Cada vez más endeudados para estudiar en Madrid, donde los préstamos crecen un 61,5% desde 2020: “Hay poca oferta pública”
La región es la tercera autonomía con mayor financiación académica solicitada a las entidades bancarias, tras Navarra y Cataluña, con un importe medio de 18.100 euros, según la Asociacion de Usuarios Financieros


El título lo consiguió en junio, pero la deuda lo acompañará hasta este otoño. Marcos Martínez paga 363 euros al mes desde octubre de 2024 para saldar los 8.700 euros —con intereses— que le costó su posgrado en Producción Ejecutiva de Proyectos Audiovisuales en una escuela superior de entretenimiento de la Comunidad de Madrid. “Ante la escasez de oferta pública y la necesidad de encontrar salidas profesionales rápidas, me decanté por esta opción pidiendo un crédito al banco”, explica el joven de 25 años. En la región, la demanda por habitante de préstamos para estudiar ha crecido un 61,5% desde 2020, al pasar del 9,1% al 14,7%, lo que supone un aumento de 5,6 puntos porcentuales. Es la tercera autonomía con mayor solicitud de financiación académica, solo por detrás de Navarra y Cataluña, con un importe medio de 18.100 euros, según la Asociación de Usuarios Financieros.
A nivel nacional, la tasa ha aumentado un 56,8% desde la pandemia. Los datos abarcan todas las etapas educativas, pero la mayoría de las solicitudes las realizan familias y estudiantes interesados en grados y posgrados. Martínez confiesa vivir con inquietud: “Vas todo el rato con el agua al cuello, haciendo cuentas para ver si llegas”. Nacido en Jerez de la Frontera (Cádiz), se mudó a la capital en busca de oportunidades académicas y laborales. A su cita mensual con el banco para costear su formación se suma otra con su casero: el alquiler de su piso compartido le cuesta 420 euros, sin contar los suministros, además de todos los gastos cotidianos que debe asumir.
El joven recibió becas estatales y autonómicas durante buena parte de su vida estudiantil, desde el bachillerato hasta la universidad, donde cursó el grado de Cine y Cultura. Complementaba sus estudios superiores con un trabajo de teleoperador: “Vengo de una familia humilde, mi padre fue albañil y mi madre limpiadora, aunque ya no trabajan”. Durante su posgrado también mantuvo su vida laboral activa como técnico en la Fundación Secretariado Gitano, pero no consiguió ningún subsidio para esta etapa educativa.
Llegó a combinar su empleo con las clases teóricas y las prácticas del máster: “No fue fácil conseguir el crédito. Cuando mi banco se negó a concedérmelo, se me vino el mundo encima. Tuve que acudir a otra entidad que mantenía un acuerdo con mi escuela”. Tomar la decisión de endeudarse le daba vértigo, pero era la única salida. “Existe poca oferta pública y en muchas ocasiones la que hay tiene el material muy desactualizado”, comenta.
La Asamblea de la comunidad aprobó en diciembre el vigésimo campus de la región: IE Universidad Madrid. El Grupo Popular contó con los votos a favor de Vox, la abstención de los socialistas y la papeleta en contra de Más Madrid. Esta autonomía cuenta con 14 universidades privadas frente a seis públicas. De estas últimas, no se ha fundado ninguna nueva desde la Rey Juan Carlos, en 1996. Y no hay intención de inaugurar ninguna más. Sin embargo, el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso tiene entre manos otras tres iniciativas privadas, que disponen de un informe contrario de la Conferencia General de Política Universitaria.
En España, los centros privados están a punto de dar el sorpasso en número, ya cuentan con más estudiantes de máster que la pública y se extienden por los estudios de ciencias de la salud, los más demandados y caros. El responsable de estudios de la Asociación de Usuarios Financieros, Antonio Gallardo, corrobora que el aumento de estos campus y la falta de plazas públicas influyen en la tendencia al alza de endeudarse para estudiar.
