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EEUU vincula su apoyo a la condición de la Unión Europea.

Rubio presenta en Múnich una alocución con un tono más cordial que la de Vance del ejercicio previo, aunque con una esencia similar: “Queremos que Europa sea fuerte”

Marco Rubio, este sábado en la Conferencia de Seguridad de Múnich.Thilo Schmuelgen (REUTERS)

Estados Unidos se niega a considerar finalizado el vínculo con Europa, aunque si este perdura, será bajo las condiciones de Donald Trump. Lo hará bajo principios distintos a los que tradicionalmente han marcado el nexo transatlántico. El secretario de Estado de EE UU, Marco Rubio, instó este sábado en Múnich a los europeos a “revitalizar una vieja amistad”, calmando a aquellos que sospechaban un quiebre. Simultáneamente, criticó el esquema europeo y sus normativas en materia social, ecológica o de migración. Su discurso resultó más cortés que el de otros integrantes de su Administración, como el vicepresidente J. D. Vance hace un año. La esencia, no obstante, fue sumamente parecida.

⁠“En esta época de titulares que sentencia el final de la era transatlántica, hay que proclamar y dejar claro a todos que este no es ni nuestro objetivo ni nuestro deseo”, afirmó Rubio. Sus declaraciones fueron acogidas con tranquilidad por gran parte del público en un encuentro que, a partir de la Guerra Fría, se congrega cada año en Múnich como una especie de terapia colectiva. En esta edición sobraban motivos para curar, tras los desplantes de Trump y su círculo hacia los europeos que tocaron fondo en enero en la amenaza de conquistar por la fuerza Groenlandia, una zona aliada. Habría supuesto la desaparición de la OTAN.

Las declaraciones de Rubio sugirieron una concordia, un acercamiento donde los integrantes de la pareja, después de estar al borde de la ruptura, se aseguran que al final merece la pena probar otra vez. La estética ya representaba el fondo: una alocución sin ataques gratuitos, al igual que la de Vance, ni reacciones arbitrarias, como las de Trump. El secretario de Estado, tenido por la figura más diplomática de una Administración antagónica a Europa, pretendió difundir una nota de calma. “No buscamos separarnos, sino revitalizar una vieja amistad y renovar la mayor civilización de la historia humana”, declaró. “Queremos que Europa sea fuerte. Creemos que Europa debe sobrevivir”.

Hay una música común en los discursos de europeos y estadounidenses de estos días en Múnich, y es, primero, que las noticias sobre la muerte de la alianza quizá fueron prematuras, como dijo Mark Twain sobre su propio obituario. Y segundo, que en la nueva OTAN Europa debe tener más peso aunque, al mismo tiempo, la protección de EE UU siga siendo irrenunciable, aunque haya dejado de ser fiable. “Ha habido un cambio en los últimos días que ancla a EE UU en la OTAN”, celebró en Múnich el secretario general de la Alianza Atlántica, Mark Rutte. “Veo una unidad total en la visión”.

No obstante, la realidad global se ha transformado y el sistema previo ha expirado, tal como concuerdan europeos y estadounidenses en la Conferencia. En el periodo de la “demolición”, una expresión que ha protagonizado los diálogos en Múnich, EE UU procederá, y ya procede, de manera autónoma. Si los europeos desean prestarles apoyo, excelente, dio a entender Rubio. Si no es así, también. Tras mencionar a la intervención estadounidense en Venezuela a inicios de enero y descartar los reproches por violar el marco legal internacional, el secretario de Estado aseveró con firmeza: “Esta es la vía en la que el presidente Trump y Estados Unidos se han embarcado. Es la vía a la que pedimos que los europeos se unan”.

Hay un abismo entre la idea que Rubio, y los sectores más atlantistas de la Administración Trump, tienen de la relación con los tradicionales aliados, y la que tienen los europeos más favorables a EE UU. Los primeros creen que Europa es desechable. Los segundos, aunque sea por realismo, saben que Europa depende demasiado de EE UU para prescindir de la alianza. Pero insisten también en que Washington no puede prescindir del Viejo Continente, pese a lo que sostienen al otro lado del Atlántico. Lo dijo el canciller alemán, Friedrich Merz, en su discurso del viernes: “En la era de rivalidad entre las grandes potencias, ni siquiera Estados Unidos es suficientemente fuerte para actuar en solitario”.

Otro abismo es lo que Merz denunció como “guerra cultural” del movimiento trumpista MAGA (Make America Great Again) y sus ataques a Europa por supuestamente limitar la libertad de expresión, la defensa de los aranceles y el proteccionismo, o el abandono de la lucha contra el cambio climático. Rubio evitó sumarse a esta batalla ideológica con el mismo vocabulario de Vance o los agitadores más ruidosos. No es su talante, ni su identidad política. Pero retomó sus argumentos, para aleccionar a los socios sobre los males de la inmigración, de pedir perdón por el pasado o por su modelo social.

Rubio fue aclamado en el céntrico hotel Bayerischer Hof, donde se llevan a cabo las sesiones. El máximo responsable de la Conferencia de Seguridad, Wolfgang Ischinger, lo elogió como una alocución “tranquilizador” tras las agitaciones de los últimos tiempos. La situación pudo ser considerablemente más grave, como se comprobó hace un año con Vance o en cada choque con Trump. El secretario de Estado constituye hoy la variante más positiva de Washington que sus aliados pueden aguardar. Sus manifestaciones sugirieron que el nexo transatlántico continúa activo, si bien no será el mismo de antes. Aquello que le servía de base —una noción particular del orden liberal y democrático y los preceptos internacionales— ha dejado de estar presente.

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