Amanda Sloat, exasesora de Biden: “La desconfianza entre Europa y Estados Unidos durará una generación”
La politóloga, que trabajó en seguridad nacional y diplomacia para dos presidentes demócratas, anima a los europeos a plantar cara al autoritarismo de Trump


Amanda Sloat conoce bien la relación transatlántica, porque ha vivido en las dos orillas del océano y ha pisado los despachos más poderosos. También ha seguido de cerca a los vecindarios de Europa: Rusia, Oriente Próximo, el Magreb. Tiene la sensación de que algo se está rompiendo, y costará mucho tiempo repararlo, en la alianza euroamericana que configuró el Occidente posterior a la II Guerra Mundial.
Esta politóloga (Flint, Michigan, 50 años) ha sido asistente especial del presidente Joe Biden y directora principal para Europa del Consejo de Seguridad Nacional; antes, en la Administración de Barack Obama, ejerció de subsecretaria adjunta en el Departamento de Estado y de asesora principal de la Casa Blanca para Oriente Próximo y el Norte de África. Hace un año se instaló en Madrid como profesora de la Escuela de Política, Economía y Asuntos Globales de IE University, y conduce el podcast sobre geopolítica Power & Purpose. Desde su nueva casa madrileña, en el barrio de Salamanca, sigue con preocupación la deriva de los acontecimientos en su país: las redadas contra los inmigrantes, la militarización de las calles, el desmantelamiento de la cooperación internacional o la forma en que Donald Trump gobierna por decreto burlando al Congreso. Y recibe con alivio la sentencia del Supremo que anula la mayor parte de los aranceles que el presidente impuso a aliados y rivales.
Pregunta. ¿Está EE UU en una involución democrática?
Respuesta. La democracia en Estados Unidos, y sus instituciones, se encuentran sin duda bajo presión. Aguantan, pero tensionadas. Lo singular es que el Congreso se inhiba a menudo de su papel en el proceso legislativo y en la supervisión del poder ejecutivo. Se ha visto en debates como los aranceles, el uso de la fuerza militar y la eliminación de instituciones como USAID, que fueron autorizadas por el Congreso. Al mismo tiempo, vemos tensiones en el sistema judicial: hay tribunales muy activos en el nivel estatal y federal, pero en varios casos el Tribunal Supremo, dominado por jueces conservadores, ha cedido a los deseos del poder ejecutivo. Por ejemplo, al otorgarle al presidente inmunidad penal completa por actos oficiales mientras ejerza su cargo, la capacidad de despedir a personal de agencias independientes o la autorización de las redadas indiscriminadas de ICE. Sin embargo, el fallo sobre los aranceles ha sido una reprimenda al Ejecutivo por sus abusos. También hay una preocupación creciente sobre la limpieza de las elecciones legislativas de noviembre.
P. ¿Qué pasará después de la sentencia del Supremo que invalida los aranceles?
R. Aunque el fallo es útil, va a ser difícil para las empresas obtener los reembolsos de los aranceles ya pagados. Y la Administración de Trump ya está buscando otras vías legales para imponer nuevos aranceles.
P. Usted pide a los europeos que apoyen la resistencia a esa deriva autoritaria de EE UU. Pero ¿qué puede hacer Europa?
R. Ante todo, esta es una lucha del pueblo estadounidense, y podemos ver una resistencia sostenida, como la que ha habido en Minneapolis o en las movilizaciones de la jornada No Kings, que sacaron a la calle a cinco millones de personas. Estamos viendo más protestas que durante el primer mandato de Trump. Los movilizados se están organizando a nivel comunitario como en Minneapolis en respuesta a las accones de ICE. Y hay ejemplos de boicoteos exitosos contra empresas como Tesla, por lo que estaba haciendo Elon Musk en la Administración, o Disney, cuando quisieron cancelar el programa de Jimmy Kimmel y tuvieron que dar marcha atrás. Sin embargo, un retroceso democrático en EE UU tiene implicaciones más amplias para los aliados. Entiendo que sea muy complicado para ellos criticar públicamente lo que ocurre, pero sirve para no normalizarlo. Si recordamos otros casos de involución democrática, es útil que salgan voces de otros países en apoyo de la gente que está en primera línea. Y, francamente, Europa tiene la necesidad de fortalecer sus propias instituciones democráticas.
Algunos países europeos están solo a una mala elección de acabar con problemas similares a los que tenemos en EE UU
P. Porque los europeos tenemos nuestro propio problema con la extrema derecha. Lo que vemos en EE UU ¿puede acabar pasando aquí?
R. Desde luego. La extrema derecha está en algunos gobiernos y recibe un creciente apoyo en países como el Reino Unido, Francia, Alemania y aquí en España. Es importante que los gobiernos fortalezcan las instituciones democráticas y se tomen en serio estas tendencias en cada país. De lo contrario, algunos de estos grandes países están a una sola mala elección de acabar con problemas similares a los que tenemos en EE UU.
P. Después de la amenaza de Trump sobre Groenlandia, ¿cree que Europa puede contar con la protección militar de EE UU en el supuesto de una agresión desde Rusia?
R. La fortaleza de la OTAN está en la disuasión; solo con que nos hagamos esta pregunta se está debilitando. Hasta ahora el compromiso de EE UU ha estado ahí, pero el propio Trump ha puesto en duda que fuera a acudir en defensa de los países que no cumplan con los objetivos de gasto militar. Está muy claro que se espera que los países europeos gasten mucho más en su defensa, ya que a largo plazo será insostenible para los contribuyentes estadounidenses hacerlo.
