Honrar a los caídos requiere mucho más
Hay una cuota de sangre que estamos pagando como sociedad e inevitablemente lo seguiremos haciendo, lo menos que podemos hacer es aquilatar la pérdida de vidas y el dolor de las familias de quienes hacen tal sacrificio


Más allá de los políticos, medios y periodistas entregados a la intensa y obsesiva lucha por asestar el argumento definitivo sobre la muerte de El Mencho, habría que hacernos cargo del sacrificio de aquellos que están dispuestos a perder la vida para que los demás podamos seguir con la nuestra. Al margen de la posición política de cada cual, debemos entender que la sociedad mexicana carecería de alguna oportunidad frente al crimen organizado si no hubiera hombres y mujeres dispuestos a arriesgar la existencia en el intento de detener criminales que se defienden con metralletas y rifles de asalto. Hay una cuota de sangre que estamos pagando como sociedad e inevitablemente lo seguiremos haciendo; lo menos que podemos hacer es aquilatar la pérdida de vidas y el dolor de las familias de quienes hacen tal sacrificio.
No son los únicos caídos en estos tiempos. Están también los desaparecidos y sus buscadores, los activistas de derechos humanos, los periodistas irreductibles. Además de las muchas víctimas de la arbitrariedad de la violencia. Pero suelen ser los menos recordados.
Se dirá que se trata de una profesión y que quienes la toman están dispuestos a correr los riesgos que entraña. Sin duda, pero en todo individuo hay un instinto de supervivencia que debe ser suprimido para estar en condiciones de saltar hacia el frente y emprender una persecución contra sicarios que han desatado una balacera. Ninguno de los que participaba en el operativo de este domingo ignoraba que diez años antes, en el anterior intento de aprehensión de El Mencho, habían perdido la vida los ocupantes de un helicóptero bajado a bazucazos. Los seres humanos solemos desplazarnos en sentido contrario al estallido de una balacera y hacemos lo posible por sustraer el cuerpo a la trayectoria de los proyectiles. Y, sin embargo, quienes abatieron al Mencho y sus escoltas debieron continuar su ataque a pesar de las bajas visibles entre sus compañeros. Se logró el objetivo, pero en total 25 agentes y soldados perdieron la vida en enfrentamientos que dejaron 30 sicarios muertos.
No se busca ensalzar de forma absoluta al Ejército ni a las corporaciones de seguridad. Al igual que ocurre con otros empleados estatales, resulta fundamental aplicar la crítica y vigilar posibles abusos, anomalías o conductas inapropiadas. Esto es aún más pertinente ahora que las fuerzas armadas han adquirido tanto protagonismo en la gestión pública. No obstante, una realidad no invalida la otra. Deberíamos reconocer la carga que aceptamos, como colectividad, al solicitar que estos individuos se ubiquen en el frente de combate para evitar que la violencia de esos grupos brutales alcance a la población civil.
Se podrá o no coincidir con el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch y de su equipo. Pero las bajas que han sufrido están a la vista. Las cicatrices de los atentados también. Al margen de la fuerza política con la que simpaticemos o antagonicemos, debemos entender que se trata de funcionarios del Estado que han decidido mantener su responsabilidad a pesar de que pende sobre sus cabezas una permanente condena de muerte por parte del crimen organizado. Son personas que, de alguna forma, han tenido que pactar con sus padres, cónyuges e hijos, según sea el caso, para continuar con una cruzada que los pone en riesgo de convertirse en la siguiente víctima. Y no se trata solo de afrontar la posibilidad de una muerte anticipada y violenta; es también vivir la vida de otra manera que el resto de los servidores públicos; no exponer a familiares, cambiar hábitos, suprimir gustos, vivir mirando por encima del hombro.
No planteo nada que no sea ya de nuestro conocimiento. El inconveniente es que, debido a la rapidez por conmemorar la novedad favorable sobre el arresto del cabecilla más arriesgado y aceptar el triunfo gubernamental que esto representa o, por el lado opuesto, la premura por socavar los aciertos del Gobierno, omitimos considerar un factor que debería situarse más allá de las rencillas de partido. Actuaríamos de forma incorrecta si volvemos cotidiano el esfuerzo y el grado de padecimiento que conlleva satisfacer la demanda de los mexicanos para que el Estado frene el avance del crimen organizado. A través del “minuto de silencio” noto la molestia de varios, inquietos por la tardanza en la labor de confrontarnos en la perpetua batalla por imponerse en la narrativa política.
La voz entrecortada del general Trevilla durante la mañanera del lunes pasado, provocada por su conmoción al informar el número de caídos en la jornada, me parece uno de los momentos recientes más auténticos en el escenario político nacional, tan desgastado por la mezquindad y la polarización. Un gesto de dignidad y dolor que no debe pasar inadvertido. Detrás del clamor de la sociedad para afrontar al crimen organizado y más allá de las políticas de Estado diseñadas para responder a esta exigencia, hay seres humanos dispuestos a meterse en la trinchera y arriesgar la vida en una lucha en nombre de los que no lo hacemos. Convendría tener en mente los muchos nombres que no se pronuncian, los rostros anónimos y las voces silenciadas, cada vez que pontifiquemos, y me incluyo, sobre estos temas.
Tu membresía se está empleando en un dispositivo diferente.
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaSu sesión permanece abierta en otro dispositivo y únicamente se autoriza el acceso a Papallones desde un solo terminal a la vez.
Si pretendes compartir tu cuenta, modifica tu suscripción a la opción Premium para sumar a un usuario adicional. Cada persona entrará con su dirección de correo propia, lo que os facilitará adaptar vuestra navegación en Papallones.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede para contratar más cuentas.
Si desconoces quién está utilizando tu cuenta, te sugerimos que modifiques tu clave
Si eliges seguir compartiendo tu suscripción, este aviso se verá en tu equipo y en el de la otra persona que utilice tu perfil de manera permanente, perjudicando tu experiencia de lectura. Tienes la opción de








































