Cuba afronta una caída del turismo agravada por la reducción de los vuelos por falta de combustible
Varios grupos de visitantes han sido reubicados en hoteles de categoría superior ante la crisis energética de la isla

Cada día que pasa desde que se han intensificado las amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra Cuba la situación se pone más negra para el país caribeño. Ni el sector del turismo, históricamente impulsado por las autoridades por garantizar la entrada de divisas extranjeras, ha escapado a las medidas de contingencia con las que el Gobierno pretende hacer frente a la escasez de combustible, derivada del bloqueo energético impuesto por Washington. A esto se suma el anuncio del Ejecutivo de que ya no le queda más combustible para la aviación comercial, lo que ha provocado una reacción de las aerolíneas que pronto se sentirá sobre la maltrecha economía cubana.
Este lunes, Air Canada, que lleva a la isla a gran parte de los turistas que la visitan, anunció que suspende operaciones hasta mayo. Iberia mantiene la frecuencia, pero ofrece devoluciones y cambio de billetes y, junto con Air Europa, hará parada técnica en Santo Domingo para repostar. Solo Aeroméxico mantiene sus operaciones sin variaciones.
En los hoteles ya se ha empezado a sentir la incertidumbre. Cuando David Torres (29 años), un trabajador del hotel Metrópolis, en el centro histórico habanero, escuchó a uno de los jefes decirle al informático que guarde toda la información sensible en discos duros porque iban a “apagar el hotel”, sintió un vacío paralizante y desmoralizador.
Él, junto a sus compañeros de trabajo, llevaban meses afinando los detalles para la apertura del inmueble, recién restaurado, otro de esos nuevos hoteles que en los últimos años las autoridades de la isla han construido en La Habana pese al malestar de no pocos ciudadanos. “Fue triste ver las luces del hotel apagarse y ver a la gente salir desilusionada después de tanto esfuerzo para realizar una apertura que, de momento, no ocurrirá”, asegura el joven trabajador de este hotel, que no ha sido el único que ha echado el cierre en el país.
Las autoridades han dispuesto el cierre temporal de locales que, como el Metrópoli, no estaban prestando servicios todavía, así como de otros que tenían poca presencia de turistas, los cuales han sido reubicados en hoteles con mejores condiciones para afrontar la actual emergencia energética. Lugares como Hotel Meliá Cohíba, el Hotel Nacional de Cuba o la polémica Torre K (el edificio más alto de Cuba) parecen no enterarse todavía de la escasez de combustible que sufre la isla.

A David le tocó tomar vacaciones, impuestas con la correspondiente retribución salarial (unos 9.000 CUP, unos 16,6 euros al cambio oficial de este lunes). A otros les tocó la suspensión de empleo, también con la garantía del pago del salario mínimo durante un mes. Pasado ese tiempo, todos los trabajadores tienen la opción, cuenta David, de acceder a la llamada bolsa laboral, donde serían reubicados en otros puestos, en otros hoteles, por el tiempo que dure la contingencia. “Por suerte, ya estaba barajando otras opciones y había empezado en un segundo trabajo, en el sector privado”, asegura aliviado el joven, que aun así no disimula el shock que le ha supuesto esta situación de parálisis. “Es un cambio repentino que estamos tratando de encajar en la economía familiar”, acota.
Más allá de los insignificantes salarios, los trabajadores del turismo en Cuba valoran y defienden su posición por la cercanía que tienen a los turistas y sus propinas en dólares. “Es la verdadera ganancia para todos nosotros”, asegura desde la provincia de Matanzas, al este de la capital, otra trabajadora del sector, ocupada en una de las empresas del grupo militar Gaviota. “Varadero hace tiempo es una ciudad fantasma . La situación es crítica”, asegura. El considerado como mayor destino de sol y playa de Cuba, la joya de la corona del turismo en la isla, tampoco ha escapado al notable deterioro de la industria turística. La crisis actual se suma al repliegue de la cifra de visitantes extranjeros en los últimos años, que en 2025 registró sus peores números, por debajo de los dos millones de visitantes.

