Lo más relevante de la charla entre Estados
Washington quiere cerrar en la reunión celebrada en Ginebra cualquier resquicio de desarrollo de un programa nuclear en el régimen teocrático


Irán y Estados Unidos han comenzado este jueves en Ginebra (Suiza) otro ciclo de diálogos acerca del plan atómico iraní, siendo el tercero de este ejercicio. Representa, de acuerdo con la visión de diversos expertos, la última oportunidad con el fin de eludir mediante la diplomacia una ofensiva armada de Washington frente a la República Islámica: una confrontación con la que el mandatario norteamericano, Donald Trump, ha estado amagando durante meses. El Gobierno de Omán actúa como intermediario en estos encuentros. Estos constituyen ciertos puntos fundamentales del encuentro:
¿Qué se está negociando?
Estados Unidos —que es el único país que ha detonado la bomba atómica en la historia: en 1945 contra Japón, matando a decenas de miles de personas— lleva décadas asegurando que Irán es un peligro para la estabilidad del mundo porque está desarrollando armas nucleares. Irán lo niega: asegura que tiene un programa de desarrollo civil de energía nuclear, pero sin fines bélicos; es decir, solo para producir energía, no bombas atómicas.
El objetivo declarado por Washington en la negociación actual es llegar a un acuerdo para garantizar eso: que el régimen iraní no desarrolle armamento nuclear. Aunque Trump, de la mano de Israel, pretende algo que va más allá: forzar a Irán a limitar también su arsenal de misiles y, además, obligarle a retirar el apoyo a su red de milicias aliadas en otros países de la región.
¿Quiénes se sientan a la mesa de negociación?
La delegación estadounidense la encabezan el enviado especial de Trump para asuntos internacionales, Steve Witkoff (un millonario y amigo del presidente sin ninguna experiencia diplomática) y el yerno de Trump, Jared Kushner (con parecida trayectoria). Ambos tienen negocios inmobiliarios en Oriente Próximo y ya fueron los encargados de negociar el alto el fuego en Gaza el pasado octubre. Por parte iraní asiste el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araqchi.
Rafael Grossi, director del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), vinculado a la ONU, ha acudido también a Ginebra para participar en el diálogo, como ya hizo la semana pasada.
¿Qué exige Estados Unidos y qué responde Irán?
Washington e Israel —el gran enemigo de Irán en Oriente Próximo— exigen que Irán paralice su programa nuclear para que no haya ninguna posibilidad de que el país asiático desarrolle en algún momento la bomba atómica. Irán se muestra dispuesto a establecer nuevos controles internacionales a ese programa —a cambio del levantamiento de sanciones—, pero avisa de que no renunciará a su derecho a desarrollar la tecnología nuclear con fines pacíficos.
¿Cuáles son los obstáculos al acuerdo?
Estados Unidos quiere que el acuerdo que se firme en Ginebra sea para siempre. Los iraníes limitan el plazo de vigencia a siete años en los que se comprometerían a enriquecer uranio solo a un porcentaje muy bajo (por tanto, sin capacidad para producir bombas).
El Gobierno de Trump, además, está tratando de incorporar otro elemento a la negociación: aspira a limitar también el alcance de los misiles balísticos iraníes (el armamento convencional), alegando que están “diseñados” para atacar a Estados Unidos. En realidad, Irán no tiene misiles intercontinentales: quien se siente directamente amenazado por esto es Israel.
Irán, por su parte, se aviene a negociar solo su programa de enriquecimiento de uranio pero, a cambio, quiere que se retiren todas las sanciones internacionales que pesan contra el país. La Casa Blanca solo ofrece no imponer a Teherán nuevas sanciones.

