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El origen de ‘los pocholos’, el equipo inexperto que gestionaba la Consejería de Educación madrileña: “Nos llamaban la secta”

Los jóvenes que aterrizaron sin preparación en puestos de responsabilidad fueron adiestrados en una ideología ultraconservadora años antes de desembarcar en las listas del partido

En el centro de la imagen el exportavoz de Educación del PP Pablo Posse y arriba a la derecha Carlota Pasarón, dos de los pocholos, el pasado 18 de diciembre. Ricardo Rubio / Europa Press

El lunes fue cesado el consejero de Educación de Madrid, Emilio Viciana, y el martes salieron otros cinco políticos de su órbita: tres diputados y los directores generales de Universidades y Secundaria. Muchos no ocultaron las lágrimas en público. Los seis llegaron a la política en 2023 de la mano del dramaturgo y dueño de una academia Antonio Castillo Algarra, un hombre que, durante al menos una década, ha susurrado al oído de la presidenta Isabel Díaz Ayuso, y al que los otros le deben absoluta obediencia y en el que confían ciegamente. Tanto, que los diputados se han podido ver arrastrados por él a la hora de renunciar a sus cargos.

Este grupo de treintañeros (salvo Viciana) recién llegados a la política tienen algo en común. Como contó este diario en noviembre pasado, el entorno personal y laboral de Castillo Algarra llegó a los más altos cargos de Educación, pese no tener apenas experiencia. Al frente de este equipo, conocido en la consejería como los pocholos, estaba el hombre de confianza del dramaturgo: Emilio Viciana, administrador civil del Estado, que no conocía los mínimos rudimentos de la política educativa, y ahora esquinado por Ayuso. De director general estaba Nicolás Casas, que tocaba el trombón en la compañía de Castillo Algarra; y de directora de Secundaria y FP, María Luz Rodríguez Lera, que había sido recepcionista en su academia y antes profesora de Historia y Lengua en un concertado. Mientras que en la Asamblea ejercían como diputados Pablo Posse, secretario de Educación del PP y antes regidor y microfonista de una obra de Castillo Algarra, y Mónica Lavín, secretaria de Familia y antes actriz, administrativa y profesora de la academia.

Las sospechas se dispararon cuando el consejero de la Presidencia, Miguel Ángel García Martín, preocupado por la ley de educación superior, que había encallado, y la ahora consejera Mercedes Zarzalejos descubrieron que el departamento estaba manga por hombro y se dieron cuenta de que la habían dejado en manos de unos inexpertos. Fue el comienzo del fin del clan al enfrentarse la Comunidad con Castillo Algarra, pero siempre con cautela al ser un personaje muy próximo a Ayuso.

Papallones ha tenido acceso a cinco fuentes, entre estudiantes, trabajadores y una persona del círculo actual de Castillo Algarra, que arman el puzle de los orígenes de este clan. En el primer listado de este medio faltaba Laura Castilla, que es directora general de Juventud. A la exdiputada Carlota Pasarón, portavoz de Juventud en la Asamblea y que ha dimitido junto a Posse y Lavín, se la considera parte del clan, pero no está claro si llegó a acudir a la academia. Es mucho más joven. Este diario no ha logrado hablar con Castillo Algarra.

La exdiputada Lavín, a la que trataba desde que era muy pequeña, es “la niña de sus ojos”. Y la impronta de él es evidente en los discursos antitrans de ella en la Asamblea tremendamente reaccionarios. Paradójicamente, Castillo Algarra es homosexual, pero tildó en un polémico artículo de “monstruosos” y “no normales” a los gays.

En una entrevista en vídeo, Laura Castilla relató cómo ese grupo terminó para sorpresa de todos en las listas del PP a la Asamblea de Madrid: “En las ultimas elecciones [2023], la presidenta Isabel Díaz Ayuso decide optar por una nueva generación de gente que no venía tanto del mundo de la política y con profesiones muy variadas. Ahí entró una cantidad de gente nueva, joven. Entré yo como enfermera de salud mental, ingenieros [Posse], bailarines [Lavín y Miguel Olite, director general de enseñanzas artísticas]. Se optó por un cambio, se me dio la oportunidad y decidí decir que sí”. Esta directora general de Juventud, con un sueldo de 101.000 euros, llegó al puesto tras trabajar apenas dos años en Proyecto Hombre, según el portal de Trasparencia de la Comunidad de Madrid. No consta que este martes haya dimitido.

