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Dakota y Elle Fanning, las hermanas que forjan su destino en Hollywood sin presiones ni pataletas

Después de 25 años de carrera y con la menor de ellas en la carrera por su primer Oscar, las jóvenes actrices han creado su propia productora y protagonizarán, por fin, su primera película juntas

Dakota y, a la derecha, Elle Fanning en unos premios celebrados en Los Ángeles, California, el 10 de enero de 2026.Kevin Mazur (Kevin Mazur/Getty Images for W M)

Es curioso. Pese a que han sido vistas cientos, miles de veces juntas, en fotografías, eventos y alfombras rojas, Dakota Fanning y Elle Fanning jamás han compartido pantalla. Son actrices. Son hermanas. Son estrellas que han recibido nominaciones a los mejores premios y trabajado con los mayores actores y directores del panorama global. Comparten apellido, empresa y hasta armario. Pero no, nunca han mantenido un diálogo, o sostenido una mirada mutua, ante las cámaras que las han hecho famosas. Ahora, eso se va a solucionar. Para entonces, y con tan solo veintitantos-treintapocos años, llevarán un cuarto de siglo en la industria, y casi un centenar de títulos. Y quién sabe si tendrán una foto con un Oscar propio.

Dakota Fanning, a punto de cumplir 32 años el próximo lunes, es la mayor y la que abrió camino. Pero ahora mismo, quien brilla con luz propia es Elle, de 27. Es la primera de las dos hermanas que ha logrado una nominación al Oscar. Competirá por llevarse la estatuilla gracias a Valor sentimental, del noruego Joachim Trier, en la que precisamente interpreta a una estrella de Hollywood que se dispone a rodar una película extranjera. Al final, hacer de sí misma, básicamente, la ha llevado al Olimpo de la interpretación. No lo tiene fácil: en la categoría de mejor actriz de reparto tiene como rivales a su compañera Inga Ibsdotter Lilleaas, a Wunmi Mosaku por Los pecadores, a Amy Madigan por Weapons y a Teyana Taylor, que parte como favorita por Una batalla tras otra. Es muy probable que Elle Fanning sepa lo difícil que es llevarse la estatuilla. Pero también es muy probable que no le importe demasiado.

Hay varios motivos para esa ligereza. Primero, que es la más joven de las nominadas del quinteto. Y con un carrerón de más de 70 títulos, eso le da calle de sobra para correr los próximos años, o décadas. Segundo, porque las Fanning se toman la vida con una normalidad y una cotidianeidad poco vista en los jóvenes de la industria; después de tantos años en ella, han superado todo eso. Como decía Dakota a este diario hace ya ocho años: “Si de algo me ha servido comenzar tan joven es que me siento muy cómoda en esta industria”, comentaba, con apenas 24 años. Y, después, porque, en realidad, Elle no necesita el premio para hacerse un nombre en Hollywood. Lo tiene desde que nació. Y fue, en buena parte, gracias a Dakota.

La unión de las hermanas es tan natural, orgánica, como no lo son otras en la industria. Criadas de padres deportistas en Conyers, Georgia, ellas desde pequeñas escogieron la pantalla, que también las escogió a ellas. Ser rubias, bonitas y pizpiretas fue un primer paso, pero en ningún caso el definitivo para forjarse una carrera. Dakota, nacida en 1994, hizo su primera aparición (en un episodio de Urgencias) en 2000. En un par de años, había trabajado en Ally McBeal, Malcolm o CSI. Pero sobre todo le dio visibilidad convertirse en la hija en pantalla de Sean Penn en Yo soy Sam (2001). Dakota era Lucy Dawson, y ahí llegaría el primer papel de Elle, que con dos años hacía de una Lucy más pequeña, casi un bebé. La primera muestra de cómo de entrelazado iba a estar el trabajo de las Fanning.

Elle reconocía en una reciente entrevista con SModa que sobre todo se dio a conocer gracias a Super 8, cuando tenía 12 años, aunque ya llevaba 10 años en los platós. El motivo: “Hasta ese momento todo el mundo me confundía con Dakota”, reía. Nunca le ha importado demasiado. De ahí que no dude en reírse de sí misma y llamarse “nepohermana”, con todo el amor fraterno. “Por supuesto que he tenido oportunidades porque la gente ha pensado: ‘Oh, es la hermana de Dakota Fanning. Vamos a hacerle una audición”, contaba hace unos meses a Vanity Fair. Pero eso nunca les ha hecho ser competitivas, reconocen ambas, conscientes de que, quizá, la gente no las crea.

