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El rapero Balen se pone en la diana de sus críticas rimas e inicia su mandato como primer ministro de Nepal

El nuevo líder del país asiático asume el reto de cumplir las elevadas expectativas que han depositado en él los jóvenes de la generación Z que hicieron caer al anterior Gobierno y le han otorgado la mayoría absoluta

Balendra Shah, elegido primer ministro de Nepal, a su llegada al Parlamento nepalí este jueves.NARENDRA SHRESTHA (EFE)

Hay unas rimas del rap titulado Balidan (que significa sacrificio, en nepalí) que dicen algo así como: De pueblo en pueblo / la juventud se levanta y toma la pluma / Lo correcto llega, escuchen con atención / El futuro vaga en el torbellino, con la responsabilidad del futuro. El autor de estos proféticos versos, críticos con los gobernantes de Nepal, que vaticinan la llegada de una revolución de los jóvenes contra los “estúpidos” poderosos, es el rapero Balen. El popular tema fue lanzado en plataformas musicales a finales de 2019, seis años antes de que la generación Z nepalí saliera a la calle en masa para protestar contra los partidos políticos tradicionales del país, la corrupción y el desempleo, y convirtiera al icono juvenil Balen en el primer ministro Balendra Shah (Katmandú, 35 años). Cargo que asume oficialmente este 27 de marzo.

Además de cantante, Shah es ingeniero y, en una meteórica carrera política, fue elegido alcalde de la capital, Katmandú, en 2022. Fue el primero en lograr este cargo de manera independiente, al margen de las formaciones políticas tradicionales, y agotó su mandato en enero de 2026 cuando se unió al Rastriya Swatantra Party (RSP), de reciente creación y muy vinculado a las protestas juveniles de septiembre de 2025 que hicieron caer al Gobierno, para presentarse como candidato a primer ministro.

Apenas seis meses después, Shah hizo historia en Nepal, un país de 30 millones de habitantes estratégicamente enclavado entre China y la India. El pasado 5 de marzo, más del 66% de los votantes del país depositaron la papeleta de su formación en las urnas y triunfó con una incontestable mayoría absoluta. El RSP se hace con 182 de 275 escaños en el Parlamento. Le sigue, muy de lejos, el Congreso Nepalí, con 37. Los partidos de la coalición que gobernó hasta su colapso el 9 de septiembre de 2025, el Unificado Marxista Leninista y el Partido Comunista, cayeron a tercera y cuarta posición, con 25 y 17 asientos respectivamente.

“La victoria arrasadora de Balendra Shah y de su partido, el RSP, significa que la gente quiere un cambio”, analiza Bipin Adhikari, profesor de Derecho Constitucional en la Escuela de Derecho de la Universidad de Katmandú. “Pero que esto se convierta o no en un cambio duradero en el sistema político de Nepal dependerá de si esta energía antisistema puede transformarse en instituciones, políticas y organización”, añade.

Ashvina Basnet, investigadora experta en desarrollo social, recalca que este resultado no solo supone un cambio de caras, sino también respecto a la “tradicional inestabilidad”. “Por primera vez en décadas, existe la posibilidad de un gobierno estable durante un mandato completo de cinco años, sin el miedo constante al colapso de coaliciones”, anota. En el último lustro, ninguno de sus cinco predecesores llegó a completar dos años.

Antes de las elecciones, pocos creían en Nepal que ningún partido fuera a obtener una mayoría dominante en el Parlamento y que las coaliciones eran el único resultado posible, detalla Bikash Singh, abogado especialista en derecho público, socio fundador del despacho Synergy Law and Chambers, en Katmandú. “Sin embargo, el movimiento Gen Z actuó como catalizador para romper ese statu quo y hacer que la población sintiera que era hora de que las dinámicas de poder cambiaran y de que parte del control volviera a las manos del pueblo”.

Y ahí es donde el fenómeno fan ha contribuido a catapultar a Shah hasta la más alta posición de poder en el país. Los jóvenes que elogiaban sus letras en las redes sociales ahora comparten publicaciones en las que se declaran orgullosos de primer ministro. “Shah representa una energía, un enfado con el statu quo, una urgencia de desarrollo y una creencia en el potencial del país con la que muchos jóvenes se identifican. Lo perciben como uno de ellos”, apunta Basnet.

