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El langostino café, el nuevo invasor del Ebro que pone a prueba el emblema de Vinaròs

Esta especie, originaria del Golfo de México y Estados Unidos, se detectó por primera vez en el Mediterráneo, en Turquía, en 2009. En la costa catalana, su presencia se confirmó en 2023

Una caja de langostino café. Imagen proporcionada por Rubén Miralles.

En la lonja de Vinaròs, el langostino café ha dejado de ser una anomalía. “El primer año eran uno o dos por barco y día. Al siguiente, una docena. Luego, cuatro o cinco kilos. Este septiembre hemos llegado a 40 kilos diarios en algunos barcos”, resume Jaime Federico, secretario de la Cofradía de Pescadores. La curva ha sido constante durante los últimos cuatro años y, lejos de estabilizarse, sigue creciendo en cada campaña.

La especie es Penaeus aztecus, originaria del Golfo de México y la costa estadounidense. En el Mediterráneo se detectó por primera vez en 2009, en Turquía, y desde entonces su expansión ha sido progresiva hacia el oeste. En España, un estudio publicado en 2023 por investigadores del CSIC confirmó su presencia en la costa catalana tras analizar ejemplares mediante identificación morfológica y genética. El hallazgo de hembras maduras indica que la especie ya se reproducía en el entorno del Delta del Ebro. En términos ecológicos, significa que ha cerrado su ciclo vital en estas aguas y que no depende únicamente de nuevas introducciones. El impacto a medio plazo sobre las especies locales, sin embargo, sigue siendo objeto de seguimiento científico, especialmente en lo que respecta a la competencia por alimento y espacio con otros crustáceos.

Una bendición para el puerto

Mientras la ciencia observa, el sector pesquero mide en kilos. “Es invasor, entre comillas, porque a veces puede ser una bendición”, sostiene Federico. “Nosotros estamos contentos, es una opción más de trabajo que, además, puede servir de alimento a doradas y otros pescados de gran categoría”, añade. En su balance de faenas diarias, no ha detectado descensos en las capturas del langostino rojo desde que apareció el café.

La hipótesis más extendida sobre su llegada apunta a las aguas de lastre de grandes buques mercantes. Estos barcos cargan agua en el Caribe para estabilizarse y la sueltan en las costas mediterráneas, liberando con ella las larvas de este crustáceo. La desembocadura del Ebro, rica en sedimentos y nutrientes, y con una temperatura relativamente estable durante gran parte del año, ha creado un entorno favorable para su desarrollo.

Para la cofradía, contar con una especie adicional diversifica las capturas en un contexto de incertidumbre climática y económica. La pesca del Mediterráneo se enfrenta desde hace años a restricciones, fluctuaciones de precio y cambios en los ecosistemas. En ese escenario, cualquier recurso que encuentre salida comercial puede ayudar a aliviar la presión.

En Vinaròs, sin embargo, el langostino no es un producto más. El rojo autóctono forma parte de la identidad gastronómica del municipio desde hace décadas. Se ha convertido en uno de los productos más reconocibles del litoral castellonense y en un reclamo turístico propio. Cada temporada se organizan jornadas gastronómicas en su honor y su nombre funciona como marca territorial. Más pequeño que otras variedades mediterráneas, de carne delicada y sabor intenso, el langostino de Vinaròs alcanza precios que pueden superar los 40 euros el kilo en temporada alta. La mayor parte de la producción se consume en la zona, aunque a veces viaja a restaurantes de Madrid y Barcelona, donde se identifica claramente con su origen.

El café, en cambio, juega en otra franja de mercado. Suele situarse por debajo de los 18 euros por kilo y, en determinados momentos, ronda los 12. Para el consumidor doméstico, esa diferencia resulta determinante, especialmente en celebraciones familiares o comidas multitudinarias donde el tamaño y la cantidad pesan tanto como el sabor.

Un sabor que divide

Las diferencias no son solo económicas. El café tiene una carne más gruesa y firme, resiste mejor la congelación y determinadas elaboraciones, lo que podría facilitar su comercialización pelado y congelado en el futuro. Su textura consistente le permite soportar mejor manipulaciones que el autóctono no tolera bien.

El cocinero Rubén Miralles asegura haber trabajado con este producto hasta hace apenas un mes en un plato de ñoquis con crema de sus cabezas. “Son dos productos distintos. El rojo de aquí es mucho mejor”, resalta. Pero cuando en la lonja “salen un montón de kilos” y el precio acompaña, se adapta. “Para gastar producto de fuera, gastamos lo que sale aquí”, afirma.

Su planteamiento es pragmático y plantea una cuestión interesante: si entra por la lonja local y se pesca en el entorno del Ebro, pasa a formar parte del producto disponible del territorio. Ahí es donde el debate se vuelve más complejo. Federico recuerda que el origen no siempre es evidente fuera del puerto. También ocurre —explica— con ejemplares capturados en aguas de Túnez que, al tratarse de la misma especie que el rojo local, pueden comercializarse fuera de la zona como langostino de Vinaròs. “Eso sí que es el mismo”, aclara, en referencia a la especie biológica, aunque pescada en otro origen.

Aitor López, chef de Citrus del Tancat, no comparte el entusiasmo. “No tiene buen sabor. Sabe a barro”, afirma sobre el café, y añade que su textura “es muy dura, basta, poco agradable en comparación con el de Vinaròs”. Para él, la diferencia es evidente y suficiente para desterrarlo de su propuesta culinaria. Recuerda que al principio no siempre se diferenciaba en el mercado. “Antiguamente te lo colaban entre el langostino local, porque entraba muy poco”. Hoy se separa en la lonja, pero el precio y el tamaño juegan a su favor. “La gente lo ve a 12 euros el kilo y piensa que va a quedar muy bien en la comida con la familia”, asegura.

Según López, cada vez está más presente en restaurantes y advierte que, presentado en crudo —en tartares o cortes finos—, la diferencia puede pasar desapercibida si no se especifica el origen.

Aunque por ahora las capturas del langostino de Vinaròs no han caído, el café continúa aumentando presencia. Entre la cautela científica, que pide tiempo, y el pragmatismo del sector, el debate queda abierto.

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