La paradoja que solemos omitir
Las lectoras y los lectores escriben sobre los disursos xenófobos, las mentiras de Trump, el narcotráfico en México, y la moda del blancamiento dental

Llegué a España a los 13 años. No huía de nada, era la forma de que mis padres pudieran ser padres a la vez. Aquí crecí, estudié y construí mi vida. Con los años entendí que el racismo cotidiano muchas veces no se muestra de forma abierta, sino disfrazado de normalidad. Vivimos en una época donde el odio crece: en redes, en la calle, en los silencios y en las miradas. Se señala al diferente como origen de todo mal. Me sorprende escucharlo incluso de quienes deberían servir a la ciudadanía: policías, profesores, trabajadores sociales… Personas que deberían proteger y acompañar, pero que a veces reproducen prejuicios. Existe un círculo imposible: sin papeles no hay trabajo, sin trabajo no hay vivienda y sin vivienda no hay empadronamiento. No es cuestión de quién llega, sino a quién responsabilizamos. Eliminar vías de regularización no detiene la inmigración; solo aumenta la irregularidad y facilita culpar al que llega más que preguntarnos si estamos siendo coherentes. El mundo no se rompe porque llegue gente; se rompe cuando dejamos de tratarnos como iguales. Convivir significa compartir un mundo, no competir por quién merece existir en él.
Carla Pires. Logroño
En el “candelabro”
Hace unos días, un presidente que envía flotas “bonitas” por el mundo para imponer sus designios, al ritmo de Village People, dio un discurso sobre el estado de su país, que, sin estar a la altura de los de Lincoln o Carney, también dejó frases para la posteridad. Como la referida a la bajada de los medicamentos desde que el nuevo sheriff llegó a la ciudad…¡un 600%! Las palmas de los palmeros echaban humo. Un nuevo encuadre matemático se abría paso ante los ojos de la ciudad y del mundo para pasmo de Leibniz, Euler y Gauss.
Francisco Javier Santos. Santiago de Compostela
Lo que los narcos han robado
La muerte de El Mencho representa el arranque de una confrontación forzosa entre los grupos criminales y los gobiernos que por décadas resultaron sometidos o inmovilizados por estos. La violencia en aumento —así como la que se avecina— constituye la réplica de un engranaje delictivo que se opone a renunciar a su dominio. Solamente encarando a los traficantes que han usurpado la autonomía ciudadana se logrará emprender la penosa pero vital purificación de una nación que por mucho tiempo habitó bajo su yugo.
Antoni Aliana Cano. Barcelona
Riámonos un poco
Dientes, dientes. Como decía la pareja de una famosa tonadillera. No soporto la moda de llevar esos dientes brillantes, porcelánicos, de un blanco nuclear, que parece que te destellan de cerca. Con ellos pasa como con muchas noticias de la actualidad, nuestra realidad cotidiana supera muchas veces con creces a la ciencia ficción. Riámonos un poco con cosas no trascendentales, porque hay mucho por lo que sí llorar y además de pena.
Christine Anna Sanz Ahrens. Madrid
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