Es una constante en Varadero, cuenta la joven en condición de anonimato, ver las calles y los restaurantes prácticamente vacíos. “Los espacios de recreación casi no tienen clientes; no hay variedad de oferta y la calidad ha mermado mucho”, asegura sobre la menguada llegada de visitantes que, en su mayoría, ahora son rusos, chinos, latinoamericanos y, en cantidades más discretas que en etapas anteriores, canadienses y españoles. “Ahora, con el déficit de combustible, todo este escenario empeorará y las condiciones para los que sigan trabajando también”, agrega.
Esta joven también se ha visto obligada a solicitar vacaciones. “Te pagan el mes completo, pero si la situación se extiende, seremos considerados interruptos hasta nuevo aviso”. En el caso del novio de esta joven, mesero en uno de los hoteles con régimen todo incluido de Varadero, donde cobra 7.000 CUP mensuales (alrededor de 13 euros al cambio oficial), más las propinas que pueda conseguir de los turistas, se ha ingeniado la forma de ir y volver de su trabajo, porque sus empleadores ya no pueden garantizar el transporte del personal.
Han surgido, en cambio, iniciativas privadas —“y no sé de dónde sacan la gasolina para eso”, cuenta la joven— que organizan viajes de ida y vuelta en grupos de WhatsApp para los trabajadores. Otras cadenas turísticas han dispuesto hoteles aledaños, que estaban clausurados, como albergues para que sus trabajadores pernocten allí, sin condiciones para ello. “Tienen que llevar sus sábanas y colchas para dormir, todos sus enseres y quedarse en un régimen por varios días, según lo decida la administración del hotel. Si no, te dicen que pidas la baja”, explica.
Paneles solares para seguir abiertos
Mientras los trabajadores de los hoteles del Gobierno procesan el balde de agua fría que supone este impasse para muchos, en las casas de renta particulares y otro tipo de emprendimientos privados asociados al turismo que han surgido en los últimos años, intentan adaptarse para capear el temporal. Celine Terry gestiona una especie de hotel boutique cerca de la Plaza de la Revolución, con cinco habitaciones, para el cual ha procurado la autonomía energética instalando paneles solares que importó a través de una empresa privada.
“Todo lo que estamos empezando a vivir estos días se siente como en los tiempos de la pandemia y las restricciones de movilidad”, comenta la gestora, que dice que 2025 fue muy malo en cuanto a la llegada de huéspedes, salvo por grupos con fines académicos que le permitieron darle vida al negocio. “Cuba no se está vendiendo como destino en las agencias de viajes. Y cada vez es menos recomendado”, asegura Terry, quien ha tenido que enfocar su negocio más allá del turismo, a posibles clientes locales, con el desarrollo de actividades relacionadas con el bienestar y sesiones de yoga. “De seis trabajadores nos quedamos con dos”, lamenta.
La incertidumbre planea cada decisión que toman los cubanos estos días y en el sector del turismo, esa sensación parece más aguda. Se percibe una ansiedad generalizada, desde una guía turística que desde inicios de año no ha podido hacer ningún tour, porque las reservas que tenía fueron canceladas, hasta los taxistas que aguardan a las afueras del Hotel Nacional de Cuba y aún no saben dónde y cuándo las autoridades les permitirán repostar gasolina para continuar con su trabajo. “De todas las especulaciones que puedas hacer, la única que se cumple es que todo va a ir a peor”, sintetiza Eugenio, uno de los choferes apostados a las afueras del hotel, quien recuerda como un sueño los tiempos del deshielo y Obama, cuando solía tener mucha clientela y notables ganancias.

De aquellos años de bonanza, María R. Recuerda lo lucrativo que era para ella alquilar su casa de renta en La Habana Vieja. Poco a poco, gracias a ese dinero, fue comprando otras casas y hoy tiene cuatro apartamentos dispersos por puntos estratégicos de La Habana. “Llevamos unos cuantos años, desde la pandemia, que el turismo no se recupera”, cuenta la propietaria, quien asegura que estos últimos meses ha tenido cierta clientela que le asegura una entrada estable de dinero. “No estoy teniendo muchas reservaciones a largo plazo, me están entrando casi de la noche a la mañana”, explica, y asegura que no ha pensado en comprar ninguna planta eléctrica para sus casas de renta, porque “no sería una inversión que pueda recuperar fácilmente”.
Le preocupa que “están cancelando muchos posibles viajeros. Yo he sufrido cancelaciones y otras amistades que se dedican a lo mismo también. Primero era por miedo al virus, los apagones y ahora esta situación que no se sabe qué pasará”. Aún así, María R. No piensa abandonar su negocio, que combina con su labor de taxista. “Siempre, aunque esté muy malo el negocio, te va a generar algo”.
Frente al escenario actual, con las posibilidades de que las cosas mejoren lejos en el horizonte, María R., como tantos cubanos, no pierde la esperanza y la certeza de que “esto se va a resolver cuando haya un cambio de sistema, cuando Cuba sea un país libre y democrático”. Mientras tanto, lo único que hacen, dice, ”es sobrevivir”.
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