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Turrientes marcó en las semifinales de

El centrocampista de la Real, autor del tanto de la victoria en San Mamés, se consolida como pieza clave mientras honra la memoria de su progenitor, fallecido en pandemia, con cada celebración

Beñat Turrientes muestra el tatuaje en honor a su padre.José Luis Lorenzo

Su pasión por el fútbol le viene de familia. Su padre, Roberto Turrientes, fue una institución en el Beasain, equipo guipuzcoano que milita en el grupo II de la 2ª RFEF. La repentina muerte de su progenitor, un amante del Liverpool y de la Real Sociedad, hizo tambalear los cimientos de Beñat, que siempre que salta al terreno de juego se besa el tatuaje que se hizo junto a su hermana tras la desaparición de su padre en 2020, al inicio del confinamiento a causa del coronavirus. En San Mamés, después de marcar el tanto de la victoria, también miró al cielo. “Mi padre no está, pero desde ahí arriba seguro que está muy orgulloso de mí. Le dedico este gol y siempre que marco, también”, reconoció al final de la contienda.

Su padre era un enamorado del Liverpool. De la cuadrilla de Pako Ayestarán, segundo de Rafa Benítez durante mucho tiempo, Roberto Turrientes estuvo viendo la histórica final de la Copa de Europa de 2005 entre el equipo red y el Milán jugada en Estambul y que terminó con victoria del Liverpool en una tanda de penaltis en la que Dudek le paró el penalti decisivo a Shevchenko. “Mi padre siempre nos ponía a mi hermana y a mí la canción del Liverpool, siempre veíamos en casa partidos de ese equipo”, recordaba el de Beasain en una entrevista concedida a Relevo. Por ese motivo, tiene tatuado en el antebrazo el You´ll Never Walk Alone porque su padre siempre fue un referente. Su pérdida fue un varapalo del que le costó sobreponerse. “Me dolió mucho. Fue durante la pandemia y no podía salir de casa”, rememora con tristeza. “Me dio mucha pena que se fuese porque era un sueño para él verme jugar en Anoeta, pero bueno, estoy orgulloso de él y seguro que él también de mí”, reconoce uno de los protagonistas en la victoria copera frente al Athletic.

La llegada de Pellegrino Matarazzo le ha cambiado la cara al futbolista, tanto o más que a la Real Sociedad. Antes de la llegada del estadounidense, Turrientes estuvo más fuera que dentro. De hecho, el pasado verano estuvo a punto de hacer las maletas destino Vigo para ponerse a las órdenes de Giráldez, pero la operación no terminó de concretarse. Y en el pasado mercado invernal, Osasuna parecía su destino, con de Alessio Lisci, pero el cambio de entrenador en la Real hizo que Turrientes dijera que no a la oferta del equipo rojillo y apostase por continuar e intentar ganarse la confianza de Matarazzo, algo que sí ha conseguido. “Estoy en un momento muy bueno”, se limita a reconocer un futbolista que lo ha pasado mal.

Pero Beñat Turrientes ha dado el esperado paso adelante que se esperaba de él. Eran muchas las expectativas que se tenían depositadas en este joven centrocampista, oro olímpico en los Juegos Olímpicos disputados en París. Su llegada al primer equipo tuvo lugar en una de las épocas más gloriosas de la institución blanquiazul, con una competencia brutal en el centro del campo. La presencia de futbolistas como Martín Zubimendi, Mikel Merino, Brais Méndez o David Silva le cerraron las puertas de una titularidad de la que ahora se ha hecho acreedor. Se ha convertido casi en indiscutible para Matarazzo después de apenas haber contado para Sergio Francisco.

En la actualidad, cada vez que Beñat Turrientes salta al campo, no se encuentra desamparado. En su brazo exhibe ese You’ll Never Walk Alone que pasó de ser meramente la canción del Liverpool a volverse un juramento personal, un nexo perpetuo con su progenitor. El gesto de besar su grabado ya no constituye solo un hábito, sino una expresión de ideales, un recuerdo de sus inicios y de quien le transmitió el entusiasmo por el balón. Roberto Turrientes deseaba verlo triunfar en Anoeta, progresando entre los profesionales, y aunque falte en las gradas, su imagen persiste en cada movimiento de su descendiente. En cada gesto hacia lo alto tras marcar, en sus festejos sobrios y en cada segundo obtenido con tesón y entrega, sobrevive el recuerdo del padre que le enseñó que el balompié es corazón, estirpe y compromiso. Ahora, firme y fundamental, Beñat respeta esa herencia de la única forma posible: jugando y probando que, en efecto, nunca caminará solo.

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