P. Pero la construcción de un sistema europeo de defensa completamente autónomo llevará mucho tiempo, dada la alta dependencia de EE UU en tecnología o inteligencia.
R. Hay áreas específicas en las que Europa carece de esas capacidades. Lo ideal sería que la retirada de EE UU como proveedor de gran parte de la seguridad europea se realizara a un ritmo que permitiera a Europa desarrollar e implementar esas capacidades por sí misma.
P. Es importante para Europa que Ucrania no sea forzada a un acuerdo que se entendiera como una rendición, ¿no cree?
R. Completamente. Ucrania es el flanco oriental de Europa y está luchando por Europa en el frente dentro de un conflicto más amplio. Además del imperativo moral de garantizar una solución justa al conflicto, existe una cuestión estratégica más amplia para Europa: no permitir que unos países invadan a otros ni muevan las fronteras por la fuerza.

P. Usted sostiene que las relaciones transatlánticas no volverán a ser como eran incluso si el siguiente presidente de EE UU fuera otro demócrata. ¿Por qué?
R. Las relaciones transatlánticas siempre serán importantes. La UE y EE UU mantienen la mayor relación comercial y de inversiones del mundo, y comparten intereses de seguridad. Creo que eso se mantendrá. Lo que me preocupa es que la confianza en la relación se ha roto no una, sino dos veces. El presidente Biden hizo un gran esfuerzo por restaurarla. El hecho de que esta confianza se haya roto por segunda vez, y de una manera mucho más descarada que en el primer mandato de Trump, está forzando a Europa a replantearse toda su relación con EE UU. Y me duele decir esto, pero me resulta difícil imaginar que esa confianza se vaya a restablecer en una generación, incluso con una administración demócrata o con una administración republicana mucho más moderada que intentara un acercamiento de buena fe.
P. Bruselas se está enfrentando, con sanciones e investigaciones, a las grandes tecnológicas de EE UU, lo que resulta inaceptable para la Casa Blanca. Pero en un supuesto conflicto en torno a ese asunto, Europa no tiene a quienes pudieran reemplazar los servicios que proveen Microsoft, Amazon o Google a sus empresas y sus ciudadanos. ¿Puede mantener este pulso?
R. Hay una fuerte dependencia, sobre todo en computación y servicios en la nube. Y, en muchos casos, hay fuertes conexiones entre el Gobierno de EE UU y las tecnológicas. No es difícil imaginar un escenario en el que el Gobierno de Trump exige a estas empresas que limiten el acceso a empresas o individuos europeos si se toman medidas que Washington rechaza. Este es otro ámbito en el que Europa tiene que esforzarse: desarrollar sus propias capacidades tecnológicas.
P. Trump rectificó su discurso sobre una anexión de Groenlandia, para descartar la vía militar y retirar la amenaza de aranceles, después de una tormenta en el mercado de bonos y para el dólar. ¿Son los mercados los que mejor pueden frenarle?
R. Hasta ahora los mercados han sido el mayor contrapeso a su poder: lo fueron tras el Día de la Liberación, con la imposición de aranceles, y lo han sido en el asunto de Groenlandia. Está claro que es algo a lo que él presta mucha atención. La pregunta es si el Congreso va a reaccionar también. Hemos visto a republicanos expresando su preocupación por la situación sobre Groenlandia; un debate creciente sobre la legalidad de los ataques contra supuestas narcolanchas o en Venezuela; cierta resistencia a las redadas contra inmigrantes supuestamente sin papeles... Así que hay algunos ámbitos donde se empieza a percibir cierta resistencia parlamentaria y judicial, como se ha visto con el fallo sobre los aranceles. Pero, sí, la reacción del mercado parece ser el principal factor que frena las acciones del presidente.
Sería un error que Europa, como ya no puede confiar en EE UU, trasladara la dependencia a China
P. ¿Cree en la alianza de potencias medias, con la UE, el Reino Unido y Canadá entre ellas, que ha propuesto en Davos el primer ministro canadiense, Mark Carney?
R. Sin duda hay una tendencia hacia un mundo más multipolar. Estamos viendo a una Rusia mucho más agresiva y a una China más poderosa, mientras EE UU reduce la influencia que ejercía mediante el poder blando o la ayuda al desarrollo. Eso deja espacio para que otras potencias ganen influencia. Será difícil para una alianza de potencias intermedias competir plenamente con el poder de Estados Unidos y las otras dos grandes. Pero, francamente, no veo ninguna alternativa para estos países que no sea fortalecer sus relaciones.
P. ¿China es el gran ganador del repliegue de EE UU?
R. Se beneficia claramente. Lleva muchos años siendo muy activa en construir infraestructuras y dar apoyo a países de África y América Latina. Se está moviendo para ocupar el espacio abandonado por EE UU. Mi deseo es que Europa no se vea empujada a estrechar lazos con China. Sería un error que Europa, como ya no puede confiar en EE UU, trasladara la dependencia a China en asuntos como la economía o la tecnología. Europa tiene que desarrollar capacidades propias.
P. Su llegada a España, ¿es algo similar a un autoexilio?
R. Ya me había ido de EE UU un año antes de las elecciones y estaba feliz viajando por el mundo. Había vivido en Europa, y lo disfruté mucho, cuando era una veinteañera. Así que estaba muy feliz de volver. La verdad, después de dos décadas en Washington, era hora de un cambio de aires.
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