Medellín, la ciudad bastión del uribismo en la que se fortalece el ultra Abelardo de la Espriella
El abogado de la derecha radical apuesta por tener una alta votación en la segunda ciudad de Colombia, que tradicionalmente vota por el candidato del expresidente Álvaro Uribe


En Medellín se respira política. Calles enteras en el norte, sur y el centro de la segunda ciudad de Colombia están repletas de publicidad de los candidatos al Congreso, que se miden este domingo en las elecciones legislativas, y también de aquellos que aspiran ser el próximo presidente. Los protagonistas de las vallas y carteles desplegados en todas partes son, de lejos, los partidos de derecha. La capital de Antioquia es el bastión más importante del uribismo, la corriente política fundada por el expresidente Álvaro Uribe. Por primera vez en dos décadas, esa hegemonía se ve comprometida: el outsider ultra Abelardo de la Espriella quiere dar el campanazo y ser él quien le compita la Presidencia a la izquierda.
En el Centro Democrático, el partido liderado por Uribe, son conscientes de este meteórico e imprevisto ascenso. “Abelardo aprovechó el vacío del partido para impulsar su proyecto”, señala un dirigente antioqueño del partido que pide no revelar su nombre. Tras el asesinato del senador Miguel Uribe, a mediados de 2025, la formación política dilató el proceso para elegir un candidato único y este, además, estuvo lleno de cuestionamientos públicos. Pese a todo, el político no cataloga a De La Espriella como una amenaza. “Yo veo muy fuerte a Paloma [Valencia, senadora y candidata presidencial], pero si es él quien pasa a segunda vuelta, lo vamos a apoyar. Al final vamos a terminar aliados. La verdadera amenaza es Iván Cepeda, el heredero de Gustavo Petro”, explica sobre el choque con la izquierda.





Durante los últimos 20 años, Medellín ha sido la ciudad más importante para la derecha. Después de la Presidencia de Uribe (2002-2010), han vencido todos los candidatos que tuvieron su aval: Juan Manuel Santos (en 2010), Óscar Iván Zuluaga, Iván Duque y Federico Fico Gutiérrez. Aunque ese apoyo no siempre se ha traducido en un pase directo a la Casa de Nariño, sí demuestra que el uribismo sigue con vida.
De ahí el tamaño de la prueba que enfrenta Valencia. Pese a que una nueva ley de encuestas impide publicar los datos discriminados por departamento, el director de una encuestadora revela, bajo anonimato y sin dar cifras exactas, que De La Espriella tiene mucha fuerza en Antioquia. “Lidera, aunque no por mucho”. Los acumulados nacionales dan peso a esta afirmación: desde diciembre, casi todos los sondeos lo ponen como favorito para competir en una casi cantada segunda vuelta con Cepeda. Pero la batalla sigue abierta.
En el Club Campestre de Medellín, uno de los sitios más exclusivos de la ciudad, habla Jaime Uribe, coordinador de la campaña de De La Espriella en Antioquia. Se unió a la campaña sin experiencia política, como un “ciudadano preocupado”. Es optimista con ganar en primera vuelta, aunque ninguna encuesta esboza este escenario. “Los votos son los mismos del uribismo, pero estamos compitiendo en democracia y nuestro enemigo es Cepeda, no el Centro Democrático. Con ellos somos primos hermanos”, señala.

De La Espriella, un abogado criado en la costa Caribe, quiere ganarse Medellín. Solo en febrero, visitó la ciudad en dos ocasiones, más que cualquier otro candidato. El coordinador Uribe concede que hay una “afinidad” con los paisas. “Los antioqueños somos muy trabajadores y no nos gusta que nos regalen nada. La gente ve eso en Abelardo”, asegura. Otro tema que alinea al votante de derecha es el discurso de mano dura en seguridad.
― ¿Es De La Espriella un candidato de extrema derecha?
― Yo no tengo ni idea qué es eso. Lo que sé es que Abelardo es de extrema coherencia. ¿Es extremista querer las cosas bien hechas, que le guste la familia, la libertad económica y la propiedad privada? Son la base de nuestra sociedad.
La desafección como alternativa
En la Central Mayorista de Antioquia, la central de abastos más grande del departamento, ubicada en el municipio de Itagüí, a muchos les llama la atención este candidato histriónico. Rogelio Cano, que vende fresas desde hace más de dos décadas en un carrito expendedor, dice que le gusta “su forma de hablar”, aunque admite que no hay que quedarse en las formas, sino en ver que se cumpla lo que se promete. Otros comerciantes y compradores coinciden: no importa mucho por quién hayan votado en los últimos años, porque pocos hacen un verdadero cambio. A Noelia Ospina, una jubilada de 81 años, le “da pereza el tema”. “Ahora me pelan el diente, pero cuando llegan al poder ya ni más”, indica. La desafección política es predominante.
Evelio Pérez, presidente de la Mayorista y dirigente departamental del partido de centroderecha Cambio Radical, reconoce el problema y destaca la relevancia de las legislativas del 8 de marzo. “Son fundamentales para que senadores y representantes con mano firme lleguen al Congreso. Queremos congresistas que defiendan la empresa privada y respeten a las cortes”, dice, en una crítica al actual Gobierno. A su lado se sienta María Teresa Montoya, candidata a la Cámara por el Centro Democrático. Son amigos de toda la vida y tienen ideales muy similares. “Para mí Uribe es un héroe y el papá de los pollitos. Por él es que Antioquia es tan de derecha”, considera ella.

