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COLUMNA

La izquierda que celebra con cava aragonés

Algunos sectores del progresismo han dejado de lado a un grupo de la sociedad que defiende con radicalidad el Estado del bienestar

Parecía que el caso de Gabriel Rufián era insólito en el parlamentarismo español, pero ahora le van surgiendo seguidores o imitadores. Jorge Pueyo, candidato de Chunta Aragonesista, reunía todos los elementos para triunfar en el star system de la política instagramera: es joven, ajeno a las estructuras partidarias, familiarizado con los códigos audiovisuales de las redes, melodramático, exagerado, cursi, demagogo, y siempre dispuesto a priorizar un alegato emocional sobre un razonamiento.

El domingo, duplicó los diputados de Chunta Aragonesista en las Cortes de Aragón. El antiguo y agotado partido nacionalista, que llevaba quince años en declive, resurgió por su propia mano. Pueyo se elevó eufórico entre los restos de Podemos, se proclamó como la única izquierda verdaderamente vigente y trazó el rumbo para reconstruir ese “espacio” a la izquierda del PSOE, transformándose en un aliado clave para la cruzada frentepopulista que Gabriel Rufián que busque avanzar, más allá de las siglas y reemplazándolas por chistes de TikTok.

El relato desgarró los datos: el candidato de un partido que ni siquiera había superado el 10% de los votos y no tenía la menor chance de formar Gobierno ni de influir en él celebraba algo que no tenía sentido. Ande yo caliente y ríase la gente, como decía Góngora. El domingo fue desastroso para la izquierda y muy preocupante para todos los que defendemos la democracia liberal, pero Jorge Pueyo descorchaba cava aragonés.

No es un hecho aislado, sino la última prueba de que la izquierda que se cree auténtica confunde sus triunfos personales con los colectivos, y lo lamentable es que han entendido (quizás por instinto) que su trayectoria y su negocio exigen una izquierda ineficaz y dividida, incapaz de enfrentar al monstruo verde o de construir una mayoría estable y democrática. Han delimitado su núcleo de votantes y sus escaños en el gallinero, y desde allí simulan combatir el fascismo y enfadarse con fuerza para que nadie note la realidad de su total impotencia e irrelevancia.

Ese es el rumbo que seguirá una izquierda que ha dejado atrás a un sector de la sociedad española que sostiene la defensa radical del Estado del bienestar. Sin ideología, sin partidos que merezcan ese nombre y que busquen representar a una mayoría, y con un enjambre de moscas zumbonas que se creen revolucionarias pero no molestan a nadie, el descontento razonable y democrático se va volviendo cada vez más invisible, preparado para caer en la tela de araña verde de una ultraderecha que se finge transversal.. Pero Pueyo está satisfecho y brinda con cava aragonés. Bravo.

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