¿Por qué Occidente sospecha de Irán?
Muchos países del mundo tienen centrales nucleares para generación eléctrica (España, entre ellos); solo nueve países tienen armas nucleares. La clave para pasar de una situación a otra es, fundamentalmente, el nivel de enriquecimiento de uranio que tenga el país: para producir energía no es necesario sobrepasar el 5% de pureza. Irán ha superado el 60%.
¿Irán tiene o quiere tener armas nucleares?
Irán estuvo gestando de forma discreta, a lo largo de varios decenios, su proyecto atómico. Debido a ello, enfrentó severas penalizaciones globales que terminaron por asfixiar sus finanzas. Hacia 2015, después de múltiples esfuerzos diplomáticos fallidos, la República Islámica suscribió el Plan de Acción Integral Conjunto junto a Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, Rusia, China, Alemania y la UE, un acuerdo histórico mediante el cual el sistema teocrático accedía a limitar sus ambiciones atómicas: se obligaba a no procesar uranio superando el 3,75% de concentración, a deshacerse de la mayor parte del uranio que ya poseía en reserva y a aceptar revisiones constantes.
Esa resolución se percibió como un convenio esencial para asegurar la estabilidad en la región. No obstante, solo tres años más tarde y mientras Irán acataba rigurosamente lo acordado, Trump (en aquel tiempo durante su primera administración en la Casa Blanca) abandonó el tratado por cuenta propia y aplicó a Irán castigos económicos todavía más severos que los previos. Teherán estimó en ese momento que el compromiso carecía de validez y volvió a enriquecer uranio muy por encima de los límites establecidos: superando el 60% de pureza.
Así, en febrero de 2024, el OIEA concluyó que Irán acumulaba ya suficiente uranio enriquecido como para fabricar al menos dos bombas nucleares. Aunque no existen pruebas de que efectivamente las haya fabricado.
Hay otro elemento importante: para crear una bomba atómica no basta con tener una cabeza nuclear: hay que jibarizarla para introducirla en un misil y lanzarlo contra el objetivo. Irán, hasta donde se sabe, no tiene esa tecnología.
De cualquier forma, el sistema teocrático persiste en sostener en 2026 que carece de armamento nuclear y que no busca conseguirlo. Insiste en que solo está enriqueciendo uranio para producir energía. Ni Estados Unidos ni Israel —que suma décadas advirtiendo que el uso de una bomba atómica por parte de su mayor rival es inminente— han hallado nunca indicios de que la República Islámica esté elaborando la bomba atómica, si bien múltiples analistas subrayan que el grado de enriquecimiento de uranio obtenido por Irán es bastante más elevado del que se precisa para el suministro eléctrico.

¿Qué países tienen armas nucleares?
Los primeros cinco países en hacerse con la bomba atómica fueron Estados Unidos (el único que la utilizó), la URSS (ahora Rusia), China, el Reino Unido y Francia. En 1970 entró en vigor el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), por el que esas cinco potencias se comprometían a congelar el desarrollo de sus programas de armamento nuclear y el resto de países firmantes se comprometían a no iniciarlos. A pesar de ello, hay otros cuatro países que cuentan hoy con ese armamento: Israel (aunque nunca lo ha admitido oficialmente), la India, Pakistán y Corea del Norte.
¿Estados Unidos va a bombardear Irán?
Trump ya se sumó en junio de 2025 al bombardeo lanzado por Israel contra las principales instalaciones nucleares iraníes, en una operación relámpago que logró destruirlas considerablemente, pero no acabar con ellas. En los últimos meses, Washington ha desplegado en aguas próximas a Irán el mayor operativo militar estadounidense en la zona desde la guerra de Irak en 2003. Y el pasado 19 de febrero Trump redobló la presión asegurando que, si no se firmaba el acuerdo con Teherán en un plazo de 10 a 15 días, ocurrirían “cosas realmente malas”.
¿Cuál es el riesgo de un conflicto bélico en la zona?
Atacar Irán supone encender la mecha de un polvorín con efectos desconocidos en todo Oriente Próximo, que podría arrastrar a Estados Unidos a un conflicto más largo de lo deseado. El régimen autocrático de los ayatolás cuenta con una potente fuerza militar y respondería, previsiblemente, atacando bases estadounidenses en diversos países del Golfo, lo que implicaría la extensión del conflicto a esos países. Existe, además, el riesgo de que grupos aliados de Irán en la zona, como Hezbolá en Líbano o los hutíes en Yemen, se sumasen a esa hipotética contienda regional.
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