En sus cuentas en X o Instagram, él se define aún como “músico y exalcalde de Katmandú”. En sus mensajes, como en su música, no solo denuncia la corrupción, sino que celebra la diversidad del país, las festividades de distintas etnias y religiones, y recientemente, el Día de la Mujer. “La base de la construcción de una sociedad próspera se basa en el respeto, la igualdad y el empoderamiento de la mujer. Con motivo del Día Internacional de la Mujer, deseo a todas las mujeres derechos, autoestima y un futuro brillante”, escribió cuando ya se conocía su victoria.

“La imagen pública de Balen Shah como exrapero convertido en político simboliza una ruptura generacional y cultural con la clase política tradicional de Nepal. Su pasado en la música y la cultura juvenil le ayudó a conectar con los votantes más jóvenes y a proyectar autenticidad, independencia y disposición para desafiar los sistemas arraigados”, apunta Adhikari. El experto constitucionalista lo describe así: “Habla poco, evita reuniones y deliberaciones, aunque es un performer, y ha demostrado su capacidad como joven alcalde e ingeniero”.

Basnet considera que “su identidad como rapero ha quedado en segundo plano”, especialmente desde que asumió la alcaldía de Katmandú en 2022. “Hoy es sobre todo un icono juvenil. Es un outsider: no habla en el lenguaje diplomático y repetitivo de los partidos de siempre. Es directo, sin filtros, dice las cosas como son. Esa autenticidad es clave para su conexión con la gente”. Sin embargo, la experta reconoce que el primer ministro “todavía proyecta” la estética del rap en su presencia y manera de comunicar. “Pero lo importante es lo que ha transmitido siempre a través de su música y su discurso público: frustración con el sistema y deseo de un cambio real. Ese mensaje encajaba perfectamente con lo que muchos jóvenes ya sentían”, confirma.

Y su gestión como alcalde de Katmandú reforzó esa percepción, opina. “La ciudadanía vio que era capaz de pasar de las palabras a la acción. Rompió con la idea de que el sistema es irreformable”. Aunque su mano dura contra la venta ambulante o la gestión de los residuos en la capital también le ha granjeado algunas críticas. Adhikari apunta, además, que “aunque Balen Shah se muestra confiado, Nepal no se limita al valle de Katmandú, y su experiencia como alcalde no es suficiente para dirigir un país con tanta diversidad”.

Su imagen poco convencional, de esperanza, de aire fresco en un entorno político hediondo, tiene un precio: la vigilancia y la exigencia son ahora mayores. Los expertos consultados coinciden en señalar que las expectativas son muy altas, más que con sus predecesores en el cargo. “Debe transformar su atractivo simbólico y su credibilidad como outsider en una gobernanza consistente y una administración eficaz”, anota Adhikari. Y la lista de tareas no es pequeña ni fácil. “Combatir la corrupción, mejorar la transparencia judicial, crear empleo o frenar la salida masiva de mano de obra migrante son retos estructurales profundos que no se resolverán rápido”, señala Basnet.

El movimiento juvenil Gen Z 2025 ha priorizado, a la hora de votar, precisamente, “la buena gobernanza, el control de la corrupción y la garantía del Estado de derecho”, afirma Adhikari. “Nepal quiere un gobierno transparente que represente de verdad la necesidad de cambio que tanto se desea, y la población está dispuesta a exigir cuentas al nuevo Gobierno por cualquier desviación”, agrega Singh.

Solo el tiempo dirá si Shah cumple sus palabras, las cantadas y las prometidas, en su nuevo traje de primer ministro, uno que hasta hace no tanto estaba en la diana de sus letras. Por delante, tiene ahora cinco años para cumplir las expectativas, también las suyas. Basnet no cree que una legislatura sea suficiente para los cambios profundos que demanda la sociedad nepalí. Para ella, la elección de Shah no es la consolidación de un momento, sino el inicio de una “transición”.

De las olas de protestas juveniles que atraviesan buena parte de Asia desde 2020, la de Nepal no solo ha logrado su objetivo de provocar la caída del Gobierno y, con él, el sistema de partidos tradicionales, sino que ha culminado con un proceso democrático en un tiempo récord, unos seis meses. En Bangladés, por ejemplo, las masivas manifestaciones —fuertemente reprimidas— que forzaron la salida de la líder del país, Sheikh Hasina, en el verano de 2024; las elecciones generales se celebraron el pasado febrero, más de un año y medio después.

Lo “más llamativo”, concluye Basnet, es que los nepalíes han convertido la desilusión por lo que había en esperanza en el futuro, encarnada por Shah. “Han elegido creer”.

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