Todos los citados por Castilla, salvo Olite, se conocieron en la academia For The Fun Of It y fueron adoctrinados durante años por su dueño, Castillo Algarra. Él es el autor en la sombra del borrador de la polémica ley de educación superior (Lesuc), aunque Educación no lo confirma: “No tiene ninguna vinculación laboral con la consejería”.

A For the fun of it llegaban escolares del barrio de Argüelles, en el centro de Madrid, que querían mejorar su inglés o necesitaban apoyo escolar. Y cuando se matriculaban en primero de Bachillerato, este erudito autodidacta les ofrecía gratis clases de refuerzo de Lengua, Historia y Filosofía. Con él preparaban con enorme éxito la Selectividad. “Éramos de familias de clase media-alta, con padres profesionales liberales que no estaban mucho en casa. Y él se quedaba un poco de figura de padre, con autoridad. Te decía: ‘Tus padres no saben lo que te conviene, yo sí”, cuenta una exalumna que entró a la academia con 15 años. Él fijó su posición en X: “Los padres cada año están menos y si están es, salvo excepciones, casi peor”.

Castillo Algarra defiende en redes que “la pérdida de las humanidades en la educación es más grave que el terrorismo“ y por eso ofrecía lecciones gratuitas. “Ahí empezaba la ingeniería ideológica, porque tenía un coste. Era adoctrinamiento, puro y duro, con mensajes religiosos, reaccionarios, ultraconservadores”, prosigue su relato la expupila. “Explicaba muy bien. Sacábamos muy buenas notas. Te enganchaba porque es una persona muy carismática, muy alternativa, muy divertida”. Ella se fijaba en el perfil del grupo: “Éramos adolescentes influenciables, ligeramente inseguros o con no muy buena relación con nuestros padres”.

La familia animó a esta alumna, que llegó a trabajar para él, a alejarse. “Repetíamos todo lo que decía Antonio de manera categórica. De puertas para fuera nos llamaban la secta. Hasta los profesores de los colegios de la zona lo sabían”. Dio un portazo. Otra exalumna considera que actuaban como “criadas”.

En 2014, Castillo Algarra creó su compañía, con sede en la academia. Quien se mantuvo a su lado ocupó un puesto en los montajes y con el tiempo saltaron al PP. “Todo mi entorno nos quedamos helados al ver el grupo parlamentario. Pensamos: ¡madre mía, esto ha pasado a un segundo grado!”, reflexiona esta segunda expupila. “ Te hace creer que tienes todo el derecho del mundo aunque no tengas la cualificación”. Viciana es algo mayor que ellos y el vínculo con el dramaturgo presumiblemente son las oposiciones a la administración civil del Estado que se sacó y que el también actor ayudaba a preparar.

“Antonio tiene un discurso ultranacionalista de España y del imperio Español. Su propósito es definir lo que es la cultura española. Emplea la filosofía de Ortega y Gasset, pasada por la tradición cristiana y Julián Marías. Cuando escucho un discurso de Ayuso que tiene que ver con cultura, sé que lo ha escrito Antonio”, asegura la primera exalumna. Aunque les disuadía de estudiar Filosofía, cuenta, “porque la universidad está muy politizada”.

La presidenta Ayuso al menos dio dos charlas en la academia de Castillo Algarra a los aspirantes a la PAU antes de su primer mandato. “Castillo nunca ha querido un cargo de nada y vive como una rata. Dice que solo el pobre puede ser independiente”, narra otra fuente, que asegura que, al menos hasta hace poco, él mantenía discusiones hasta altas horas con Ayuso encabezonado quizás por el uso de una palabra. Las relaciones entre ellos ya no son tan buenas. La prueba es que el dramaturgo asegura que este diario está a sueldo de “los más perversos del PP”.

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