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el juego infinito
Opinión

La foto del Real Madrid que tumba prejuicios

El entrenador es clave como generador de confianza de los canteranos, pero no debe ser el único. El club también debe asumir su papel

Thiago Pitarch conduce el balón en el partido liguero ante el Elche.AFP7 vía Europa Press (AFP7 vía Europa Press)

Frente al Elche quedó una imagen. Cinco chicos de la cantera, unos titulares y otros con minutos sueltos, desmontaron un prejuicio: el que dice que el Madrid no tiene cantera. Conviene matizar. Es cierto que llegar al primer equipo es dificilísimo. Pero también lo es que Europa está llena de futbolistas formados en Valdebebas. Soldados de infantería fiables y fuente de ingresos para el Madrid. Nunca defraudan a los clubes compradores porque aprendieron bien el oficio y son rendidores. Y algunos, como Gila (SS Lazio), Jacobo o Nico Paz (Como), ya con roce exigente en el primer nivel, preparados para ponerse la camiseta del Madrid con garantías.

He visto canteranos debutar, tocar tres balones y marcar un gol. Lo justo para encender titulares y abrir debates apresurados. Como si unos minutos explicaran el viaje completo. Como si el azar de un instante pudiera resumir la difícil travesía de una promesa hacia el profesionalismo. Hacen falta condiciones naturales, esfuerzo para mejorar cada día, aprendizaje para orientar hacia el juego colectivo la ventaja inicial, resiliencia para desafiar adversidades y suerte en algunos cruces de camino peligrosos. Camino largo y lleno de curvas.

Sorprende que no encuentren más espacios en el primer equipo. Al aficionado le emociona reconocer en el campo a uno de los suyos. Porque la cantera, en ese teatro simbólico que es el futbol, representa mejor que nadie la identidad de un club. Si el fútbol cuenta quiénes somos, nadie como quien ha crecido dentro para explicarlo. Los símbolos son el alma de un club. Quien no vea que Butragueño, Raúl, Guti, Casillas o Carvajal lo son del madridismo, está ciego.

Precisamente Carvajal dejó una butaca vacía con su lesión. Una ausencia inquietante que, de pronto, ocupó Pitarch, un chico de 18 años. Desde el primer día pisó el Bernabéu con la autoridad de un veterano y se instaló en el primer equipo como si fuera su casa. Detrás hay una decisión, la de Álvaro Arbeloa, que se atrevió a ponerlo y, sobre todo, a sostenerlo en un contexto incómodo porque el equipo no lograba encontrarse. Sin el entrenador del primer equipo, la cantera no desaparece, pero se vuelve invisible.

Un chico de 18 años metido en cosas de mayores dentro del Madrid es alguien que debe ser gestionado con delicadeza y comprensión. Lo natural es que haya picos de rendimiento, irregularidades propias del aprendizaje y la inmadurez. En ese proceso el entrenador es clave como generador de confianza, pero no debe ser el único. El club también debe asumir su papel. No sirve celebrar cuando todo sale bien y señalar cuando algo falla. Formar es acompañar. Y acompañar es tarea de todos.

El fútbol es valores en acción, y la cantera debería encarnarlos. Un futbolista no es un tipo que va en Ferrari, sino el que llega porque ama el fútbol. Lo otro, dinero, fama, Ferraris, viene después. Los jugadores de la cantera, además de ser un vehículo de alegría para la afición, nos dejan una sensación de cercanía, como la de vecinos con suerte. Chicos accesibles que hacen más amable el fútbol y más querible al club.

Los cinco que jugaron frente al Elche ya saben lo que es pisar el Bernabéu y demostraron que no le tienen miedo. Pero la foto deja algo más importante: un mensaje hacia abajo. Y no es un mensaje cualquiera el de hacer sentir a toda la cantera que el primer equipo no está tan lejos. El Madrid aún está en la búsqueda de un equilibrio que le dé regularidad. Pero hay un camino posible. Y Arbeloa, mirando hacia la base, parece haber entendido por dónde empezar.

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