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Sam Rose, director de la UNRWA en Gaza: “Da miedo ver que lo máximo que hacen los países es sacar comunicados tras 70.000 muertos”

El responsable de la agencia de la ONU para los refugiados palestinos critica que se califiquen los últimos meses como un alto el fuego pese a que más de 550 gazatíes han fallecido por ataques de Israel

Sam Rose, responsable de la UNRWA en Gaza, el 5 de febrero en la sede de la organización en Madrid.Jaime Villanueva

Mientras el invierno continúa azotando a una población gazatí cada vez más exhausta, la ayuda de las organizaciones humanitarias no cesa. La agencia de la ONU para los refugiados palestinos (UNRWA, por sus siglas en inglés) tiene desplegados en la franja de Gaza más de 11.500 trabajadores que ayudan a los palestinos prestando atención médica básica, educación y cobijo. Todo ello mientras el Gobierno de Israel les acusa de colaborar con Hamás y les ha prohibido introducir ayuda humanitaria. “No nos dejan meter ni comida en la Franja, aunque tenemos miles de camiones cargados esperando en la frontera y la gente se muere de hambre”, señala Sam Rose (Manchester, 1974), director de la UNRWA en Gaza.

Desde un despacho de la sede de la agencia en Madrid, Rose atendió el pasado jueves a Papallones e hizo un balance de la situación que se vive en Palestina tras el acuerdo de alto el fuego firmado el pasado octubre. Desde entonces, más de 550 gazatíes han muerto en ataques de Israel. “En ningún otro lugar del mundo se seguiría llamando tregua a un periodo en el que han muerto tantas personas”, sentencia.

Pregunta: ¿Cómo describiría la situación en Gaza?

Respuesta: Catastrófica. Los peores momentos de la hambruna han remitido, pero la gente vive en condiciones miserables. Estamos pasando un invierno muy frío. Cientos de miles de personas siguen viviendo en la orilla de la playa, bajo tiendas de campaña y lonas de plástico, lo que ha provocado que niños y bebés hayan muerto de hipotermia. También han aumentado las enfermedades infecciosas y respiratorias porque la población lleva así casi tres años y su salud mental y sistema inmunitario están completamente deteriorados. Cada día que pasa, el riesgo de que se reanude el conflicto aumenta.

P: ¿Ha mejorado en algo la vida de los gazatíes con la entrada de ayuda humanitaria?

R: 1,9 millones de personas han sido desplazadas desde el inicio de la guerra, prácticamente toda la población. Se enfrentan a su tercer invierno expuestos a la meteorología adversa. De forma gradual, han entrado algunas tiendas de campaña y lonas de plástico. Pero la realidad es que hace frío, viento y se moja. No se debe ver como una medida de éxito que entren estas carpas. Los gazatíes necesitan poder reconstruir sus hogares. Muchos viven entre escombros o junto a montones de basura. Lo que ha cambiado este invierno es que no estamos viendo los mismos niveles de desplazamiento masivo, como ocurrió los dos años anteriores.

P: El paso de Rafah reabrió el pasado 2 de febrero, tras casi dos años cerrado. ¿Cree que tendrá un impacto en la vida de los gazatíes?

R: La reapertura debe mantenerse y ampliarse. Una de las razones por las que el conflicto en Gaza ha sido tan devastador es que la gente no tiene adónde huir. Es un lugar increíblemente superpoblado y la gente está atrapada dentro, y lleva casi 20 años así. La frontera de Rafah es un salvavidas para cualquiera que quiera salir. El hecho de saber que existe la oportunidad de salir y regresar es psicológicamente muy importante. Pero también hay casi 20.000 personas enfermas que necesitan atención médica que no está disponible dentro de la Franja.

P: ¿Cómo explica que haya personas fuera de la Franja que quieran regresar?

R: No hay sentimiento más fuerte que el de querer volver a casa sin depender de nadie más. A muchas personas el cierre de Rafah les pilló fuera de la Franja y llevan dos años y medio sufriendo mucho por sus familiares que están dentro. Habrá muchos que decidan no volver, pero todos deberían tener el derecho de hacerlo si así lo desean.

