Daniel Briceño admite que superó sus
El representante electo por Bogotá, que recabó más de 260.000 votos, explica su éxito a los 34 años y hace un diagnóstico de la renovación en el uribismo


Daniel Briceño fue uno de los grandes ganadores en las elecciones legislativas del pasado domingo. El exconcejal de Bogotá, electo representante a la Cámara por el Centro Democrático, obtuvo más de 260.000 votos, que lo convierten en el congresista más votado de 2026, y el tercero en la historia de Colombia, solo por detrás del expresidente Álvaro Uribe y de Antanas Mockus. Briceño, de 34 años, forma parte de una nueva generación de políticos cuyo capital político depende, casi en su totalidad, de su presencia en las redes sociales. “Aunque estoy en la calle ahora, yo nací en las redes”, cuenta en una entrevista con este diario, en la que profundiza sobre su éxito y los retos en su partido.
Pregunta. ¿Se imaginó conseguir esa votación?
Respuesta. Uno nunca se imagina ser el congresista más votado, mucho menos cuando está empezando en la vida política. Según vi los rankings históricos, soy el tercero más votado en la historia del país. La verdad es que ni en mis escenarios más optimistas pensé que esto iba a pasar. Ni siquiera sé qué siento todavía.
P. Los ojos estarán puestos sobre usted. ¿Siente más presión?
R. Quienes nos dedicamos a la política de opinión siempre enfrentamos una mayor exigencia. Triste y afortunadamente, los electores pueden sancionarnos con gran facilidad: en el instante en que erremos, dejan de respaldarnos. Es una inquietud que no afecta a los políticos de estructura, los cuales, sin importar su desempeño, logran su reelección cada cuatro años. Por ello, considero que ser el más votado me otorga un compromiso extra: aunque multitud de personas confían en mi gestión, también me he vuelto un blanco prioritario para los contradictores. Cada palabra o acto que realice será sometido al juicio público.
P. ¿Qué tanto debe su éxito a las redes sociales?
R. Yo soy un nativo digital. Aunque estoy en la calle ahora, nací en las redes y eso marca una gran diferencia. Muchas veces me encuentro a personas que me dicen que me conocen por las redes y por eso, para mí, son lo más sagrado. Tanto que las manejo todas, nadie lo hace por mí.
P. Entonces, ¿se considera un influencer?
R. No, me diferencio de ellos en que el influenciador es el que hace contenido digital por plata —algo absolutamente legítimo—. Nosotros, que hacemos política, expandimos nuestras ideas a través de las redes sociales y generamos un liderazgo digital con el que estamos creando una comunidad. Los que se quemaron el domingo y se creían influenciadores no se dieron cuenta de que la gente busca algo concreto en las redes. Si uno empieza a hablar de un tema y de un momento a otro lo cambia, la gente no te va a votar. A mí me siguen por lo político y por las denuncias que hago. Siempre hay que ponerle más atención al fondo que a la forma, porque hay mil formatos y a todos hay que acomodarse.
P. ¿Seguirá haciendo control político?
R. El control es muy distinto a la oposición. Le hice control y oposición a Gustavo Petro, pero le hice control al alcalde Carlos Fernando Galán aun cuando nuestra bancada estaba con él. Espero que ganemos el Gobierno y le pueda mostrar a la gente que control no es necesariamente oposición, es una herramienta fundamental de hacer política. Es importante y es indispensable que sea permanente, sin importar el color. Yo fui muy crítico con el escándalo de Ciro Ramírez [senador de su mismo partido, imputado por delitos de corrupción] y eso no le gustó mucho al partido. Yo creo que hay más gente que no me quiere dentro del partido que fuera de él, pero, como dijo Winston Churchill, eso es lo normal.

P. ¿Cómo ve la figura del expresidente Álvaro Uribe, fundador y cabeza de su partido?
R. El presidente sigue siendo el estandarte del partido, pero le ha dado apertura. También ha cedido la vocería a mucha gente sin él meterse. Es muy respetuoso en las formas de cómo hace uno las cosas; nunca me ha dicho que hay algo mal. Antes de las elecciones me preguntó si, así como en el Senado, cerrábamos la lista en la Cámara por Bogotá. Le expliqué que sentía que eso iba a ser una barrera para el votante que prefiere elegir individualmente a un candidato, y más cuando, para ser representante, se hace una campaña más cercana al ciudadano.