En otra charla con la revista Byrdie, Dakota contaba que, al principio, cada una era consciente de qué quería, de cómo forjarse un camino, pero que ahora que eso ha quedado claro, se acabó. “Ya no sentimos esa presión. Hemos aceptado que somos dos personas diferentes con dos trayectorias diferentes”. “Cuando éramos más jóvenes”, insistía Elle en Vanity Fair, “queríamos asegurarnos de que la gente nos viera de forma diferente y queríamos darnos espacio mutuamente para labrarnos nuestro propio camino. Pero como adultas ha sido muy gratificante fusionarnos”.

Es saludable para ellas, y un soplo de aire fresco para la industria, que estén por encima de eso. Son normales, dentro de su excepcionalidad. Sonríen, son amables, van en bici o de compras. Cenan en su restaurante mexicano favorito, a kilómetros al norte de Hollywood, en un barrio normal, hasta el que conduce Dakota con su hermana de copiloto. Hacen pelis de Oscar, pero también videojuegos o anuncios de mayonesa. Se sacan selfis en sudadera y sin maquillaje. Beben espresso martinis. Se fotografían, glamurosas, para portadas de revistas de moda, pero también se hacen fotos con Arnold Schwarzenegger como cualquier fan y las cuelgan en sus redes (Dakota acumula 4,3 millones de seguidores en Instagram; Elle, 7,4 millones).

Aunque siempre han estado unidas, según han ido creciendo se han ido entendiendo mejor la una a la otra. Dakota ha estado centrada en la televisión, con El alienista, Ripley o La pareja perfecta; asegura que es el medio que más le gusta. Elle, por su parte, mezcla más: taquillazos, proyectos independientes, series, ser jurado del festival de Cannes. Pero siguen tan a la par que hace cinco años decidieron crear juntas un vehículo para hacer lo que quieran, su propia productora, Lewellen Pictures (en honor a su perro de infancia). Y ahora, por fin, harán su primera película juntas, como productoras —acompañadas de Hello Sunshine, encabezada por Reese Witherspoon— y como protagonistas.

Por supuesto, interpretarán a unas hermanas. Será en la adaptación de la novela El ruiseñor, un libro superventas de la autora Kristin Hannah sobre el destino opuesto de Isabelle y Vianne, dos hermanas francesas en la Segunda Guerra Mundial. Empezarán a rodar en primavera, y ambas se declaran emocionadas por ello. Sobre todo Elle, que estos meses copa las alfombras rojas, gracias a Valor sentimental pero también a la nueva entrega de Predator y, en breve, con la serie de Apple TV que protagonizará junto a Michelle Pfeiffer, Margo tiene problemas de dinero, sobre una adolescente embarazada en apuros económicos que se saca las castañas del fuego vendiendo fotos eróticas, también coproducida por ellas. Y con Dakota en la nominada miniserie Su peor pesadilla este año se han unido para contar esos ansiados proyectos juntas.

La mayor es algo más reservada (en la conversación, al vestir), con las ideas más claras; la pequeña, más expansiva y abierta, icono de estilo (y amante de la ropa vintage; asegura que la acumula con fruición y durante años en su armario hasta que ve el momento de usarla), con una sonrisa siempre colgada, experimenta con la ropa. Ella misma explicaba a The Hollywood Reporter que poder rodar con su hermana es uno de esos anhelos que tenía desde hacía años y que, por fin, sucederá. “Es un sueño logrado”, afirmaba.

Entre ellas se impone más la hermandad que la lucha por un trabajo concreto. “Quiero que logre todo lo que quiera. Lo mío es suyo, y lo siento igual por su parte. Es la mentalidad de nuestra familia”, explicaba Dakota. De ahí que ahora compartan también publicista y estilista. Trabajar desde tan jóvenes, lejos de causarles los traumas que a otros dúos fraternos, les ha traído paz. No hay drama en sus actos ni en sus palabras. “Empezamos jóvenes en el negocio, pero no siento que me haya perdido nada. A la gente le encantaría que nos hubiéramos perdido algo, les encanta esa narrativa”, reconocía Elle. Al final, son unas chicas de Hollywood en la flor de la vida que comparten tacos, aunque vayan a comerlos en un Porsche.

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