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Matthias Schmale, jefe de la ONU en Ucrania: “Los ucranios están cansados. Quieren que esto acabe, pero no a cualquier precio”

El diplomático alemán advierte de que la justicia es imprescindible para alcanzar la paz tras cuatro años de invasión rusa a gran escala

Matthias Schmale, jefe de Naciones Unidas en Ucrania, sostiene un dron durante la entrevista con Papallones este lunes en Kiev.Luis de Vega

Matthias Schmale, alemán nacido en Botsuana hace 63 años y jefe de Naciones Unidas en Ucrania, muestra en su despacho un dron como símbolo de la invasión rusa a gran escala, que desde este martes se adentra en su quinto año. A corto plazo, la ONU afronta un desastre humanitario en el peor invierno de la guerra; a nivel estructural, le preocupa que haya paz sin justicia.

Pregunta. Cuatro años tras el inicio de la gran invasión rusa, ¿cuáles son las necesidades humanitarias más importantes de Ucrania?

Respuesta. Hay personas muy vulnerables cerca de la línea del frente, especialmente personas mayores y personas con movilidad reducida. Alrededor de medio millón siguen necesitando apoyo; es una línea del frente muy larga, de 1.700 kilómetros. Tratamos de apoyar a quienes se quedan, especialmente ahora en invierno, y a las más vulnerables entre quienes son evacuadas. Ahora se añade el uso de la energía como arma, y hay unas necesidades humanitarias enormes en las ciudades. En Kiev, más de 3.000 edificios de viviendas se han quedado sin suministros para el resto del invierno. Y de nuevo, hay personas vulnerables atrapadas en apartamentos fríos sin electricidad ni calefacción. Esa es una preocupación importante.

P. ¿Cómo ve el ánimo de la población y la salud mental de los ucranios?

R. Estoy enormemente impresionado por la resiliencia de los ucranios, pero no deberíamos romantizar eso. Porque después de cuatro años y después —o en medio— de este invierno tan duro, la gente está cansada. Tras noches de ataques a -20ºC o más, salen y hacen pequeñas fiestas en la calle, y creo que eso demuestra fortaleza. Pero cuando viajo y hablo con la gente, todos quieren que esto acabe. No a cualquier precio, eso también está muy claro.

P. El número de víctimas civiles ha aumentado el último año. ¿A qué lo atribuye?

R. Efectivamente, 2025 fue el año más mortífero desde 2022. Esta es una guerra muy tecnológica. El ritmo acelerado del desarrollo de drones hace que matar sea más fácil. En el primer año te preocupabas si había más de 10 drones en el cielo; ahora hay cientos en una sola noche. También, como están en marcha las negociaciones, la Federación Rusa intenta estar en la posición más fuerte posible. No soy un experto militar, pero parece táctico, que estén intentando ganar tanto territorio para estar fuertes en la mesa de negociación.

P. ¿Cómo está afectando la disminución de la financiación estadounidense a sus actividades en Ucrania?

R. Trabajamos a través de unas 400 o 500 ONG, la mayoría ucranias, que están haciendo un trabajo fantástico. Las más pequeñas, que prestan servicios cruciales a personas que han sufrido violencia sexual o violencia de género, o minorías como los romaníes, se han visto muy afectadas. Cuando viajo veo centros para mujeres vulnerables cerrando. Los estadounidenses financiaban también muchos medios de comunicación independientes. La rendición de cuentas y la transparencia importan. Es preocupante que algunos de los medios locales más independientes, incluidas ONG que trabajan en ello, se hayan visto afectados. En cuanto a la ONU, esto nos ha obligado a priorizar, aunque podemos continuar con un nivel decente de servicio.

P. ¿Cómo se traducen estos recortes en la ayuda que prestan?

R. Hemos logrado que las necesidades básicas, especialmente de los más vulnerables, estén cubiertas: comida, agua, ropa de abrigo, calefacción en invierno. Lo que sí está viéndose afectado es la parte mental, la parte intangible. La crisis oculta para mí es la salud mental de la población y especialmente de los grupos vulnerables.

