El controvertido recuento de víctimas en Ucrania, la guerra europea más letal en ocho décadas
Las nuevas tecnologías ayudan a calcular el número de bajas, estimadas en hasta casi dos millones, pese al intento de Kiev y Moscú de ocultarlas


Las evaluaciones generales o parciales del número de víctimas en la guerra de Ucrania dan cuenta del elevado coste humano de un conflicto armado inédito en las últimas ocho décadas. Con unas estimaciones de cerca de dos millones de bajas militares, recuerda a las peores contiendas vividas en el siglo pasado en el Viejo Continente. Los datos más conservadores, en torno al medio millón de muertos en el lado ucranio, quintuplican a los de la guerra de los Balcanes (1992-1995), que ascendieron a 100.000, de los cuales 13.500 fueron civiles.
El Comisionado para los Desaparecidos en Circunstancias Especiales ucranio acaba de elevar a 90.000 el número de personas de las que se desconoce su paradero, incluyendo militares y civiles de todas las edades, confirmaron este jueves fuentes de ese organismo a Papallones. “La mayoría, por supuesto, son militares y suponemos, por desgracia, que muchos de ellos han sido asesinados”, añaden desde el Comisionado sin querer ofrecer un desglose detallado para evitar dar pistas al enemigo. El Ministerio del Interior, por su parte, eleva a algo más de 99.300 los desaparecidos en edad adulta, de los que 3.400 son mujeres.
En la última estimación general de que se dispone, el número de víctimas militares ―muertos, desaparecidos, heridos y prisioneros― durante la invasión rusa a gran escala de Ucrania, que este 24 de febrero ha cumplido cuatro años, bate récords en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Aunque ambos gobiernos tratan de ocultar sus bajas en el conflicto armado que sacude a Ucrania y apenas reportan al respecto, estas se acercan a los dos millones (1,2 millones por parte de Moscú y entre 500.000 y 600.000 por la de Kiev), según avanzó hace un mes el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS) de Washington. Los muertos civiles en Ucrania superan los 15.100 según el balance que hace la ONU.
La última vez que el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, se refirió a este delicado asunto fue el pasado 4 de febrero. El mandatario informó de 55.000 soldados ucranios muertos, muy lejos de los cálculos que hacen fuentes independientes. De forma paralela, las autoridades de Kiev han llegado a cerrar en alguna ocasión páginas web dedicadas a contar e informar sobre el número de víctimas. Y ello, pese a que Ucrania no considera un secreto de Estado el número de bajas. Medios de comunicación ucranios también que tratan de arrojar luz sobre este espinoso asunto.
El acceso a todo tipo de fuentes de información abiertas de la guerra más documentada y mediática de la historia permite averiguar muchos datos a pesar del muro impuesto por cada bando a la hora de informar sobre las bajas propias. Los teléfonos móviles, las redes sociales, los drones, los satélites, la geolocalización, las cámaras instaladas en lugares públicos y privados… todo sirve para que cualquiera pueda extraer información con mucha más facilidad que en conflictos anteriores.
Dmytro Dzhulai, reportero de Radio Free Europe, acumula en su ordenador una cantidad ingente de información gracias a los cuatro años que lleva investigando la matanza de medio millar de civiles cometida por soldados rusos en 2022 en Bucha, a las afueras de Kiev. Menos datos hay disponibles de otra sonada matanza en la historia, y bastante más numerosa, de los 8.000 bosnios musulmanes que fueron asesinados por serbios ante el abandono de tropas de la ONU en Srebrenica en tres días del verano de 1995.
Dzhulai conoce cada rincón de Bucha en el que apareció un cadáver, sabe qué unidad militar rusa estuvo desplegada en cada calle, quiénes eran los responsables, sus fotos, sus contactos… En su oficina de la capital ucrania, muestra vídeos grabados en los que se ve a militares ejecutando a sangre fría a vecinos e, instantes después, robándoles sus pertenencias. En muchos casos, la prioridad era hacerse con sus móviles. “Los soldados rusos emplearon los teléfonos de los ucranios a los que asesinaban para llamar a sus propios familiares o a sus parejas y todo quedaba registrado”, señala el reportero. Las publicaciones en redes sociales como Telegram o VKontakte (VK) tanto a nivel particular como de las propias brigadas del ejército, han servido también para obtener datos que serán usados en la denuncia de posibles crímenes de guerra.
Como ejemplo, elige la foto de un soldado ruso, de nombre Vladislav Ulianich, que participó en la ocupación de Bucha en marzo de 2022 y sobre el que poco después se informó de su muerte, ocurrida en la región de Lugansk ―este de Ucrania― el 22 de mayo de ese mismo año. Dzhulai recurre a un comparador de fotos con el rostro de ese soldado ruso junto con su nombre y apellido para obtener más imágenes suyas. A su vez, logra localizar el lugar exacto en el que se fotografió sonriente empuñando su arma en el exterior de un edificio en el este de Bucha a las 10.36 de la mañana del 7 de marzo de 2022.
