Ir al contenido
_
_
_
_
columna

Habermas, México y el Rey

Una comunidad democrática no se legitima solo por respetar sus procedimientos institucionales; también por su capacidad para asumir críticamente su pasado

Felipe VI, en la exposición “La mitad del mundo. La mujer en el México indígena” en el Museo Arqueológico Nacional, el día 16 en Madrid.CASA S. M. EL REY (CASA S. M. EL REY)

Siempre he desconfiado de dos tipos de análisis históricos, los que sirven para enseñar la historia de un país en la escuela, y los que salen de la boca de los políticos. Los primeros funcionan como mecanismo de construcción de las identidades nacionales; los segundos favorecen aquellas interpretaciones de las que creen poder extraer algún rendimiento político —véase las declaraciones de Ayuso sobre la Conquista—. Dado, además, que el nacionalismo todo lo impregna, no es posible hablar de una historia nacional no ajena a él; siempre está cargada de sesgos: el destino compartido, el enaltecimiento de las “gestas gloriosas” y el heroísmo popular, —la nación “imaginada” (B. Anderson), en definitiva—. Y, correlativamente, de victimismo ante la acción de otros y el señalamiento constante de algún enemigo. Sin la oposición a ese otro malo, no hay forma de construir un nosotros bueno. Lo que a alumnos españoles se presentaba como los “gloriosos Tercios de Flandes” contrasta con la calificación de ese mismo contingente como “crueles asesinos” en las aulas holandesas. Y así casi todo.

No había, pues, nada extraño en la petición de perdón que elevara el presidente López Obrador a la Corona española. No en vano, la identidad mexicana se construye a partir del trauma de la Conquista, y no puede negarse la actividad depredadora y las acciones de crueldad de cuantos se vieron implicados en dicha contienda. No existe empresa colonizadora libre de culpas e inmune a la barbarie. Y a estos efectos, da igual que los colonizados fueran dados también a oprimir a otros pueblos; se supone, querida Ayuso, que nosotros éramos los “civilizados”, no los bárbaros. Pero hasta cierto punto es comprensible también el silencio que recibió como respuesta por parte de un país que celebra su fiesta nacional precisamente el 12 de octubre y que, por tanto, glorifica esa efeméride como su gran hito histórico. Por eso mismo considero tan positivas las recientes declaraciones del Rey aludiendo a los “abusos y controversias” de la conquista y, sobre todo, la reacción de la presidenta Sheinbaum, tendiendo la mano para buscar puntos de encuentro.

Esto puede despacharse como mero postureo diplomático para reactivar las relaciones mutuas; creo, sin embargo, que encierra algo más profundo. Del mismo modo en que en su momento otorgamos la nacionalidad española a los herederos de los judíos expulsados en 1492 que así lo solicitaran, en el plano simbólico faltaba un gesto similar hacia México y otros países de América. Un gesto de reconocimiento de nuestras propias faltas. Nuestra historiografía hace tiempo que dio ese paso, pero ahora se expresa desde la cúspide de la representación formal del Estado.

Sobre todo esto podemos encontrar alguna orientación en la obra de Habermas que alude a cuestiones de memoria histórica. Rememorar, nos dice, equivale a una especie de “procesamiento de daños” (Schadenabwicklung), tanto los que nos infligimos a nosotros mismos —nuestra Guerra Civil, por ejemplo—, como los que ocasionamos a otros. Una comunidad democrática no se legitima solo por respetar sus procedimientos institucionales; también lo hace por su capacidad para asumir críticamente su pasado, por recordar sus propias catástrofes. No se trata de autoflagelarse, sino de comprender también la posición de las víctimas; en este caso, entrando en diálogo con sus herederos indígenas. Es, por cierto, lo que él mismo nos recuerda al evocar a aquellos teólogos españoles —el padre Vitoria, en particular—, que elaboraron todo un cuerpo doctrinal dirigido a la protección de los derechos de los pueblos no cristianos fundado sobre la igual dignidad moral de toda persona con independencia de su religión. Esa es probablemente la parte más luminosa de la Conquista.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a Papallones desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en Papallones.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones Papallones
Recomendaciones Papallones
Recomendaciones Papallones
_
_