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El exministro laborista Mandelson queda en libertad bajo fianza diez horas después de ser arrestado por el ‘caso Epstein’

La Policía Metropolitana investiga al también exembajador en Washington por filtrar presuntamente información privilegiada al financiero pederasta estadounidense

Peter Mandelson abandona la comisaría en la madrugada de este martes a bordo de un taxiAP

La Policía Metropolitana de Londres (la Met, como se la denomina habitualmente) ha puesto en libertad bajo fianza al exministro laborista y exembajador en Washington Peter Mandelson en torno a las dos de la madrugada de este martes (tres de la madrugada, en horario peninsular español), después de un interrogatorio en comisaría de más de diez horas centrado en su relación con el multimillonario estadounidense pederasta, Jeffrey Epstein. La policía investiga a Mandelson por la presunta comisión de un delito de conducta inapropiada en el desempeño del cargo público, el mismo cargo del que es sospechoso el expríncipe Andrés, que también fue arrestado hace cinco días en su domicilio e interrogado durante horas en una comisaría de Norfolk.

Si la detención del veterano político laborista fue llevada a cabo por dos agentes de la Unidad de Delitos Especiales de la Met, que se lo llevaron en un vehículo camuflado, Mandelson regresó a su domicilio londinense del barrio de Camden sin escolta policial, de madrugada y en un taxi.

La investigación oficial sobre sus manejos con Epstein comenzó a principios de febrero, y según explicó este lunes la policía ya se habían llevado a cabo los registros de las viviendas del veterano político en el condado de Wiltshire y en Camden previamente a su arresto para ser interrogado.

Mandelson es sospechoso de haber filtrado información económica confidencial del Gobierno a su amigo Epstein cuando formaba parte del Ejecutivo de Gordon Brown como ministro de Negocios.

En concreto, en parte de los documentos hechos públicos por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, Mandelson alerta en un correo a su amigo financiero de la posible venta, a precios ventajosos, de un amplio patrimonio inmobiliario del Gobierno británico. Era el año 2009, y Brown luchaba desesperadamente por recabar ingresos con los que hacer frente a una crisis financiera que había sacudido las arcas del Estado.

En otro correo, Mandelson alerta a Epstein del paquete de ayuda financiera que Bruselas se dispone a aprobar para ayudar a las maltrechas economías de la UE. Y en un tercer correo, el veterano político laborista, conocido entre los suyos como “el príncipe de las tinieblas” por su habilidad para manejar los resortes del poder, sugiere al financiero que mueva los hilos para presionar al entonces ministro de Economía, Alistair Darling, y evitar así la anunciada subida de impuestos sobre las bonificaciones de los banqueros.

Las primeras informaciones sobre la complicidad de Mandelson con Epstein forzaron a Starmer a cesarlo como embajador en Estados Unidos. Mandelson estaba en situación de excedencia en la Cámara de los Lores desde que se desplazó a Washington, en febrero del año pasado. Apenas duró ocho meses en aquel puesto, al surgir las primeras pistas sobre su relación íntima y complicidad con el multimillonario pederasta. Aunque esas informaciones, que destacaban los mensajes de ánimo enviados a su amigo después de ser condenado por agredir sexualmente a una menor, son apenas nada comparado con lo que se conoció después.

El primer ministro seleccionó a Mandelson por sugerencia de su entonces jefe de Gabinete, Morgan McSweeney. El astuto asesor que había ayudado a Starmer a conquistar Downing Street tenía una estrecha relación con el histórico político laborista, uno de los fundadores junto con Tony Blair y Brown del llamado Nuevo Laborismo. Mandelson había ejercido de mentor del joven irlandés, con gran habilidad estratégica pero poco conocimiento de los entresijos y los pasillos del poder en Londres.

Cuando la segunda remesa de documentos de Epstein confirmó y aumentó la gravedad de la supuesta traición de Mandelson, el Gobierno de Starmer entró en una situación de crisis que estuvo a punto de acabar con el derrocamiento del primer ministro. Una amplia mayoría de diputados laboristas expresó su irritación ante el escaso juicio de Starmer a la hora de confiar en Mandelson. El primer ministro llegó a admitir que había sido advertido previamente de la conexión del político con Epstein, cuando el financiero ya había recibido una primera condena por acoso sexual a una menor. Starmer pidió perdón a los suyos, acusó a Mandelson de haber mentido y traicionado su confianza y se comprometió a investigarlo hasta las últimas consecuencias.

A principios de febrero, el Gabinete de Starmer envió a Scotland Yard todo el material a su disposición relacionado con las actividades de Mandelson. Por su parte, el ex primer ministro Gordon Brown remitió también a los investigadores material de cuando él estuvo al frente del Gobierno y el político bajo sospecha a sus órdenes, junto con una carta en la que describía sus acciones como “contrarias al patriotismo e inexcusables”. La policía tomó declaración a personal del Ejecutivo en esa primera fase de sus pesquisas.

La rebelión política en el seno del Partido Laborista pudo zanjarse con los ceses de McSweeney y del director de Comunicación de Downing Street, Tim Allen, cuando la policía ya había comenzado por entonces a investigar, con el pleno respaldo de Starmer, a Mandelson. El primer ministro se comprometió en sede parlamentaria a entregar a la Comisión de Seguridad e Inteligencia todos los documentos relacionados con el proceso de designación de Mandelson como embajador, y dejar en manos de la citada comisión cuáles podían ser publicados y cuáles no. La Policía Metropolitana reclamó que se retrasara ese proceso de publicación para no interferir en la investigación.

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