‘Scarpetta’: Una serie a la altura de un clásico aún por reconocer
Nicole Kidman interpreta impecablemente al personaje creado por Patricia Cornwell en 1990 y que generó el modelo de mujer independiente en la ficción (no solo) criminal, pero al que los prejuicios sobre el género mantenían en un opacado segundo lugar


El año era 1990, y la ficción criminal de procedimiento, el llamado police procedural, esto es, la ficción detectivesca basada en el trabajo cotidiano de la policía —su burocracia, las salas de autopsia, los laboratorios de muestras, las escenas del crimen como frescos de los que extraer al culpable a partir de restos biológicos—, era aún un territorio inexplorado. Y aún lo era más el de la mujer como miembro activo —como la heroína— de un género que la daba por muerta una y otra vez —pues la mujer era la víctima en casi el 100% de los casos relatados por cualquier policial—, y que lo sigue haciendo. Por eso es importante dejar clara desde el principio la importancia de Kay Scarpetta, la solitaria y dura, exigente a la par que vulnerable y superdotada, forense jefe creada por la escritora Patricia Cornwell a finales de los ochenta y cuyo primer caso, Post Mortem, se publicó en 1990.
Es Scarpetta el modelo de mujer independiente que, en la ficción —y no solo criminal—, se tiene hoy en día. Sorprendía, en ese primer año de la década de los noventa, una mujer que llegaba a casa después de un duro día de trabajo y se servía su propia copa de vino, y la disfrutaba, a veces pensando en alguien que había conocido, y no únicamente fantaseando, a solas en la cocina. Sorprendía que no le importase lo más mínimo lo que los demás pensasen de ella. Que fuese la que mandaba, y que se hubiese ganado el respeto —esto se dio desde el principio por sentado y, créanme, era francamente raro entonces, no se hacía ni una sola broma sobre el hecho de que fuese mujer— de todo el mundo. Dana Scully, la famosa agente especial de Expediente X no habría existido sin Kay Scarpetta.
Diríamos que Scully fue su primera descendiente y la encargada de popularizar su modelo. Estrenada en 1993, Expediente X llegó a un público más joven y mayor —en número— que las novelas de Cornwell, opacando ligeramente su proeza. Es por eso que este Scarpetta de Liz Sarnoff (guionista de Perdidos, Deadwood y Barry), en Amazon Prime Video, merece, ante todo, un respeto. Y más aún después de su visionado, pues no era nada sencillo retratar a un personaje con más de 30 años de historia —podría decirse que la serie adapta lo que ocurre entre la primera entrega y la primera de la nueva época, la 25ª, publicada en 2021—, manteniendo a la vez vivo el pasado y un presente inimaginable en 1990. Porque la primera decisión de Sarnoff, la de viajar de la primera Scarpetta, la joven y brillante y recién contratada nueva forense, a la Scarpetta leyenda de 2026, es un gran acierto.
Un caso conectado entre aquel pasado —1998— y el presente sirve de excusa para el viaje, que es, sobre todo, un viaje centrado en el personaje —he aquí otro acierto— y todo aquello que lo define, empezando por quienes la rodean. Su sobrina, la genio informático Lucy —a la que ha cuidado como una madre que se limitó a comprenderla y a darle espacio—, su hermana, la narcisista autora de novelas infantiles con la que sólo puede discutir; su compañero en el cuerpo, Pete Martino —ahora, cuñado—, casi una mano derecha, y el atractivo agente del FBI Benton Wesley —su alma gemela: “Juntos somos normales”, se dicen el uno al otro—. La elección del elenco es otro gran, enorme, acierto. Lo encabeza una Nicole Kidman impecable. Todo en ella es Scarpetta: la voz ronca de los mil cigarrillos, el porte engreídamente frágil, la sabiduría íntima, su imperturbable rareza.

Y aún hay algo más, algo casi nostálgico que a la vez es todo un homenaje —y no nos referimos al cameo de Cornwell que, estén atentos, llega muy pronto y es muy significativo—: el aire noventas. Todo en Scarpetta recuerda a la manera en que se hacían y se veían las series de televisión o se consumía la ficción en los noventa, lo que mezcla un mundo con el otro, el contemporáneo con aquel en el que nació, de una forma impensablemente formidable. Como formidable es el duelo entre Kidman y Jamie Lee Curtis —que interpreta a la hermana narcisista, en un papel casi idéntico al que interpreta en The Bear—, puro clash of titans delirante —discuten y discuten, ¡por cualquier cosa!— que aligera la presión sobre el macabro caso, y aporta una familiaridad instantánea, como lo hacen los infinitos detalles sobre los que Cornwell construyó a su protagonista —la cocina italiana, su obsesión por el expresso—, y una estética que, como todo lo demás, rinde culto al que, esperemos, sea pronto personaje de culto.
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