Comenta que la mayoría de los préstamos académicos ofrecen un periodo de carencia, generalmente al inicio, durante el cual el prestatario paga una cuota reducida o nula al aplazar la devolución del capital principal. “Ofrece alivio financiero temporal, pero aumenta el coste total a largo plazo”, advierte.
Reconoce que los tipos de interés para este tipo de créditos no son de los más caros, “oscilan entre el 7% y el 8%”. Aconseja comparar ofertas entre entidades bancarias distintas e intentar asegurar la posterior empleabilidad tras valorar la capacidad de endeudamiento. Los plazos de devolución del préstamo rondan los 12 meses en el caso de las carreras universitarias y el lustro o los siete años cuando se trata de posgrados, según explica.
A principios de década, los créditos se dirigían a los másteres, pero en los últimos años ha crecido de forma notoria la demanda de anticipos para carreras universitarias. Si bien, Gallardo indica que el alumnado de posgrado privado, generalmente vinculado al mundo empresarial, es el perfil más habitual de solicitante de préstamo académico. “La inclinación ciudadana de endeudarse para formarse se incrementa de forma estable porque el coste de la vida cada vez es más alto y la sociedad española da mucha importancia a la educación”, prosigue. Estima en 600 euros la media solo para gastos habitacionales en una ciudad como Madrid.
Vender el piso para pagar los estudios
El crédito se pide cuando se han agotado todas las vías de ayuda, como la financiación mediante la propia institución de enseñanza o las becas. También cuando estas no son suficientes, como en muchos casos que implican un desplazamiento a otra autonomía. Pero hay hogares que recurren a opciones alternativas para desarrollar las trayectorias académicas de sus integrantes. Es el caso de Sara, madrileña de 42 años y madre de una familia numerosa, que prefiere no facilitar su apellido para evitar la exposición de sus seres queridos. Su hijo mayor, de 16 años, puede estudiar lo que desea gracias a que sus abuelos vendieron en octubre su piso de la playa, ubicado en Gandia (Valencia)
Los ingresos obtenidos por el inmueble permiten al adolescente cursar el ciclo formativo de grado medio de Técnico en Mantenimiento de Material Rodante Ferroviario con más tranquilidad. “En la Comunidad de Madrid solo hay un centro público que lo oferta, con 30 plazas. No ha entrado y no nos ha quedado más remedio que llevarlo a la privada”, cuenta Sara. La cuota mensual es de 480 euros, cantidad que han logrado reducir casi a la mitad gracias a becas estatales y autonómicas. Son dos cursos y cada uno cuesta 4.800 euros.
“Los abuelos tenían en mente vender el piso para ayudar a los nietos a pagar la entrada de una casa, pero han tenido que adelantar la gestión”, lamenta. Su hijo siempre tuvo claro que quería ser maquinista de tren por lo que después del ciclo medio tendrá que cursar otros estudios no contemplados dentro del sistema de Formación Profesional pública. Se trata de un año académico adicional que suele costar entre 20.000 y 30.000 euros.
“Si no fuese por mis suegros, tendríamos que haber pedido un crédito con los intereses que conlleva. Entre los 600 euros de la hipoteca de la casa, el coche y la vida en general no llegamos a todo”, reconoce la mujer. Sabe que su hijo tendrá que trabajar antes de terminar por completo su formación para conseguir ahorrar: “Las familias necesitamos más plazas públicas y ayudas, es una pena que muchos niños se queden por el camino por no poder permitirse la formación que desean”.
Coincide con ella Adrián Paredes, lanzaroteño de 19 años. Si no estuviese becado por la Fundación La Caixa por ser un alumno con calificaciones excelentes, no hubiera podido cursar el doble grado de Estudios Internacionales y Administración de Empresas en la Universidad Carlos III de Madrid: “No le conceden un crédito a todo el mundo. Cuando estaba en el instituto me sentaba a hacer cuentas para poder estudiar la carrera, pero no me daban. El sueldo de mi madre no llega. El límite económico es angustiante y frustrante, cuando hay tantos años de esfuerzo detrás”.
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