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ENSAYOS DE PERSUASIÓN
Columna

Cuando los banqueros centrales entran en política

Los responsables de estas entidades se han visto obligados a intervenir en momentos de crisis, también para plantar cara a Trump

El presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Jerome Powell, en Washington, D.C. Este 28 de enero.Jonathan Ernst ( REUTERS )

Hace unos años Jordi Évole sacó sus cámaras de televisión a la madrileña calle de María de Molina, donde estaba la sede de Goldman Sachs en España. Ningún signo la identificaba. Ni siquiera el portero de la finca lo confirmó. Tan solo una jovencita que salía de allí lo hizo porque le debió pillar de sorpresa la pregunta. Eran los primeros años de la Gran Recesión, y uno de los principales bancos de inversión del mundo sufría una gran crisis de reputación por su actividad con las hipotecas locas y los productos derivados.

El periodista Matt Taibbi había publicado un reportaje en la revista Rolling Stone en la que definía a Goldman Sachs como “un calamar gigante vampiro”. ¿Por qué? Básicamente por obtener beneficios extraordinarios de las dificultades financieras ciudadanas, o por su gran influencia en Wall Street y en los gobiernos: varios secretarios del Tesoro habían cruzado desde Goldman las puertas giratorias hacia el sector público, y viceversa. El entonces titular del Tesoro de EE UU —cuando arrancó la crisis financiera y hubo que ayudar a los bancos con paladas de dinero público para que sobrevivieran—, Harry Paulson, provenía de Goldman Sachs.

No fue de extrañar que cuando Mario Draghi fue elegido presidente del Banco Central Europeo no fuese una decisión —digamos— popular. Draghi era otro goldmanita, del que se había publicado que, como tal, había ayudado a Grecia a ocultar su deuda y maquillar sus verdaderas cuentas, lo que fue el pecado original para que los helenos fuesen intervenidos por los hombres de negro. Todo cambió cuando “SuperMario” se enfrentó a los especuladores (año 2012) y salvó al euro con aquella frase ya mítica: haremos lo que haga falta y, créanme, será suficiente. De Villano a héroe europeo. Desde entonces, así ha continuado. Hace dos años presentó un informe para solidificar Europa como potencia capaz de competir con EE UU y China, que es considerado una de las biblias de la Unión. La influencia de un banquero central en la política había superado sus márgenes tradicionales.

Otro goldmanita polémico es el hoy primer ministro canadiense, y antes también gobernador de los bancos de Canadá e Inglaterra, Mark Carney. Comenzó a aplicar en Canadá políticas muy conservadoras. Por ello fue la gran sorpresa del Foro Económico de Davos, el pasado enero, cuando fue el primer político en confrontarse públicamente con el matón mayor, Donald Trump, y en decir en alto lo que muchos pensaban y casi nadie se había atrevido hasta entonces a relatar: que estando el mundo en medio de una ruptura y no de una mera transición, las potencias medias debían unirse para resistirse al imperialismo estadounidense, porque “si no estamos encima de la mesa seremos el plato principal”. Las grandes superpotencias están utilizando la coerción (económica, hasta ahora) para conseguir sus objetivos de influencia. Sabemos, concluyó, que el derecho internacional se aplica con distinto rigor según la identidad de los acusados y de las víctimas.

Hay un tercer banquero central —éste no relacionado con el banco de inversión citado ni con Europa— que ha adquirido relevancia política a su pesar, por los intentos de Trump de expulsarlo de la Reserva Federal (Fed) al no bajar el precio del dinero adecuándolo al ritmo a los intereses de la Casa Blanca, sino teniendo en cuenta los fundamentos de la economía americana. Jerome Powell ha conseguido algo inédito en el mundo de los banqueros centrales: que se haga un manifiesto de “abajo firmantes”, como los que tanto gustan a la izquierda, manifestando su solidaridad con él: ahí estaban los gobernadores de bancos centrales como el de Europa, Inglaterra, Suecia, Dinamarca, Australia, Canadá, Corea, Brasil o del Banco de Pagos Internacionales. Además, ha habido otra carta pública contra los intentos de Trump de dominar también la Fed que han signado los tres presidentes vivos de la institución, Janet Yellen, Ben Bernanke y Alan Greenspan.

Difíciles tiempos los que exigen que se muevan en el territorio directo de la política los titulares de los bancos centrales. Para defenderse. Para defendernos.

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