Los ideólogos de la derecha ultracatólica buscan hacer santo a su fundador
La Asociación Católica de Propagandistas inicia los trámites de canonización del padre Ángel Ayala, impulsor de la entidad de la que salieron ministros del franquismo y de la derecha más conservadora de la democracia


La Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), una de las organizaciones que en los últimos años ha marcado el discurso de la derecha ultraconservadora, llega este viernes a un día crucial: la apertura del proceso de canonización de su fundador, el sacerdote jesuita Ángel Ayala. Es decir, el inicio del camino para reconocer “la santidad” de Ayala y elevarlo a los altares. Es una iniciativa ambiciosa, pues estos procesos son largos y deben cumplir unos requisitos exigentes, regulados por el Dicasterio de la Causa de los Santos. Pero, por otra parte, es una oportunidad que, de cumplirse, colocaría a la ACdP en la primera división de los movimientos y asociaciones laicales del mundo cuyos fundadores son santos.
Y es que el músculo de la ACdP, con 118 años de historia y cuyos miembros son conocidos como “propagandistas”, está más fuerte que nunca. En los últimos años se ha elevado como un referente dentro del ultracatolicismo, incluso marcando un discurso paralelo al de la Conferencia Episcopal Española (por ejemplo, en temas como la regularización de inmigrantes) y que nutre el ideario de partidos como Vox, el ala dura del Partido Popular o a asociaciones como Hazte Oír o Neos. Su voz, además, está amplificada a través de su periódico El Debate, que cada año suma más lectores afines. Un santo sería un escalón más para esta asociación que, cada año, gana más influencia social y política.
La canonización del padre Ayala no es la primera que ha promovido la ACdP. En 1996, junto al Obispado de Málaga y la Fundación Pablo VI, impulsaron la del cardenal Ángel Herrera Oria, primer presidente de la asociación y director de El Debate. La causa sigue abierta, aunque la Iglesia reconoce a Herrera como “siervo de Dios” el primer grado de los cinco antes de ser proclamado santo. No obstante, la del padre Ayala sería la primera que la ACdP impulsaría motu proprio.
El proceso de santificación puede ser costoso: beatificar a alguien (la cuarta de las cinco fases) cuesta 17.000 euros, más otros mil euros por cada supuesto milagro que se debe acreditar para subir al siguiente nivel, según el tarifario publicado por el Vaticano. No obstante, la filtración del caso de corrupción Vatileaks demostró que el coste total de algunos casos (pago de expertos, abogados, etc.) Ha alcanzado hasta el medio millón de euros.
La duración del camino hacia los altares tampoco es igual de largo para todos. Mientras que algunas causas se demoraron más de un siglo (como la de San Pedro de Alcántara, que duró 107 años), otras han sido exprés. La de Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, fue de 27 años tras su muerte, la de Teresa de Calcuta, de 19 años y la de Juan Pablo II, de 10 años. Estos casos han sido muy criticados por un sector de la Iglesia y de la sociedad, que considera que, más que reconocer la santidad de determinados creyentes son campañas de patrocinio y de lavado de imagen.
La vida del padre Ayala, según el dosier aportado por la ACdP y las numerosas referencias que hay en la web, estuvo siempre enfocada en la educación. De hecho, ese fue el objetivo primero de la asociación que fundó en 1908 con 46 años. Lo hizo en Madrid, en el colegio de Areneros de la Compañía de Jesús, orden a la que pertenecía. Convocó a un grupo de jóvenes para “ver lo que quería Dios que saliera de allí” y formó la Asociación Católico-Nacional de Jóvenes Propagandistas. El fin era “despertar al adormecido catolicismo español de principios del siglo XX”, según explica Pablo Sánchez Garrido, miembro de la ACdP, en uno de sus numerosos trabajos sobre el génesis de la institución.