Los de Fico como nueva opción
Además del uribismo, en Medellín se ha instalado otra corriente de derecha que busca establecerse en la política nacional: el fiquismo. El alcalde Fico Gutiérrez, candidato presidencial de la derecha en 2022, no solo consiguió en 2023 la mayor votación en la historia de la ciudad (689.000 votos), sino que ostenta con holgura el control del Concejo. Su movimiento, Creemos, tiene 8 de los 21 cabildantes. Ante esta vitalidad, el partido quiere dar el salto a la política nacional, con candidatos al Senado y Cámara, y con el apoyo de De La Espriella.
Andrés Bedoya, candidato al Senado, explica que decidieron apostar a las legislativas con el ultra porque “las decisiones no dan espera”. “Podemos aportar a su candidatura porque este departamento es un muro de contención frente al petrismo. Tenemos una frase: si Antioquia resiste, Colombia se salva”, dice el exconcejal en la sede de su campaña.
Los analistas consultados opinan que será difícil que Creemos llegue al Senado. Por un lado, son sus primeras justas electorales a nivel nacional; por otro, necesitarían de al menos 600.000 votos, según las proyecciones, para alcanzar el umbral mínimo. A la Cámara, en cambio, podría entrar con unos 70.000 votos, un escenario más viable. El intento de dar este salto ocurre al tiempo que el Centro Democrático espera incrementar su número de escaños y que el partido de De La Espriella, Salvación Nacional, también busca entrar con fuerza en el Congreso apoyado en el voto abelardista.
Bedoya desecha cualquier duda: “No nos preocupa el trino del opinador que se cree gurú de la política que no ha sacado un voto. No es que estemos confiados, estamos tranquilos de que venimos haciendo un buen trabajo, que se siente en las calles”. Tras la entrevista, el candidato atiende un mitin político en el Centro Comercial San Diego, en el que la pregunta no es si van a llegar al Congreso, sino con cuántos escaños.
Con aún mayor tranquilidad, sustentada en las probabilidades, habla el aspirante al Senado Hernán Cadavid. Es cuarto en la lista cerrada del Centro Democrático que, según cálculos internos, conseguiría entre 18 y 20 senadores. Hoy es representante a la Cámara. “El partido está renovado: tenemos nuevos liderazgos regionales en varios lugares del país, hay un relevo generacional con cabezas jóvenes [él tiene 39 años] y mucha más representación femenina”, manifiesta, sentado en un parque en el barrio Laureles bajo un intenso sol.

Sobre el reto que representa De La Espiella para su partido, Cadavid no se cohíbe y reconoce que ese candidato “desafía electoralmente la base” uribista, con una campaña “disruptiva, pero legítima”. Aun así, cree que la gente apoyará masivamente al uribismo porque no son una “campaña espectáculo”, porque están muy establecidos y por contar con el apoyo irrestricto del expresidente Uribe.
¿Y la izquierda?
“Aquí la izquierda no existe”, repiten casi al unísono varios de los entrevistados. Pese a la hegemonía de la derecha, no deja de ser una afirmación engañosa. En 2019, la derecha perdió la Alcaldía contra Daniel Quintero, quien hizo una campaña independiente basada en la lucha contra la corrupción y que luego se ha denominado a sí mismo como un político de izquierda. “Dejó huevitos que eclosionaron y que están en varias zonas de la ciudad”, comenta María Teresa Montoya, candidata uribista a la Cámara de Representantes.
Uno de esos sitios es San Javier, mejor conocido como la Comuna 13. Esa zona ubicada en las montañas del occidente de Medellín fue, hace una dos décadas, uno de los lugares más peligrosos del mundo. En 2002, cientos de personas fueron desaparecidas y asesinadas extrajudicialmente durante la llamada Operación Orión, un operativo ordenado por el entonces presidente Uribe contra con las milicias guerrilleras. El trauma que dejó aun reverbera tantos años después.
La Comuna 13 se ha revitalizado en la última década, según coinciden expertos y vecinos. Proyectos sociales y artísticos han hecho que hoy sea un sitio turístico: se proyecta que cada día la visitan entre 2.000 y 3.000 personas. La pobreza, la memoria de esos infames días y la poco efectiva estrategia de seguridad han sido el caldo de cultivo para que muchos de los cerca de 160.000 habitantes voten a la izquierda o, de plano, no crean en el sistema.
El guía turístico que se hace llamar Pájaro, uno de las 700 personas que se dedican a este oficio en la zona, lo explica. “Hay muchos aquí que odian a Uribe y la gran mayoría de las personas votan a la izquierda. Muchos perdimos familiares y amigos y vimos la muerte de cerca. Eso no se olvida. Pero si me preguntan a mí, y no soy el único, ni derecha ni izquierda ni centro, ni nada. Todos vienen aquí en campaña, pero el Estado nos tiene en el olvido. Estamos solos”, asegura.

En las visitas, el Pájaro, que lleva viviendo toda su vida allí, muestra la cara amable de la comuna, pero no oculta la realidad: las extorsiones siguen, hay asesinatos (aunque generan más conmoción que antes) y la policía apenas hace presencia. Lo hizo masivamente pocos días antes, cuando De La Espriella llegó a hacer campaña. No habló mucho de propuestas, pero sí hizo un freestyle de rap.
En una parada del recorrido, doña Juanita, dueña de una tienda de comestibles, da voz a lo que dicen muchos en su barrio: “Aquí hemos vivido de todo. Uno promete una cosa, el otro otra y aquí nos hemos levantado solo nosotros mismos”.
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