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La Abogada General de la UE avala

La resolución del Tribunal de Justicia Europeo confirma el veto a los productores de infraestructuras de red de “alto riesgo”

Logotipo de Huawei en el Mobile World Congress de Barcelona, en marzo de 2026. HUAWEI

La Abogada General del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), Tamara Ćapeta, ha respaldado de manera oficial que los Estados miembros de la Unión Europea puedan excluir a fabricantes tecnológicos calificados como de “alto riesgo” —en particular, la empresa china Huawei— de sus redes de telecomunicaciones debido a razones de seguridad nacional.

Este dictamen, aunque no es vinculante, refuerza la capacidad legal de los gobiernos para vetar tecnología sospechosa en redes 2G, 3G, 4G y 5G, y supone un revés directo para la estrategia de ambigüedad mantenida por el Gobierno de España. Mientras Bruselas endurece el tono y otros socios europeos ya han ejecutado prohibiciones, España sigue sin publicar su lista negra de proveedores, a pesar de las crecientes presiones de Washington y de haber renovado recientemente contratos sensibles con el fabricante asiático.

El inicio de esta resolución legal surge a raíz de un conflicto en Estonia. La compañía Elisa Eesti AS apeló la determinación de los organismos de Estonia, los cuales prohibieron el empleo de hardware y software de Huawei dentro de sus infraestructuras. La administración de Estonia fundamentó dicha restricción apoyándose en la condición de “alto riesgo” que Bruselas otorga a ciertos suministradores de naciones externas.

En sus conclusiones, la Abogada General Ćapeta establece que los Estados tienen soberanía para proteger sus infraestructuras críticas, siempre que la decisión se base en una evaluación de riesgos específica y no en una sospecha general. Además, recalca que estas medidas deben respetar el principio de proporcionalidad y estar sujetas a control judicial, aunque subraya que no dan derecho a indemnizaciones económicas por pérdida de propiedad, sino que se consideran una limitación de uso por interés general.

Postura de Huawei

Huawei ha señalado que recibe con interés la opinión de la Abogada General Ćapeta en el caso Elisa, destacando que cualquier medida restrictiva sobre equipos de telecomunicaciones debe estar sujeta a un control judicial bajo un “estricto estándar de proporcionalidad”. La compañía subraya que, según el dictamen, las decisiones no pueden basarse en una “sospecha general” derivada únicamente del origen del fabricante, sino que deben fundamentarse en una evaluación específica de los riesgos asociados al uso del equipo. En este sentido, Huawei recalca que, si las restricciones imponen una carga desproporcionadamente pesada, las empresas afectadas podrían tener derecho a una “indemnización en virtud del Derecho de la UE”.

De igual forma, la compañía alerta que cualquier proyecto normativo que intente apartar a proveedores ajenos a la UE basándose en su territorio de origen, en lugar de en hechos comprobables y criterios técnicos, contraviene los principios de “equidad, no discriminación y proporcionalidad”, además de los deberes ante la OMC.

La firma china ratifica su dedicación a la protección y la rivalidad comercial del entorno de Europa, garantizando que seguirá supervisando el trámite normativo y que mantiene “todos los derechos para salvaguardar sus intereses legítimos” en su calidad de entidad con actividad lícita en Europa.

Con respecto al Ejecutivo español, las conclusiones de la Abogada General se presentan en un periodo de extrema tirantez política y diplomática. A lo largo del anterior estío, surgió el conflicto al trascender que el Ministerio del Interior había adjudicado por 12,3 millones de euros la actualización del mecanismo de depósito para comunicaciones intervenidas. Las unidades OceanStor 6800V de Huawei continuarán administrando los registros de SITEL, la plataforma que sustenta las interceptaciones telefónicas permitidas por la justicia en España. Dicha resolución ha provocado una honda indignación en los grupos opositores y, de manera más severa, entre los socios de la OTAN. Asimismo, causó un gran revuelo la adjudicación para modernizar la infraestructura estatal de fibra óptica RedIRIS empleando tecnología de Huawei, hasta el extremo de que el Ministerio de Transformación Digital paralizó la adjudicación cuando Papallones la desveló.