Abunda la información sobre él, incluso un número de cuenta en el que se pide dinero para apoyar a la madre del militar, Oksana, tras su muerte; las condolencias de la Federación como deportista en levantamiento de peso; o su participación en la guerra de Siria. Toda esa información se está amasando y ordenando para que pueda servir para dar con los responsables y que paguen por los delitos cometidos. Por ahora, el Tribunal Penal Internacional (TPI) de La Haya solo tiene abierta una causa general por la invasión rusa de Ucrania.
Cálculos no oficiales
Tanto en Ucrania como en Rusia se efectúan cálculos no oficiales de las víctimas militares en el conflicto que tratan de llenar el vacío que deja la falta de datos aportados por las autoridades. El medio ruso Mediazona y la cadena británica BBC han recopilado las identidades de más de 200.000 soldados rusos caídos en combate gracias a las cuentas de familiares en las redes sociales, noticias aparecidas en diferentes medios de comunicación locales y anuncios oficiales por parte de las autoridades regionales rusas. El número se eleva hasta los 219.000 según estimaciones elaboradas con las estadísticas del aumento de muertes de varones en el registro de herencias. Pero los propios responsables del seguimiento reconocen que esa cifra corresponde solo a una parte del total.
Lo mismo ocurre en el lado ucranio, donde un estudio similar eleva a 186.000 la cifra de víctimas entre soldados muertos, desaparecidos y prisioneros. La web Pérdidas Ucranias fue durante un tiempo clausurada por las autoridades. Todo apunta a que sus cifras, mucho más elevadas que las que da Zelenski, fueron el motivo de su cierre, considera el Centro para los Derechos Humanos en Conflictos Armados (CHRAC, según sus siglas en inglés), que cita en un informe publicado reciente de Mediazona validando las cifras ofrecidas por la web con un margen de error del 5%.
El escalón estriba en que el presidente ucranio obvia aquellos soldados que no han perdido la vida en situación de combate ―accidentes de tráfico, suicidios, enfermedades, fuego amigo, intoxicaciones por alcohol o drogas…― ni los que permanecen como desaparecidos. La última vez que Zelenski se refirió a este asunto fue el pasado 4 de febrero, cuando el mandatario informó de 55.000 soldados ucranios muertos, muy lejos de los cálculos de fuentes independientes o del Comisionado de Desaparecidos. En cuanto a los que han perdido la vida en acciones no consideradas de combate, la estimación entre 2022 y 2025 se eleva a los 28.000, según el CHRAC.
Este mismo centro cifra en 22.800 el número de cadáveres ucranios devueltos tras decenas de acuerdos sellados entre las partes, sin contar el millar de cuerpos que el bando ruso ha entregado este jueves, según el recuento que hace la autoridad de los prisioneros de guerra en Kiev. Mientras no sean identificados, no pasan oficialmente a engrosar la lista de muertos.
Atar cabos en las identificaciones lleva a veces varios años, incluso para los que no han muerto en el frente, lo que explica las dificultades para contar con datos precisos. En abril de 2022, Papallones fotografió el cadáver de un hombre tirado en una calle delante de un supermercado en Bucha. Hasta hace un año, cuando la ciudad conmemoró el tercer aniversario de la ocupación rusa, no se ha sabido que se trataba de Leontiy Dokiychuk, nacido el 21 de abril de 1939 y muerto el 31 de marzo de 2022. Las autoridades municipales lograron contactar con familiares y conocidos, que no sabían que estaba enterrado en una de las fosas sin identificar. Su muerte, según los forenses, no se debió a disparos de los rusos. Todo apunta a que fue víctima de un infarto.
En cuanto a Victoria Mayor, entrevistada por este enviado especial el pasado 20 de febrero, sigue buscando a su hermano militar, Sasha, desaparecido desde 2024 cuando se perdió el contacto con él en el frente. Las pruebas de ADN apuntan, según Mayor, a que uno de los cuerpos llegados a Dnipro, al este de Ucrania, pueda ser el de su hermano.
Respecto al balance de prisioneros, Rusia mantiene a unos 7.000 ucranios y Ucrania a unos 4.000 rusos, según datos ofrecidos por el presidente Zelenski a mediados de este mes. Hasta la fecha y mediante unos 70 intercambios de presos, han regresado a casa unos 7.450 ucranios de los cuales más de 7.000 son soldados.
En el baile de cifras, existen importantes agujeros, como la de víctimas en zonas ocupadas por las tropas del Kremlin. Solo en la batalla por el control de Mariúpol, que desde mayo de 2022 permanece íntegramente en manos de Moscú, el recuento de muertes civiles oscila entre los 8.000 que cita un informe de Human Rights Watch y los 22.000 que calculó en 2023 Vadim Boichenko, entonces alcalde de la ciudad, durante una entrevista con Papallones. La presencia continuada de autoridades y tropas del Kremlin imposibilita que pueda esclarecerse gran parte de lo que sucede o ha sucedido en el 20% del territorio ucranio ocupado.
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