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Trump acumula por encima de 300 medidas para des

La Casa Blanca acabó ayer con la limitación de gases de efecto invernadero. Los ataques a las renovables, la ciencia y la lucha internacional contra el calentamiento marcan el primer año del presidente

Donald Trump, presidente de EE UU, el jueves en la Casa Blanca.Jonathan Ernst (REUTERS)

El rastreador del Centro Sabin de las políticas de lucha contra el calentamiento que la Administración de Donald Trump está revirtiendo desde que volvió a la Casa Blanca acumula ya 315 entradas. Son 315 pasos atrás desde enero de 2025 en las medidas puestas en marcha por los anteriores Gobiernos estadounidenses, fundamentalmente demócratas, que pretendían una transición para recortar las emisiones del país que más ha contribuido a lo largo de la historia al cambio climático.

El Gobierno de Estados Unidos revocó este jueves la autoridad federal de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, en sus siglas inglesas) para establecer límites a los gases de efecto invernadero en el sector energético, el transporte y la industria. También derogó los estándares de emisiones sobre los vehículos impuestos desde 2012. En ese listado de la Universidad de Columbia sobre la voladura de la estructura de la lucha climática, ambas medidas son las dos últimas de una política que está encaminada en una dirección: impulsar al sector de los combustibles fósiles, es decir, el carbón, el petróleo y el gas.

Este trío de carburantes constituye la causa primordial del calentamiento global, un fenómeno incuestionable para la ciencia, aunque Trump y su Administración lo califiquen repetidamente como un engaño. La industria de las energías fósiles figuró entre los mayores patrocinadores de la candidatura de Trump y mantiene una influencia profunda dentro de su Gabinete. El secretario de Energía de EE UU, Chris Wright, por citar un caso, se desempeñaba hace apenas un año como ejecutivo en una de las potencias del fracking, el método empleado para la obtención de crudo y gas.

Partiendo de la invasión de Venezuelaabandono del Acuerdo de París y las ofensivas permanentes contra las energías renovables, el plan de Trump se dirige a un propósito expuesto con claridad, “restaurar el dominio energético estadounidense” sustentado en el crudo, el gas y el carbón. Así queda plasmado, de manera textual, en la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América, emitida por la Casa Blanca a finales del pasado año.

La supresión de las reglas de la EPA provocará ahora un enfrentamiento legal. Una vez más, debido a que los republicanos ya buscaron derribarlas en las cortes previamente sin conseguirlo. El dirigente de California, el demócrata Gavin Newsom, confirmó este jueves que recurrirá a los tribunales: “Donald Trump puede anteponer la avaricia corporativa a las comunidades y las familias, pero California no se quedará de brazos cruzados: demandaremos para impugnar esta acción ilegal y seguiremos luchando contra la contaminación climática en nuestro Estado”. Como una “decisión antiestadounidense” tildó la disposición de la Casa Blanca el secretario de Estado demócrata John Kerry, uno de los gestores de la ratificación del Acuerdo de París en 2015.

Retirar a su nación de dicho tratado representó una de las determinaciones iniciales que tomó Trump durante su jornada inaugural de retorno a la Casa Blanca. La rúbrica de aquel convenio hace diez años constituyó uno de los éxitos más significativos de la cooperación internacional y del esquema de Naciones Unidas, institución que Trump igualmente ha mantenido bajo vigilancia. Su gobierno se ha retirado de diversas entidades de la ONU y se ha apartado de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el pacto fundamental que coordina el combate frente al calentamiento global desde 1992.

Dentro de EE UU ha emprendido una campaña basada en órdenes presidenciales para eliminar trabas regulatorias para los combustibles fósiles, vetar los proyectos de energía eólica marina, permitir extraer más petróleo y gas… Además, ha emprendido una batalla contra la ciencia climática vetando, por ejemplo, que las agencias federales que han sido referente en las últimas décadas en el estudio del calentamiento colaboren con el IPCC. Esta plataforma es la que, bajo el mandato de la ONU, establece las bases sobre el conocimiento del cambio climático que luego sirven para que los Gobiernos adopten sus medidas de recorte de emisiones. La Casa Blanca ha anunciado también su intención de desmantelar varios organismos científicos por ser focos de “alarmismo climático”.

