La Medicina Interna resulta fundamental dentro del Sistema Nacional.
Los internistas se forman bajo el principio de que ninguna enfermedad o problema clínico del adulto es ajeno a su incumbencia y responsabilidad

El debate sobre el futuro del Sistema Nacional de Salud suele girar en torno a la financiación, la innovación tecnológica o las listas de espera. Sin embargo, rara vez se pone el foco en una realidad cotidiana que sostiene buena parte de la asistencia hospitalaria: el papel clave de la Medicina Interna. Desde dentro del sistema, resulta difícil imaginar su funcionamiento sin esta especialidad.
La Medicina Interna es una especialidad nuclear cuyo objetivo sanitario es el cuidado médico global de personas adultas y jóvenes con patologías agudas o de larga duración y dolencias que carecen de un diagnóstico claro. Su labor se focaliza prioritariamente en los pacientes que precisan ingreso en el hospital, tanto bajo su gestión directa como en régimen de colaboración con otros departamentos médicos y quirúrgicos, participando además en el área de urgencias y en las modalidades distintas a la hospitalización tradicional.
La Medicina Interna atiende al paciente adulto desde una perspectiva integradora. No se centra en un órgano ni en una técnica concreta, sino en personas que acumulan enfermedades crónicas, tratamientos múltiples y, a menudo, problemas sociales que condicionan su salud. Este enfoque clínico global resulta hoy más necesario que nunca. El progresivo envejecimiento de la población ha transformado el perfil del paciente hospitalario: la norma ya no es la patología aislada, sino la complejidad.
Los internistas se forman bajo el principio de que ninguna enfermedad o problema clínico del adulto es ajeno a su incumbencia y responsabilidad. La Medicina Interna ha aprendido a trabajar en equipo para ofertar a sus pacientes la mejor atención integral posible, conservando una visión global del enfermo y siendo capaz de mantenerse como referente ante enfermedades específicas (unidades monográficas) y esforzarse por ofrecer los nuevos servicios que la sociedad le demande. Modelos como las unidades de corta estancia, la hospitalización a domicilio o los programas de atención a pacientes crónicos complejos han demostrado que reforzar la Medicina Interna no solo mejora resultados clínicos, sino que aumenta la eficiencia global del sistema.
En los hospitales públicos, los servicios de Medicina Interna asumen una parte muy relevante de los ingresos, especialmente de pacientes frágiles, pluripatológicos o con diagnósticos inciertos. Además de la atención directa, los internistas desempeñan una función esencial de coordinación con otras especialidades, evitando la fragmentación asistencial que tanto perjudica a los pacientes y encarece el sistema. La Medicina Interna no compite con otras disciplinas, las integra.
La pandemia de covid hizo visible, aunque solo de forma puntual, esta realidad. Ante una enfermedad sistémica, desconocida y cambiante, los internistas asumieron un papel protagonista en la atención hospitalaria y en la reorganización de los servicios. Aquella crisis puso de manifiesto la versatilidad de la especialidad y su capacidad para responder con solvencia a escenarios de alta incertidumbre, como previamente lo había demostrado en la intoxicación por aceite de colza o en la infección por VIH. Estas experiencias no solo manifiestan la solvencia clínica de la Medicina Interna, sino también su flexibilidad, liderazgo y compromiso con el Sistema Nacional de Salud.
De igual manera, la Medicina Interna cumple una función trascendental en la enseñanza y la instrucción clínica y científica. Su perspectiva asistencial completa es clave en el aprendizaje de alumnos y residentes, potenciando el juicio médico, el análisis integral del enfermo y un ejercicio profesional fundamentado en la cautela y el rigor científico.
Si el Sistema Nacional de Salud quiere afrontar con garantías los retos del presente y del futuro —envejecimiento, cronicidad, complejidad clínica—, necesita potenciar y reconocer el valor de quienes, desde una práctica clínica rigurosa y silenciosa, sostienen su funcionamiento cotidiano. La Medicina Interna no suele ocupar portadas ni titulares, pero sin ella el sistema difícilmente se mantiene en pie.
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