Tras una batalla judicial, una mujer accede al suicidio asistido en Italia con una máquina creada para ser activada con la mirada
La paciente, tetrapléjica, se autoinyectó con los ojos el fármaco letal. El caso vuelve a poner presión al Parlamento para aprobar una ley sobre la eutanasia


Tras una larga batalla judicial que ha durado más de dos años, Libera –nombre ficticio–, una mujer italiana de 55 años que padecía esclerosis múltiple y había quedado tetrapléjica, murió el miércoles por suicidio asistido realizado con el apoyo de una máquina especial que se activó con la mirada de la enferma para suministrarle un fármaco letal.
La historia de esta mujer ha reabierto el debate sobre el suicidio asistido en Italia. En el país transalpino la eutanasia no es legal. Se contempla, en cambio, el denominado suicidio asistido, solo en determinados casos. Esta práctica implica que un médico prepara el medicamento mortífero y el paciente lo toma por sí mismo, es decir, un profesional ayuda, pero no provoca la muerte directamente.
El caso de Libera era complejo, porque ella misma no podía aplicarse o tomar directamente el fármaco. Por eso, finalmente se ha utilizado una máquina que se activaba con la mirada y que el Consejo Nacional para la Investigación (CNR) había construido y probado específicamente para ella. La semana pasada recibió la autorización del tribunal de Florencia para realizar el procedimiento, después de una batalla en los tribunales que ha durado dos años.
La construcción de la máquina fue necesaria porque, de otro modo, Libera no habría podido administrarse por sí misma el fármaco. En ese caso, habría tenido que intervenir una tercera persona para suministrárselo, lo que técnicamente se consideraría eutanasia, una práctica no permitida en Italia.
La máquina le permitió activar la inyección del fármaco letal mediante un puntero ocular conectado a una bomba de infusión. Desde la asociación Luca Coscioni, que se ocupa de defender la eutanasia y acompaña y asesora a las personas que han tomado la decisión de morir, han explicado que Libera se autoinyectó el fármaco utilizando únicamente el movimiento de los ojos.
La batalla legal comenzó en marzo de 2024, cuando Libera solicitó a las autoridades sanitarias de su región, Toscana, que verificaran si cumplía con las condiciones que se exigen para poder acceder al suicidio asistido médicamente, que fundamentalmente son padecer una enfermedad irreversible, gran sufrimiento físico o psicológico, depender de tratamientos para seguir vivo, y tener plena capacidad de decisión.
Dado que ella misma no podía suministrarse el fármaco, las autoridades rechazaron su solicitud para recurrir a este procedimiento. Entonces decidió acudir a la justicia. El Tribunal de Florencia remitió su caso al Tribunal Constitucional, solicitando que legalizara la eutanasia. La corte constitucional reiteró la prohibición de la eutanasia y señaló que en este caso no se habían realizado las comprobaciones suficientes sobre la existencia o no de medios con los que ella pudiera administrarse el fármaco por sí misma, es decir, recurriendo al suicidio asistido.
Después de meses de esfuerzos fallidos por localizar empresas capaces de proporcionar el equipo adecuado, se activó el CNR, el organismo público más importante dedicado a la investigación, con el objetivo de desarrollar una máquina con la que Libera pudiera autoadministrarse el fármaco letal. Los jueces especificaron además que la autoridad sanitaria regional debería sufragar todos los costes necesarios para la construcción de dicha máquina.
Hace unos meses, el CNR completó la construcción del dispositivo – el primero de este tipo en Italia – y se lo entregó a las autoridades sanitarias de Toscana. El siguiente paso fue realizar una prueba directamente en casa de la paciente, para comprobar que funcionara correctamente, utilizando una solución salina inocua. Después de corregir algunos fallos que se detectaron en ese momento y de realizar los últimos ajustes necesarios, la máquina quedó lista hace unos días y el miércoles Libera pudo utilizarla. Antes de su muerte, en un mensaje enviado a la Asociación Luca Coscioni, declaró: “Esta no es solo mi historia. Es una petición de dignidad que espero algún día no tenga que ser conquistada, sino simplemente respetada”.
El médico anestesista que ha seguido su caso en los últimos años, Paolo Malacarne, ha subrayado, en declaraciones al diario La Repubblica, la determinación de Libera: “Veía la muerte como la única forma de dejar de sufrir. Cuando pudo hacer realidad ese deseo, no hubo ni un momento de dolor, de llanto ni de dudas, sino de liberación. Es dramático decirlo, pero así es”. También ha criticado la decisión de obligar a construir una máquina especial para que pudiera autoinyectarse el fármaco: “No veo nada malo en la eutanasia, sino más bien algo bueno. Y si la bomba de inyección se hubiera atascado, ¿qué habría tenido que hacer yo? Si en el último momento se hubiera puesto nerviosa y me hubiera dicho ‘no puedo, tengo miedo’, ¿qué habría tenido que hacer, decirle ‘arréglatelas tú sola?”
Limbo legal
A diferencia de otros países europeos, en Italia existe una especie de limbo legal en torno a esta cuestión. Aunque el suicidio asistido está teóricamente permitido –solo en casos muy concretos– no existe una normativa a nivel nacional que lo regule, sino que todo lo que hay es jurisprudencia y decisiones judiciales, sobre todo del Tribunal Constitucional. Cada caso, se suele resolver con autorización judicial expresa.
Uno de los casos más relevantes fue el de Fabiano Antoniani, conocido como DJ Fabo, cuya lucha llevó a una sentencia histórica en 2019 que estableció que ayudar a suicidarse no es punible si se dan ciertas condiciones extremas.
Desde entonces, el propio Tribunal Constitucional ha instado en numerosas ocasiones al Parlamento a legislar sobre la cuestión. A raíz del caso de Libera, La Repubblica ha publicado unas declaraciones de Giovanni Amoroso, juez y presidente del Constitucional en las que recuerda que la jurisprudencia ha marcado criterios claros para aplicar el suicidio asistido, y al mismo tiempo resalta que corresponde al Parlamento legislar para ofrecer un marco legal definitivo. “Aún no se ha atendido la petición de introducir una normativa nacional que regule el suicidio asistido por un médico”, ha señalado el magistrado.
El tema de la muerte asistida sigue siendo objeto de un intenso debate social y político en Italia. Por el momento, en el país transalpino existe un proyecto de ley sobre la muerte voluntaria médicamente asistida que no acaba de salir adelante y lleva cuatro años bloqueado en el Senado, entre enmiendas y desacuerdos políticos.
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