas vulnerabilidades o el agresor sea reincidente”; “reforzar la detección en el sistema sanitario, tanto en atención primaria como en hospitalaria, y evaluar la posibilidad de instaurar alertas en casos de intentos autolíticos de mujeres, sobre todo con especiales vulnerabilidades (distintas etnias, embarazo, etc); o “insistir en que, a pesar de que la víctima manifieste que no desea protección o no desea dispositivo, se pueda acordar”.
También distintos organismos, entre ellos Igualdad, llevan varios años apelando a la información que pueden aportar los entornos —familiares, amigos o vecindad—, que todavía suponen un porcentaje ínfimo en estos casos. De las más de dos millones de denuncias por violencia machista que se contabilizan ahora mismo por las instituciones (2.603.734), solo el 1,8% han sido presentadas por familiares.
Violencia vicaria machista
En los dos últimos casos, con suicidio posterior de los agresores, no existía ninguna alerta a ningún organismo ni institución.
El viernes por la noche se produjo el primero de los asesinatos de este fin de semana, el de la niña de tres años a la que las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado creen que asesinó su padre, ya separado de su madre y con la que compartía la custodia de la menor, según fuentes cercanas a la investigación. Esas mismas fuentes señalan que ambos venían de parejas anteriores en las que se habían registrado episodios de violencia de género. La madre, residente en el vecino municipio de Albatera, tiene otro hijo fruto de una relación anterior. Tras recibir la noticia del asesinato de su hija ha tenido que ser hospitalizada.
En la urbanización Los Naranjos, de dúplex adosados, donde se mezclan vecinos españoles y extranjeros, la noticia generó este sábado una enorme tristeza. “La niña era un encanto”, comenta un vecino que prefería no identificarse, “siempre sonriendo cuando iba con su triciclo”. El padre, en cambio, “era muy reservado”, aseguraba otra vecina, Cristina Carbonell. “Nos llamaba la atención la cantidad de cosas de la niña que acumulaba en el patio”, indicaba, “y que lo hubiera vallado para que no se viera nada desde fuera”.
Es la única valla de toda la calle. Desde el exterior, se aprecia un tobogán de plástico de colores y un carrito de bebé medio desvencijado que “la niña ya no usaba”, según los vecinos. “A la madre nunca se la veía por aquí”, continuana este sábado Carbonell. “Y él había instalado unas cámaras en el patio que no valían para nada”, decía. Es, apenas, lo único que pueden contar del presunto parricida, con el que solo coincidían de forma ocasional: “Cuando llevaba a la niña a la piscina comunitaria”.
Unas horas después, varios vecinos en Zaragoza veían cómo un hombre, en el barrio de Las Fuentes, disparaba tres veces contra su expareja a primera hora de la mañana. La víctima, de 42 años, se disponía a abrir el establecimiento en el que trabajaba como peluquera. Según el testimonio de esos vecinos, su expareja bajó del coche que conducía y le descerrajó tres tiros. Después, al ver que aún seguía viva, la remató en el suelo con otro disparo. Después se disparó a sí mismo en la cabeza, falleciendo poco después.
También ayer se conoció la detención de un hombre de 26 años acusado de incendiar un piso de Les Franqueses del Vallès (Barcelona) en el que se encontraba una mujer, que resultó ilesa. En esa casa vivía la expareja del detenido, que tenía antecedentes por maltrato.
En lo que va de año, 13 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas. Desde que arrancó la estadística oficial, en 2003, son 1.356 mujeres. Y también en 2026 ya son dos los menores asesinados por sus padres o las parejas de sus madres, 67 desde que empezó el registro oficial, en 2013.
La línea 016 brinda apoyo a las mujeres víctimas de maltrato, a sus familiares y personas cercanas de forma ininterrumpida, funcionando en 53 lenguas diversas. Dicho contacto no se muestra en el detalle de la factura, si bien se recomienda suprimir el historial desde el propio móvil. De igual modo, existe la opción de establecer comunicación por vía telemática. [email protected] irse al teléfono de la Fundación ANAR" (60 chars) "La infancia puede llamar al teléfono de la Fundación ANAR" (57 chars) Very close. "Si es una situación de emergencia, se puede llamar al 112 o a los teléfonos de la Policía Nacional (091) y de la Guardia Civil (062)." (132 chars) "Frente a una urgencia, cabe telefonear al 112 o contactar con la Policía Nacional (091) y la Guardia Civil (062)." (113 chars) A bit shorter, but okay. "Y en caso de no poder llamar, se puede recurrir a la aplicación ALERTCOPS, desde la que se envía una señal de alerta a la Policía con geolocalización." (150 chars) "Además, si no es posible llamar, se puede emplear la aplicación ALERTCOPS, la cual envía un aviso de emergencia a la Policía con ubicación geográfica." (151 chars) Very close. Final check on "y mediante WhatsApp". The "y" is lowercase. "Y mediante WhatsApp al contacto 600 000 016. La infancia puede llamar al teléfono de la Fundación ANAR 900 20 20 10. Frente a una urgencia, cabe telefonear al 112 o contactar con la Policía Nacional (091) y la Guardia Civil (06
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