P. Uribe ha apostado por caras más jóvenes para renovar el partido. El mejor ejemplo es usted, que tiene 34 años y fue cabeza de lista. ¿Se siente esa misma renovación de puertas para dentro?
R. El partido creció y nació con la gente que gobernó con el presidente Uribe. Ellos fueron sus pilares. Pero, obviamente, llegó a un estancamiento por la falta de renovación. Se siente en el interior, y es gracias a Miguel Uribe Turbay. Él promovió que se hicieran consultas abiertas para elegir a los candidatos de ediles en Bogotá y ayudó a renovar la lista del Concejo con nuevas caras. Eso les mostró a los más jóvenes que había oportunidades de crecer en el partido.
El voto de centro en la capital está absolutamente desaparecido.
P. ¿Uribe busca un sucesor?
R. De lo que he visto, no está pensando en eso, sino en cómo mantener a largo plazo un partido en el que él no esté. Siente que tiene ya bastantes años y por eso hizo la apuesta del Senado, sacrificarse en el puesto 25 e impulsar a figuras que no tienen mucho capital político, pero que serán relevantes en la escena política en los próximos cuatro años.
P. El Congreso que se instalará no tiene mayorías claras. ¿Con quiénes negociará el próximo 20 de julio?
R. Hay que hacer un acuerdo en tres temas fundamentales. El primero es la visión económica; el segundo es la salud, en la que defendemos enteramente el modelo público-privado; el tercero, la visión sobre la sociedad en varios puntos como la educación y la justicia. Yo sé que la JEP es un tema relevante, pero es una discusión que no tiene sentido dar 12 años después. Teniendo eso en cuenta, no hay nada que negociar con el Pacto, con algunos verdes quizá. Llamaremos a los conservadores para preguntar si seguirán siendo petristas o que digan qué están buscando.
P. El ánimo de Paloma Valencia de negociar hacia el centro abre debates ideológicos sobre el Centro Democrático, como que Salvación Nacional diga que ustedes no son realmente de derecha. ¿Es así?
R. Es que hay varios tipos de derecha. Salvación Nacional es una combinación del trumpismo y el bukelismo, muy proteccionista, mientras que yo veo al Centro Democrático más cercano a una derecha más social y basada en la seguridad. Igual es claro que dentro del partido hay distintas visiones: unas traen la visión de Uribe; otros, como yo, somos de una derecha mileísta. En eso nuestro partido es muy abierto. Tenemos ejemplos como el mío o el de Andrés Forero, que somos muy conservadores, pero no hacemos política con temas morales.
P. Si le atrae Milei, ¿le gusta el concepto de una motosierra para recortar el Estado?
R. Yo creo que el papel del Estado debe ser más auxiliar que principal. Los recursos públicos de Colombia se suelen manejar a través del derroche y no desde la austeridad, que es una de mis grandes banderas. Para solucionar los problemas de la vida de la gente no se necesita crear una entidad. Si hay un problema con la igualdad, no se necesita un ministerio; tampoco con las ciencias o el deporte. Hoy vemos que, aun con ministerios, no hay ni mejor igualdad, ni ciencias ni deporte. Es una idea burocrática que ha demostrado que no funciona.
P. Usted es el candidato más votado en Bogotá, pero el Pacto sigue siendo la fuerza más importante ¿Cómo apela a una ciudad que tradicionalmente vota por el progresismo?
R. Bogotá está en una especie de bipartidismo. El Pacto saca ocho curules de Cámara y el Centro Democrático seis, a las que, si sumamos la de Salvación Nacional, somos un bloque de siete. Que de 18 escaños, 15 estén entre el sector de la oposición más duro y el oficialismo, es un indicador muy grande de que hay dos visiones de cómo debería funcionar la sociedad. Otra conclusión: el voto de centro en la capital está absolutamente desaparecido.
P. En público tiene que apoyar la candidatura de Paloma Valencia, pero ¿qué opina de ella?
R. Yo no era tan cercano a Paloma; en la baraja de precandidatos, lo era mucho más a Miguel Uribe o María Fernanda Cabal. Pero me ha sorprendido mucho su capacidad: es de lejos la mejor congresista en estos últimos cuatro años. Además, coincidimos en varios puntos. Paloma fue muy documental al hacer sus denuncias, como lo hago yo. También coincidimos mucho en los temas de educación. Así, me acerqué más a ella y tengo que decir que es una persona muy capaz y la mejor ficha que tiene el partido, al tener principios fuertes, pero estar abierta a conversar con otros sectores.
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