P: Desde el alto al fuego firmado hace unos meses, la presión sobre Israel se ha reducido. ¿Ha sido un efecto colateral o el acuerdo promovido por Trump buscaba este objetivo también?

R: Antes era fácil, simplemente había noticias sobre lo que ocurría a diario, mientras que ahora, intentar comprender todas las capas y complejidades de lo que está sucediendo es mucho más difícil. Parte de la presión que se ejercía sobre Israel ha disminuido porque lo que se pedía era simplemente detener la matanza de tantos niños y revertir la hambruna. Es importante que se mantenga esta presión.

P: Hace apenas dos semanas Israel demolió el complejo de edificios de la UNRWA en Jerusalén y el Gobierno de Netanyahu lo calificó de “día histórico”. ¿Qué opina?

R: Me provoca tres sentimientos. Indignación, tristeza y asombro por lo que significa que un Estado miembro de la ONU incendie un edificio protegido por la ONU y que los funcionarios israelíes se peleen por quién debe atribuirse la responsabilidad de actos tan atroces. Quizá, después de dos años y medio, no deberíamos escandalizarnos, pero yo trabajé allí durante cuatro años y no puedo evitarlo. Sobre todo el hecho de que no tenga ninguna consecuencia, más allá de comunicados de algunos países condenándolos. Produce miedo y asombro que, tras más de 70.000 muertos, 20.000 de ellos niños, lo máximo que hacen los países sea emitir comunicados de condena.

P: La semana pasada, el ejército de Israel publicó un vídeo que mostraba sacos con el logo de la UNRWA donde se escondían, presuntamente, bombas. Señalaron que era una prueba más del vínculo entre la agencia y Hamás.

R: Si voy con una bolsa de Adidas o de El Corte Inglés que contiene armas o material ilegal, no significa que esas empresas sean culpables de nada. En 2024, distribuimos en Gaza tres millones de bolsas de harina, y los gazatíes las guardan porque saben que probablemente serán desplazados y necesitarán algo para guardar sus pertenencias. La idea de que solo porque una bolsa tenga el nombre de la organización, no significa que la organización tenga responsabilidad por el uso que se les dé. No quiere decir que no nos tomemos en serio las acusaciones, pero algo así es difícil de entender.

P: 390 trabajadores de la agencia han muerto en ataques israelíes desde octubre de 2023.

R: Es la mayor cantidad de personal de la ONU que ha muerto en cualquier conflicto militar desde que existen las Naciones Unidas. Entre un 3% y un 4% de nuestros trabajadores han muerto y sucede igual con los gazatíes, cuya población se ha visto reducida en un 4%. No podemos decir que el personal de UNRWA haya sido atacado deliberadamente, pero se han bombardeado nuestras instalaciones, que están protegidas por el derecho internacional.

P: ¿Cuál es su opinión sobre el plan de paz presentado por Trump, que pretende convertir la Franja de Gaza en un resort turístico?

R: La parte más atractiva del plan de paz es la que dice “paz”. Las condiciones y la situación en Gaza se estaban volviendo tan catastróficas que la gente acoge cualquier cosa que detenga los bombardeos y las matanzas sin sentido, y que les permita tener una perspectiva que vaya más allá de las preguntas: ‘¿Voy a sobrevivir toda la noche? ¿Ha muerto un familiar o un amigo?’. Por eso, agradecemos cualquier esfuerzo para poner fin a esto y lo apoyaremos. Pero la propuesta de un acuerdo inmobiliario no se ha consultado con nadie que viva en esa tierra. Así que no necesitamos imágenes generadas por IA de los balnearios de Gaza. Necesitamos preguntar a los palestinos qué es lo que esperan de su futuro. No es el mejor comienzo.

P: ¿Tiene esperanzas de que los palestinos puedan decidir su propio futuro?

R: Los palestinos quieren vivir, quieren continuar, han sobrevivido hasta ahora y están decididos a seguir sobreviviendo. Esto nos da esperanza, y el hecho de que personas de todo el mundo se solidaricen con esta causa también nos ayuda a pensar que esto llegará a alguna parte. La alternativa y las consecuencias de que no funcione son devastadoras, no hay otra opción que el proceso de paz tenga éxito.

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