‘Love Story’: Un retoño en una palma y una piedrecilla en la opuesta
Frecuentemente, el inconveniente que encaran los biopics no radica en el distanciamiento que establecen frente a la realidad, sino en la ausencia de una perspectiva profunda sobre ella.


Conozco a algún que otro productor que justifica la argucia de quedarse con el crédito de creación de una serie —un crédito de guion en cualquier país con una industria civilizada— por una cuestión de notoriedad. Nadie se acuerda de los productores, lamentan, así que lo suyo, desde su óptica, es hurtarle el reconocimiento a otros. Bien podrían fijarse en el ejemplo de Ryan Murphy: en todas las series de su productora —las cree él o no— su nombre sale a colación, no tiene necesidad usurpar créditos ajenos para lograr su merecido lugar en el sector.
El último ejemplo de esto se estrenó el viernes pasado: Love Story (Disney+), serie producida por Ryan Murphy y creada por Connor Hines, que rememora el idilio entre John John Kennedy y Caroline Bessette. Si usted, como yo, tiene edad para recordar este romance, es hora de que vaya pensando en un plan de pensiones.
No les destripo nada si traigo a estas líneas una frase que le dice Jackie Onassis a su hijo en el tercer episodio de la serie: “Crecimos en el salón de la gente. Sienten que nos conocen, que somos parte de su familia. Por eso, cuando hacemos algo indecoroso o que contradice su visión de nosotros, arremeten con un fervor aún mayor. Porque en su mente no existimos sin ellos. El público siempre lleva una flor en una mano y una piedra en la otra. No lo olvides”. Como el don siempre aparejado al látigo para autoflagelarse del que hablaba otro personaje ficcionado por la factoría Murphy: Truman Capote.
Los biopics se nutren de esos recipientes vacíos en los que la celebridad transforma a sus candidatos para que la audiencia los complete con sus visiones. Love Story, tal como sucede con las producciones fundamentadas en casos verídicos de Murphy, se resguarda ante probables querellas mediante la adaptación de un texto —cabe señalar que Olivia de Havilland ya buscó sin éxito procesar al creador por la primera temporada de Feud—. Asimismo, incorpora una advertencia al principio de cada entrega: “Esta historia está basada en hechos reales. Algunas descripciones de personajes y eventos han sido dramatizadas o ficcionadas con propósitos narrativos”. Sin embargo, habitualmente el conflicto que afrontan no es su alejamiento de lo real, sino la carencia de un punto de vista sobre ello. La falta de los objetivos argumentales que el anuncio garantiza es, por el momento, la debilidad fundamental de Love Story. Será preciso contemplarla entera para descubrir si la audiencia optará por la flor o por la piedra.
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