El cambio climático agravó los megaincendios en Chile y Argentina
Un estudio de WWA afirma que las condiciones extremas que favorecen los incendios en estas zonas son entre 2,5 y tres veces más probables debido al incremento de la temperatura global


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El inicio de 2026 ha sido extremadamente caluroso para el extremo sur de América Latina. El 5 de enero, en la región de Chubut, en la Patagonia argentina, se registraron los primeros incendios, que se propagaron con rapidez y devoraron casi 45.000 hectáreas en su trayectoria. Una semana después, el 16 de enero, en las regiones de Biobío y Ñuble, en la zona centro-sur de Chile, se repitió la misma situación: las llamas avanzaron hasta alcanzar aproximadamente 65.000 hectáreas, con varios focos cerca de Concepción, la segunda área metropolitana más grande del país. Los efectos ya son devastadores. En Argentina, donde aún no se han contenido los fuegos, se declaró estado de emergencia tras el desplazamiento de 3.000 personas y por los daños causados al Parque Nacional Los Alerces, hogar de estos árboles (Fitzroya cupressoides), que comúnmente viven más de 3.000 años. En Chile, con cifras que ascienden a 23 muertos, 1.000 viviendas reducidas a cenizas y más de 52.000 personas desplazadas, el Gobierno se unió a la declaración de estado de catástrofe.
En cuanto a la intensidad, el ministro de Seguridad de Chile, Luis Cordero, señaló que lo ocurrido este año puede considerarse un megaincendio, episodios devastadores que el país ya atravesó en 2017, 2023 y, más recientemente, en 2024, cuando las l lamas en Valparaíso dejaron 135 muertos. Y su repetición no es casual: el cambio climático provoca que las condiciones extremas que favorecen la propagación del fuego se vuelvan cada vez más comunes.
“Estimamos que, para esta región de Chile, ahora es tres veces más probable que se den las condiciones extremas propicias para los incendios debido al cambio climático”, asegura la doctora Clair Barnes del Imperial College London y parte de World Weather Attribution, un grupo de científicos que realiza estudios rápidos sobre fenómenos extremos para determinar qué papel jugó el cambio climático en ellos. En el caso de Argentina, por su parte, el aumento de probabilidad es de 2,5.
Para llegar a esta conclusión, el equipo consideró lo que se denomina “índice de calor, sequedad y viento”, que precisamente incluye los factores que permiten que las llamas se propaguen: altas temperaturas, baja humedad y fuertes vientos. Asimismo, señala la doctora Friederike Otto, profesora de Ciencias Climáticas de la misma universidad, que analizaron cómo habían sido las lluvias estacionales en los tres meses previos a los incendios en cada zona. Tras comparar lo que ocurre actualmente con lo que podría haber ocurrido si las actividades humanas no hubieran elevado la temperatura global, el estudio determinó que “su disminución de intensidad es de aproximadamente un 25% en la región chilena y de alrededor de un 20% en la región de la Patagonia”.
La influencia del fenómeno de El Niño y el modo anular del sur, aseguran las investigadoras, “es muy pequeño en comparación con la contribución del cambio climático”, descartando así a otros posibles responsables de los eventos.
A la ecuación, además, se suman dos capas. “El incremento de árboles no nativos, como lo son las plantaciones de pino, aumentan la magnitud de los incendios”, agrega Mauricio Santos-Vega, del Centro Climático de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, durante una rueda de prensa. “Se ha venido remplazando una vegetación nativa que está más adaptada a estas condiciones”.
Pero también influyen las políticas de cada nación. Mientras en Argentina, bajo el Gobierno de Javier Milei,, el presupuesto para el Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF) se ha recortado –incluso un 71% para 2026, según análisis de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN); en Chile, tras experiencias criticadas, la administración de Gabriel Boric lo ha incrementado. Para la temporada 2025-2026, el Plan de Acción de Prevención, Mitigación y Control de Incendios Forestales aumentó casi en un 100% en comparación con lo asignado en la temporada 2021-2022.
En Chile –afirma Juan Antonio Rivera del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (Conicet)-, “la situación de emergencia tuvo una ventana temporal muy corta: se tomaron medidas rápidas para apagar los incendios y mitigar los impactos. Mientras que en Argentina todavía vemos que la situación esta fuera de control”. Y ya sea que se crea o no en el cambio climático, persiste el hecho de que los países experimentan la intensidad de sus efectos.
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