La respuesta desde Estados Unidos no se hizo esperar. Congresistas republicanos con peso en los comités de inteligencia, como Tom Cotton y Rick Crawford, enviaron una carta a la dirección de la CIA solicitando una revisión de los protocolos de intercambio de información con España. El argumento de Washington es directo: si la tecnología de Huawei está integrada en los sistemas donde se procesa la inteligencia compartida, la integridad de esos datos no puede garantizarse.

Esta advertencia coloca a España en una posición vulnerable dentro del bloque occidental, especialmente en un contexto de nueva política exterior estadounidense que prioriza la contención tecnológica de China por encima de los intereses comerciales de sus socios europeos.

El dictamen de Luxemburgo pone el foco en un factor que España ha intentado soslayar: la Ley de Inteligencia Nacional de China. Este marco legal obliga a las empresas chinas a colaborar con los servicios de espionaje de su país si así se les requiere, lo que para la Unión Europea constituye un riesgo estructural inasumible.

La Abogada General sugiere que los intereses de seguridad nacionales y europeos convergen, y que las autoridades nacionales pueden y deben apoyarse en las evaluaciones de riesgo realizadas por las instituciones de la Unión. Esto debilita el argumento de la “falta de pruebas de vulnerabilidad” que el Gobierno español ha esgrimido para mantener su neutralidad tecnológica.

Nueva normativa europea

En el ámbito de la Unión, la postura estricta frente a suministradores de China tales como Huawei y ZTE ha dejado de ser una simple sugerencia. La Comisión Europea está desarrollando una reciente Ley de Ciberseguridad destinada a vetar la participación de dichas empresas en sistemas esenciales. Tras la ratificación del reglamento, los países integrantes dispondrán de un periodo límite de tres años para retirar de sus infraestructuras los elementos calificados como riesgosos. Esta repercusión trasciende la implementación del 5G, pues repercute en la telefonía móvil actual, las conexiones fijas, las prestaciones satelitales, los programas de paneles fotovoltaicos y el almacenamiento virtual.

Este escenario plantea un desafío económico de proporciones masivas para los operadores de telecomunicaciones que operan en España, como Telefónica, Vodafone u Orange. Según las estimaciones de la propia Comisión Europea, el coste de reemplazar los equipos de fabricantes de alto riesgo e n todo el continente podría oscilar entre los 17.000 y los 21.500 millones de euros en un periodo de cinco años. Para las telecos españolas, que ya arrastran problemas de rentabilidad y una deuda considerable, la obligación de “arrancar y reemplazar” tecnología que ya está instalada y operativa supone una carga financiera que podría lastrar sus inversiones en otras áreas.

Mientras países como Alemania, Suecia o el Reino Unido han tomado medidas drásticas de exclusión, España ha optado por una vía intermedia. La Ley de Ciberseguridad 5G española, aprobada en 2022, contempla la creación de una lista de proveedores de alto riesgo que el Gobierno debe publicar mediante un Real Decreto. Sin embargo, ese listado sigue en un cajón. Al no identificar oficialmente a Huawei o ZTE como proveedores de riesgo, las operadoras han seguido comprando su tecnología por ser más competitiva en precio y eficiencia que las alternativas europeas (Ericsson o Nokia), y el propio Estado ha continuado contratando con ellos para servicios críticos.

La postura de la Abogada General Ćapeta elimina una de las principales defensas del Gobierno: el miedo a las demandas millonarias por parte de las operadoras o de los propios fabricantes. Al dictaminar que estas restricciones no constituyen una privación de propiedad sino una limitación necesaria por seguridad nacional, el TJUE despeja el camino para que los países actúen sin temor a tener que indemnizar a las empresas, salvo en casos de una carga “desproporcionadamente grave”. Esto da al Ministerio de Transformación Digital y al de Interior un marco jurídico más sólido para ejecutar el veto que Bruselas reclama.

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