P. ¿Cuáles son ahora los principales desafíos, especialmente para la población que vive cerca de la línea del frente?

R. El desafío principal a lo largo de la línea del frente es sobrevivir. También se trata de tomar la decisión correcta de cuándo trasladarse y cuándo no. Algunas personas se han ido y han regresado porque no encontraron un lugar decente donde vivir. Para la población desplazada internamente (dentro de Ucrania) el alojamiento, lugares dignos donde vivir, es un desafío. Y luego, ya prácticamente en el quinto año, esto es lo que llamamos una crisis prolongada. Los 3,7 millones de desplazados internos no quieren depender de la ayuda humanitaria, quieren ganar su propio dinero. Encontrar trabajo, tener sus propios ingresos es otro desafío. Los servicios estatales —con mucho apoyo presupuestario internacional— se mantienen, pero cuanto más se alarga esto, más se tensionan los servicios públicos. Mantener la protección social, la educación, la salud, es otro enorme desafío.

P. ¿Cómo se preparan para el día después? ¿Cuáles son las necesidades de recuperación y cuánto se tardará?

R. Llevará años. Tendrá que haber inversión pública en infraestructura, en transporte. Establecer los incentivos adecuados. Y luego, la clave de la reconstrucción es que la gente se sienta segura, que tenga sus propios ingresos. Y que tenga un techo sobre su cabeza y sus hijos en la escuela. Esto es, básicamente, los servicios básicos del Estado —educación y salud— más la política económica y la infraestructura. El Gobierno por sí solo no puede hacer esto. El sector privado tendrá que desempeñar un papel clave. Pero, mientras la guerra continúe, eso no va a ocurrir a gran escala.

P. ¿Cómo ve que mandatarios como Donald Trump pongan en entredicho a la ONU?

R. La ONU atraviesa una crisis existencial. La gente se pregunta si la razón por la que se creó la ONU para prevenir y poner fin a las guerras sigue vigente. Tenemos varios líderes, no solo Donald Trump, que parecen no confiar en la ONU como instrumento clave para esto. Aquí en Ucrania percibo un gran aprecio a la labor humanitaria, pero mucho escepticismo sobre la ONU como institución: el Consejo de Seguridad, la Asamblea General, lo cual supone en realidad una pregunta para los Estados miembros. Mi esperanza es que los líderes actuales, incluido Donald Trump, redescubran que tenemos un instrumento, las Naciones Unidas, para poner fin a las guerras o prevenirlas. Necesitamos reformas, pero espero que los Estados miembros nos hagan mejores en lugar de emprender iniciativas diferentes.

P. ¿Cuál es su experiencia tras visitar el frente en Ucrania?

R. He visitado numerosos lugares atacados y me he encontrado con ucranios muy agradecidos por la respuesta. A menudo, las organizaciones ucranias llegan a las pocas horas para apoyar a la gente. Aquí he visto héroes trabajando. Un ejemplo que me quedó grabado es el de una trabajadora humanitaria en Járkov. Le llegó la noticia de que la guardería de su hijo había sido atacada. Acudió a recoger al niño, lo llevó a un lugar seguro y volvió enseguida a ayudar con la limpieza. Yo no sé si, como padre, tendría esa fuerza. Hay héroes, pero se tardará generaciones en sanar el dolor.

P. ¿Cómo van las investigaciones sobre crímenes de guerra?

R. Espero que los tribunales obliguen a los responsables rusos a rendir cuentas. Para ello, se necesita documentar todo y mis colegas de derechos humanos están realizando una labor incalculable en cuanto a la rendición de cuentas y la justicia. Y eso, para este país, será crucial. No habrá paz sin justicia.

P. ¿Teme que con otras crisis abiertas como Oriente Próximo o Venezuela, se pierda la atención sobre Ucrania?

R. Claro, es algo que estamos comentando, la necesidad de mantener a Ucrania en la agenda frente a otras crisis como Sudán o Gaza. Pero estamos tan concentrados en la invasión a gran escala lanzada en 2022 que casi no nos acordamos de que esto empezó en 2014. Tenemos que recordarle al mundo que no se olvide de Ucrania. Eso fue lo que dijo mi predecesora, Denise Brown, al dejar el cargo. Esto debe resolverse con justicia.

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