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Las derechas quieren a Sánchez y Puente en el banquillo por Adamuz y los socios le exigen autocrítica

El presidente y el líder del PP transforman el debate en un intercambio de comparaciones sobre cómo se maneja un accidente

Las causas del dramático accidente ferroviario de Adamuz, 24 días después, aún permanecen sin esclarecer tras un pleno de más de seis horas en el Congreso convocado, al menos en teoría, para abordar esa tragedia y la situación de extrema tensión en ciertos tramos de la red ferroviaria. El pleno volvió a convertirse en algo distinto, un mero espectáculo de debate nacional que se repite cada vez que aparece el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, por cualquier tema. Las fuerzas de derecha, PP, Vox, UPN y Junts, utilizaron la ocasión para resolver sus cuentas pendientes. PP y Vox para predecir que terminará en el banquillo de los acusados, como el ministro de Transportes, Óscar Puente. Y sus supuestos aliados de izquierda para reiterarle una demanda que lleva meses repitiendo: que adopte ya un giro social en la legislatura para hacer frente a la ola de ultraderecha que se avecina. Sánchez evitó la autocrítica y se apoyó en datos y estadísticas para desmentir que el problema radique en la falta de inversión o mantenimiento. El presidente y el líder del PP se enfrascaron en un duelo de comparaciones sobre quién gestionó mejor los graves accidentes ferroviarios, ya fuera el de Adamuz o en 2013 en la curva de Angrois, en Santiago de Compostela.

El pleno ya tenía de partida un orden del día muy complicado de buscarle algún propósito, con la expectativa de que el presidente abordara tanto lo sucedido en Adamuz como el caos ferroviario y histórico de los Rodalies en Cataluña, así como las recientes cumbres europeas en un escenario internacional repleto de crisis. El debate se extendió durante seis horas y cuarto, y el jefe del Ejecutivo, en realidad, apenas dedicó diez minutos a hacer un breve balance de los conflictos activos en seis regiones del planeta tan distintas como Venezuela, Irán, Ucrania, los países que firmaron el acuerdo comercial de Mercosur, Groenlandia o el genocidio en Gaza.

Ni el presidente se esforzó mucho ni nadie lo apoyó sobre esos asuntos. El propósito de la sesión era arrastrar Adamuz y el drama de los 46 muertos, las decenas de víctimas y sus familiares al fango político nacional, y se logró ampliamente. Sánchez no hizo más autocrítica que reconocer que, cuando se conozcan las causas del accidente, se implementarán todas las correcciones necesarias y se movilizarán, como hasta ahora, todos los recursos “de todo el Estado en su conjunto” y de todas las administraciones para evitar que se repita. Y detalló todos los datos, estadísticas y planes implementados, prometidos o ejecutados para refutar que, bajo su mandato, se haya invertido menos ni en mantenimiento que en períodos anteriores de gobiernos del PP, tanto en España como en Cataluña.

El líder de la oposición, el popular Alberto Núñez Feijóo, endureció el tono, las formas y el fondo desde el primer instante de su discurso. Acusó al presidente de “mentir” y de “no tener respeto ni sensibilidad” con las víctimas, y le lanzó sus propios cálculos y porcentajes para desarticular las cifras presentadas por Sánchez. Feijóo concluyó con un tono constantemente indignado y alarmista, afirmando que el Gobierno “ha jugado a la ruleta rusa” con la seguridad de los dos millones de usuarios diarios de los 15.700 kilómetros de la red.

El presidente del PP ya ha concluido que el accidente sí pudo evitarse, que hubo múltiples alertas de los maquinistas y de hasta ocho instituciones nacionales y europeas que Sánchez ignoró, acabando por señalar responsabilidades futuras del presidente y del ministro de Transportes, Óscar Puente: “Su negligencia fue continuada y tuvo resultado de muerte. Asuman sus actos. Su Gobierno se sentará en el banquillo también por esto. Donde no deberían seguir sentados es en esos escaños, ni usted ni su ministro de Transportes”. Más tarde precisó que esas responsabilidades podrían materializarse si un juzgado considera la carta que un sindicato de maquinistas envió el 8 de agosto sobre los problemas y deficiencias en las vías, así como las 18 incidencias comunicadas a Adif en el tramo de la recta de Adamuz.

