Comer solo, hasta sin el móvil
Los lectores y las lectoras escriben sobre la importancia de desconectar y aburrirse, de la violencia machista, de los cinturones urbanísticos y de la sabiduría de los mayores

Miércoles, 14.23. Pido mesa para uno en un restaurante y no saco el móvil del bolsillo. Toda una excentricidad. Al principio me siento desnudo, como si hubiera olvidado la toalla al salir de la ducha. Cuando el camarero retira de la mesa la otra copa, puedo sentir ese gesto universal de “ah, vienes solo”. Noto cómo la mano busca el móvil en el bolsillo del pantalón, como un acto reflejo para demostrar que soy una persona ocupada, con amigos, y que si estoy solo es porque quiero. Me siento como un psicópata. Miro a mi alrededor y veo una pareja que no habla entre sí, y me doy cuenta de lo revolucionario que es, hoy en día, limitarse a estar. Saboreo la comida sin hacerle una foto para Instagram. Miro cómo entra la luz por la ventana y cómo una señora mayor lee el periódico mientras se abanica con una calma envidiable. Entonces pienso que igual la libertad es eso: perder el miedo a aburrirse y recuperar el derecho a estar con uno mismo.
Alejandro de Andrés Pérez. Madrid
Otro feminicidio
Es una pesadilla continua causada por hombres que consideran que la mujer es de su propiedad. Hay que poner fin a esas tragedias. No dudo de que es difícil, y que la familia, los amigos, todos debemos informar antes la mínima sospecha. Pero el Ministerio de Justicia, cuando concede permisos a presos con esos antecedentes; el de Interior, cuando las víctimas están dentro del sistema VioGén, y el de Igualdad ante los reiterados fallos en las pulseras, están demostrando ser muy poco eficaces. Hace tiempo que llegó el momento de que esta lacra sea una prioridad para el Gobierno.
José Luis Marqués Rodilla. Madrid
Extrarradios
El éxodo urbano ya es una realidad. En los extrarradios de las ciudades, miles de construcciones se elevan entre almendros y olivos. Son usadas como segunda residencia o para alquilar a miles de familias de escasos recursos, que viven hacinadas en espacios sin urbanizar. Eso sí, por pequeña que sea la parcela, todas están provistas de vallado, alarma y cámaras de vigilancia. Los ayuntamientos suelen hacer la vista gorda. Hay que ordenar urbanísticamente este modelo de barrios de la periferia para que no se conviertan en “cinturones de miseria”.
José Solano Martínez. Cartagena (Murcia)
Recuerdos y democracia
Este viernes pasé el día con mi abuela. No hablamos demasiado porque está un poco sorda, pero eso no importa: te sientas, la miras y ya está. Nació cinco años antes de la Guerra Civil, en 1931. Pensaba en nuestros abuelos: en lo pronto que aprendieron a apañarse, en lo poco que había, en lo rápido que se hacía mayor una niña entonces. Y en un momento, sin levantar la voz, me soltó: “Hija, lo mejor es una democracia”. Lo dijo como se dicen las cosas de verdad. Sin discurso. Como quien no está opinando, sino recordando. Y yo me quedé pensando en que hay frases que no son bonitas: son útiles.
Lydia García Torvisco. Madrid
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