El trabajo de Ayala no se quedó ahí. Unos años después impulsó el Instituto Católico de la Fundación CEU-San Pablo. Esta cuenta en la actualidad con cuatro universidades privadas, ocho colegios y más de una decena de centros de estudios, todos ellos también privados. El padre Ayala falleció el 20 de febrero de 1960, pero la fundación y el proyecto educativo que creó no ha dejado de crecer desde entonces.
Si bien este sacerdote no estuvo vinculado con la política, muchos de los miembros de la ACdP han ocupado cargos relevantes, bien durante la dictadura o en partidos de ideología conservadora y de derechas. El cardenal Herrera Oria, por ejemplo, promovió el partido político Acción Popular, en el que finalmente se aglutinó la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA). Cabe destacar que al menos cinco sacerdotes de la asociación fueron asesinados durante la Guerra Civil por el bando republicano y han sido beatificados como mártires.
Durante el franquismo, varios miembros de la ACdP fueron ministros. La web de la asociación cita a José Ibáñez Martín, José María Fernández-Ladreda (también militar franquista y alcalde de Oviedo), Pedro Gamero del Castillo (conocido ministro por su simpatía al nazismo), José Larraz (enemigo de Ramón Serrano Súñer y de la posición filonazi del régimen), Alberto Martín Artajo, o Federico Silva, fundador años después de Alianza Popular y de Democracia Cristiana Española.
La cantera de políticos de la asociación continuó durante la Transición con nombres como Alfonso Osorio, que fue vicepresidente del Gobierno de Adolfo Suárez (UCD), José Luis Álvarez (también UCD), Landelino Lavilla (que defendió la Ley para la Reforma Política que eliminó las estructuras del franquismo) y Marcelino Oreja (Partido Popular) o el militar Agustín Rosety (Vox), entre otros.
Influencia más allá de la esfera política
Pero la influencia de ACdP no se ha limitado a la primera línea de la política. Apoyó la creación de la Fundación Neos, donde los propagandistas Jaime Mayor Oreja y María San Gil (expresidenta del PP vasco, teniente de alcalde de San Sebastián) forman parte de la directiva. Los propagandistas también aúpan otras entidades antiinmigración, contra la Ley de Memoria Histórica o contra el derecho al aborto, contra el 8M o el revisionismo histórico de la conquista de América, entre otras cuestiones. Son famosas sus polémicas campañas publicitarias donde colocan carteles en las marquesinas de las paradas de autobús o en el metro.
El rastro de cómo su discurso está relacionado con el ideario de partidos como Vox también aparece en el Congreso Católico y Vida Pública que la asociación convoca cada año. En la última edición acudió como invitado estelar Kevin Roberts, ideólogo del presidente estadounidense Donald Trump. Este congreso, organizado sin interrupción en los últimos 27 años, no ha dejado de crecer en las últimas ediciones, con un gran impacto en las nuevas generaciones de jóvenes católicos.
El despegue de la ACdP se ha visto impulsado por el ocaso que están viviendo otras entidades católicas que hace años eran muy poderosas, como los Legionarios de Cristo y el Opus Dei. Lo que los ha situado en la cima de las organizaciones ultracatólicas con más influencia social. El estatus de los propagandistas es diferente al de la Obra y los legionarios: “persona jurídica privada de la Iglesia”. Es decir, no dependen de la Iglesia y se rigen por sus estatutos propios, pero respetan la norma canónica.
En su organigrama cuentan con un consiliario nacional, es decir, un clérigo que asiste y guía espiritualmente a la asociación. Hasta el año pasado, este puesto lo ha desempeñado el arzobispo de Burgos, Fidel Herráez, pero la Conferencia Episcopal (encargada del nombramiento) decidió no revelarle en el cargo con otro prelado, como solicitaba la ACdP, sino con el sacerdote Fernando Cruz-Conde. Lo que se interpretó como un pulso entre la jerarquía eclesiástica y la asociación ultracatólica.
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