Feijóo llamó en múltiples ocasiones a Sánchez “mentiroso” y “soberbio” y le exigió que se retirara por su gestión de “España a un fallo multiorgánico”. En ese revuelo dialéctico, le reprochó la detención del exministro de Transportes, José Luis Ábalos, las contrataciones en empresas públicas de algunas de sus exparejas, las comisiones de rescate de la SEPI, el intento de regular parcialmente las redes sociales, o el apagón del 28 de abril pasado. Pero también le dedicó algunas burlas a todos los socios, partido por partido, deteniéndose especialmente en Gabriel Rufián, de ERC, y en Yolanda Díaz, de Sumar. A quienes no mencionó en absoluto fueron a Vox, y en correspondencia directa, y para sorpresa del actual clima tenso entre ambos partidos, el líder ultraderechista, Santiago Abascal, tampoco hizo referencia alguna al PP, Feijóo o los problemas actuales que resurgen para gobernar ambos en Extremadura.

Abascal, en su turno, sostuvo que todo era un truco del “compungido Sánchez” para escapar de la escena y refugiarse en foros internacionales con George Soros, o en TikTok, permaneciendo atrincherado en La Moncloa porque no se atreve a salir a la calle. El líder de Vox repitió frases y ataques casi idénticos a los de Feijóo contra “la calamidad” del Gobierno y, tras afirmar que “la corrupción mata”, también supuso que los responsables ahora buscan “impedir el cambio que llega y eludir el banquillo”. Y pronosticó: “Adamuz fue un crimen que les pesará”.

En ese contexto llegó el turno de los socios teóricos. La portavoz de Sumar, Verónica Martínez Barbero, defendió la diferencia en la forma en que este Gobierno, en coalición, actúa frente a otros, y elogió la actual “transparencia, altura y talante”, pero responsabilizó al presidente de su “inmovilismo” en ciertos ámbitos, como cuando el Consejo de Ministros impide la prórroga de la suspensión de los alquileres para las familias más vulnerables. Sumar fue el primer socio que le exigió a Sánchez “más hechos concretos y materializaciones y menos gestos discursivos”.

ERC, EH Bildu, Podemos, BNG o Compromís coincidieron en ese análisis de aprovechar la ocasión para dar un giro más audaz y de izquierdas en las políticas sociales, algo que llevan señalando desde hace meses. Rufián, de ERC y ahora bajo foco por la gira que busca impulsar para responder al tsunami que se avizora de las derechas, centró sus duras críticas en lo que consideró “hipocresías de vendepatrias” de Feijóo y Abascal. Eso sí, no evitó reconocer que las “Rodalies son una mierda” y que en esos alrededores “se trata a la gente a patadas”, pero admitió que no es algo reciente.

La intervención de Miriam Nogueras, de Junts, era esperable y no se apartó en absoluto de la que viene lanzando desde hace meses, desde que el partido de Carles Puigdemont se separó del bloque de investidura el otoño pasado. Nogueras enumeró uno a uno todos los servicios públicos que llevan 50 años funcionando de manera “lamentable” en Cataluña, los ocho colectivos que hoy están en huelga en esa comunidad, y expuso su lista de comparaciones entre inversiones y planes prometidos pero no cumplidos en esa autonomía, frente a los que considera sí se favorecen en la Comunidad de Madrid, bajo el mandato de Isabel Díaz Ayuso. Nogueras culpa de todo ese “caos” catalán a los tripartitos del PSC, ERC y los Comunes, como si Junts nunca hubiera gobernado en Cataluña, y a los gobiernos centrales del PSOE y el PP, que le parecen indistinguibles.

El debate ya se desvió por esos caminos populistas hasta que tomó la palabra la portavoz del PNV, Maribel Vaquero, quien lamentó tanto el “catastrofismo” de las derechas que exigen “dimisiones antes que soluciones” como la ausencia de autocrítica y de explicaciones de un presidente que ya lleva casi ocho años en La Moncloa.

El portavoz del PSOE, Patxi López, aprovechó su intervención en el debate para adentrarse en un análisis detallado de cómo ha actuado este Gobierno, el presidente y el ministro frente al desastre de Adamuz, comparándolo con múltiples tragedias ocurridas bajo gobiernos del PP, desde el Yak-42, el Prestige, el 11-M, las residencias de Madrid durante la pandemia, la respuesta a la dana por parte de Carlos Mazón y, sobre todo, el descarrilamiento de un Alvia en la curva de Angrois al entrar a Santiago de Compostela en el verano de 2013, que causó 80 fallecidos. Las réplicas posteriores quedaron opacadas ante tal nivel de confrontación.

El propio presidente también se aferró a ese guion y casi agotó todos sus minutos desmontando una por una las “mentiras y bulos” que le atribuyó a Feijóo para acusarlo de irresponsable. El líder de la oposición soportó tan mal esa obsesión rectificadora de Sánchez que, con un tono aún más vehemente, lo acusó de no tener vergüenza, de ser repugnante, mentiroso e incompetente, y para justificar su inofensivo rol como presidente de la Xunta durante el accidente de Angrois, llegó a decir que esa curva la había trazado el PSOE.

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