Sheinbaum: pura y dura
Quienes creen que hoy hay un grupo de hombres presionando a la presidenta mantienen a Andrés Manuel López Obrador fijo en la mente


Una suposición principal mal planteada sustenta el razonamiento de quienes imaginan a Claudia Sheinbaum rodeada por los más duros del obradorismo.
El argumento de la conclusión es erróneo: Claudia Sheinbaum no puede ser rodeada por el grupo que ella misma dirige.
El error de razonamiento surge del contraste. Al mencionar a Sheinbaum, en oposición a su antecesor, se la ve como distinta. Y lo es: las diferencias entre el primer y el segundo Gobierno de la Cuarta Transformación se destacan por razones evidentes. Son agua y aceite.
La heredera de López Obrador es más estructurada, menos provocadora, agrada más por resultados medibles, es más técnica, menos temeraria. Más y menos: adverbios de cantidad que ignoran el transcurso del tiempo. A quien se apresure a decidir cuál de los mandatarios ha sido mejor, conviene recordarle que cada uno ha sido lo necesario en su momento.
Entre tanta disparidad, persiste algo: el núcleo duro que los une como común denominador. Es esa espina dorsal la que hace ridículo calificar de moderada a la dura presidenta.
Ni a uno ni a otro se les podrá diferenciar por su dureza —ese sustantivo que define lo resistente que es el núcleo de morder—: en su obradorismo, Sheinbaum es tenaz. Tampoco será posible distinguirlos por su pureza —ese sustantivo que designa la cualidad de ser puro en esencia—: en su obradorismo, Sheinbaum es impoluta.
Por ese motivo —y López Obrador conocerá los demás—, el expresidente decidió respaldar con cierta reserva la sucesión a favor de su propio Francisco J. Múgica, “con quien compartía mayor afinidad ideológica y que simbolizaba una mayor garantía de continuidad para profundizar la política social y nacionalista ".
Aquello también explicó por qué no respaldó con entusiasmo al moderno Ávila Camacho: “El temor al abandono del auténtico ideal y la dilución de las acciones en beneficio del pueblo”, lo prefirieron. La preferencia surgió de forma natural.
Sirva para dar contenido a mi dicho sobre la pureza y dureza presidencial, el incremento en la cantidad de crudo mexicano enviado por nuestro país a Cuba durante la gestión de Sheinbaum Pardo. Entre mayo y agosto del primer año de su Gobierno, el petróleo a la isla fue tres veces mayor que los niveles registrados en los últimos años de López Obrador.
La persistencia de la crisis humanitaria cubana como prioridad en la agenda mexicana es el corolario más claro.
Ustedes me dirán si pueden imaginar al moderno Ávila Camacho practicando el mismo nivel retórico en defensa de la pequeña isla. De obradorismo, él apenas porta un octavo.
Por eso, el análisis, la conclusión o el teorema de que Sheinbaum Pardo está acorralada por los duros o cercada por los puros debería hacernos fruncir el ceño. ¿Cómo podría estar acorralado el flautista de Hamelín?
Ahí donde algunos perciben debilidades en el movimiento, por la corrección de la presidenta de evidentes errores del Gobierno anterior —Gertz, Gómez, Tellaeche, López Hernández— también pueden hallar la razón de su creciente impulso. A las pocas horas de sueño, los kilómetros recorridos y los acertados cálculos que Sheinbaum ha mostrado en su breve mandato, se une su raíz: la total identificación con el movimiento que encarna.
Que Andrés Manuel López Obrador no fuera el propósito final del proyecto obradorista no debería sorprender a nadie.
Luego, claro, habrá concesiones que Sheinbaum deberá hacer en nombre de la gobernabilidad. Pienso, por ejemplo, en la posible negociación de la candidatura de Andrea Chávez para el Gobierno de Chihuahua a cambio de la expulsión de Adán del Edén. En esos casos, por supuesto, la maquinaria obradorista se quejará. En eso se sostiene el equilibrio ético de un movimiento que permanece orgánico.
Las excepciones pragmáticas habrán de ser las menos.
Quienes creen que hoy hay un grupo de hombres ejerciendo presión sobre la Presidenta, o que otro desde Palenque sigue dando las órdenes, mantienen a López Obrador fijo en su visión o están atrapados en el capítulo histórico del Maximato. No han comprendido, en primer lugar, que se trata de un proyecto transexenal y, en segundo lugar, que es ella quien lo dirige.
Por eso, una última observación, que se espera sea clara: si mencionamos a los puros o los duros, nos referimos a Sheinbaum.
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