60 minutos en el corazón de Rodalies: trenes fantasma y ni una salida en hora
Al cumplirse un mes del accidente de Gelida el análisis de la circulación durante una hora en la estación de Plaza de Catalunya refleja el desbarajuste del sistema ferroviario catalán

Los problemas e incidencias de Rodalies no son ninguna novedad para los catalanes que utilizan el tren como medio de transporte diario. Las incomodidades forman parte de las conversaciones cotidianas en las estaciones, provocan retrasos en compromisos y, desde hace más de 15 años, alteran la rutina. Tras el accidente de Gelida (Barcelona), que dejó un maquinista muerto el pasado 20 de enero, los problemas de mantenimiento y fiabilidad del servicio, crónicamente conocidos por la población, han vuelto al debate público. Un mes después de que estallara la crisis, Papallones ha pasado una hora en la estación de Plaza Catalunya en hora punta —entre las 8.00 y las 9.00 de la mañana de este jueves— y constató lo que tantos catalanes sufren a diario: de los 21 trenes previstos para esa franja horaria, ninguno fue puntual. Hubo muchos retrasos, algunos adelantos, una línea que sigue sin operar (la R3) y menos trenes de los que figuran en la propia web del servicio de ferrocarril catalán.
Marina y Angélica Figueres, dos amigas peruanas que viven en Barcelona, se dirigían ayer por la mañana a Blanes. “No existen horarios reales. Es todo una fantasía. Los horarios de los mostradores son una trampa. Mira...Blanes llegará en tres minutos, pero esperemos la realidad…”, afirmaba una de ellas ya prediciendo que el tren de las 8.00 llegaría a las 8.14. En la estación de Plaza Cataluña, durante el periodo observado, deberían pasar convoyes de tres líneas: la R1, la R2 y la R3, esta última suprimida por un corte ferroviario sin precedentes para desdoblar algunos tramos desde el pasado octubre.
En la R1 (L’Hospitalet–Maçanet-Massanes), donde se produjo un deslizamiento dos días después del accidente mortal de Gelida, estaban previstos 13 trenes en la franja analizada, pero apenas pasaron 10. El trayecto de Marina y Angélica hasta Blanes acumulaba, por ejemplo, alrededor de 20 minutos de espera. “No te creas, eso es por la mañana. Hay días muchísimo peores, sobre todo por la noche. Hay casos en los que esperamos aquí más de una hora”, señala Marina mientras ayuda a una turista japonesa un poco perdida que quería ir a Sabadell y señalaba en su móvil los horarios, confiada en que se respetarían.
El tramo que buscaba la turista forma parte de la R4 (Sant Vicenç de Calders–Manresa), donde la falta de regularidad del servicio se evidencia no solo en la impuntualidad, sino también en el desequilibrio en el número de trenes. En sentido Manresa debían pasar cuatro, pero finalmente circularon cinco, todos con destino a Terrassa, sin ninguno que completara todo el recorrido de la línea con siete paradas más que siguen con los servicios suprimidos.
En sentido contrario, hacia Sant Vicenç de Calders, apenas pasaron dos, la mitad de lo previsto para esa franja horaria. Un mes después del estallido de la crisis, el tramo sigue interrumpido. En esta línea los retrasos resultaron más llamativos, algunos superiores a los 25 minutos como en el caso del tren hacia Terrassa Nord de las 8.02 que llegó a las 8.28. También hubo adelantos, como el tren a Martorell Central previsto para las 9.02, que pasó a las 8.57. “Parece una tontería quejarse de un tren adelantado, pero la verdad es que también puede ser un problema. Es una lotería, hay que sentarse y esperar a que toque la suerte”, afirma Marina.
La falta de puntualidad sorprendía también a una familia china. Los tres esperaban en la vía 1 la llegada de un tren hasta la estación de Sants. “Vamos a coger un tren a Sevilla y en Google Maps nos salía más rápido ir en tren que en metro. Confiamos, pero ahora estoy un poco preocupado”, comentaba el padre, mientras la niña, con sueño, se sentaba en las escaleras de la estación. El hombre señalaba a la madre en el panel el tren que debía llegar a las 8.14, pero que finalmente pasó a las 8.28. Aunque la comunicación en inglés no fue fluida, los turistas entendían que algo no funcionaba como debería, probablemente acostumbrados a un servicio distinto en sus países.
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