El equipo de Trump no solo ha abandonado acuerdos y agencias vinculadas a la ONU. También ha amenazado e intentado coaccionar a otros países para que no adopten limitaciones a los combustibles o para que no sigan apostando por las renovables. En el último Foro de Davos, Trump instó a la UE y al Reino Unido a dejar atrás las renovables. Y arremetió con fiereza contra los aerogeneradores. “Esas malditas cosas”, las llamó.

En su anterior mandato (2017-2021), Trump ya sacó a su país del Acuerdo de París y atacó a la lucha medioambiental. Pero no con la virulencia de ahora. Según el Centro Sabin de Derecho sobre Cambio Climático, de la Universidad de Columbia, en esos cuatro años su Gobierno derogó 176 normas y decisiones medioambientales. Ahora, en poco más de un año, ya van 315.

No obstante, el escenario ha cambiado. Debido a que en el transcurso de esta década la rapidez con la que se instalan las energías verdes se ha incrementado drásticamente, desafiando de este modo la supremacía de los combustibles fósiles de las pasadas dos centurias. El rumbo resulta evidente. “Las renovables crecen más rápido que ninguna otra fuente energética en todos nuestros escenarios, siempre liderada por la solar fotovoltaica”, apuntaba acerca de las proyecciones para los decenios venideros la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en su balance anual más reciente, fechado en noviembre de 2025. Varios meses antes, Chris Wright amagó con dejar la AIE si esta organización persistía en fomentar las energías renovables.

“La realidad es que las renovables son el camino más claro y barato hacia la seguridad energética y la soberanía”, decía este jueves Simon Stiell, el responsable del área de cambio climático de la ONU. “La energía limpia es la solución obvia al aumento vertiginoso de los costes de los combustibles fósiles, tanto humanos como económicos”, añadía.

En contraposición a la apuesta fósil trumpista aparece China. Este país está liderando las renovables dentro y fuera de sus fronteras. Lo mismo ocurre con la movilidad eléctrica.

El magacín Science, justamente , le recriminó al concluir el año previo a Trump su estrategia de energía. Tras seleccionar el fomento de las energías limpias globalmente como el hito científico más relevante de 2025, este medio avisó que EE UU no está sacando provecho de “sus propias innovaciones”. Debido a que una porción significativa de los sistemas técnicos que han propiciado este auge de las renovables se “desarrolló en Estados Unidos”. No obstante, es China quien las ha optimizado y las produce. Esta nación provee actualmente el 80% de las placas solares del planeta, el 70% de las turbinas eólicas y el 70% de los acumuladores de litio.

Sube el carbón pero la solar av

El primer año del segundo mandato de Trump se ha cerrado con un aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero. En concreto, según Rhodium Group, crecieron un 2,4%. Se debió, en gran medida, al uso del carbón, que registró un 13% de aumento interanual. Los analistas apuntan al crecimiento de la demanda por los centros de datos. Pero también a un cambio del gas por carbón debido a los precios más altos del gas. Sin embargo, al mismo tiempo, la “solar cubrió la mayor parte del aumento de la demanda en 2025 en Estados Unidos, creciendo más que los combustibles fósiles”, explicaba hace unos días Nic Fulghum, analista de Ember.

Más allá de EE UU, el auge de las energías limpias constituye la trayectoria nítida que respaldan los especialistas. La incógnita reside en si, en el interior de la mayor potencia financiera, la ofensiva constante de Trump terminará por prevalecer o si los mandatarios demócratas y los magistrados lograrán contener o moderar sus embates.

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