El fenómeno de los programas de decoración: ¿puro entretenimiento o una herramienta para aprender bricolaje?
La emisión de ‘Decomasters’, protagonizado por 10 parejas famosas, demuestra que el interés por las reformas entre el gran público sigue intacto. Así ven los decoradores profesionales este formato


“¿A quién no le gusta la decoración? Todos llevamos un decorador dentro, ¿verdad?”. En los primeros diez segundos de emisión de Decomasters, el talent show de La 1 de RTVE, la presentadora Patricia Montero da con el quid de la cuestión. Para quienes no estén familiarizados con el formato, la puesta en escena es similar a la de productos del mismo canal como Master Chef Celebrity o Bake Off: Famosos al Horno. Simplemente cambien el mandil y los moldes de galletas por un muestrario de pinturas y telas. En el programa, que se emite los lunes por la noche después de La Revuelta, diez parejas de famosos emparentados entre sí –bien por familia, trabajo o amistad– se enfrentan cada semana al reto de rediseñar y acondicionar todo tipo de espacios, ya sea para un negocio o una vivienda particular.
Entre otros, mantienen un pulso televisado la influencer Isa Pantoja y su marido, el modelo Asraf Beno; la chef, empresaria y jurado de MasterChef, Samantha Vallejo-Nágera –con su hermano, Colate Vallejo-Nágera–, el dúo musical Gemeliers; la exmodelo Mar Flores, junto a uno de sus hijos, Carlo Constanzia; o el diseñador de moda Eduardo Navarrete y La Terremoto de Alcorcón. Al mismo tiempo, el programa realiza una labor divulgativa no tan habitual en prime time invitando a eminencias del interiorismo y el diseño como Jaime Hayón (Premio Nacional de Diseño 2021), Tomás Alía (Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes 2022) o Teresa Sapey (todo un referente en el mundo de la arquitectura y el diseño de vanguardia), entre otros.
Un espectáculo anunciado en su página web a bombo y platillo como “una divertida competición para convertirse en auténticos profesionales del diseño de interiores” que deja claro el carácter amateur de los participantes. En la misma leyenda, se enumeran las herramientas para conseguirlo: talento, creatividad y un gusto exquisito con el que sacar el máximo partido a habitaciones pequeñas o estancias mal iluminadas. Dos jueces exigentes, el interiorista Lorenzo Castillo, y la editora de revistas de decoración Marta Riopérez, evalúan el trabajo poniendo a prueba su ingenio y destreza, mientras enseñan una serie de trucos que llegan también al público para que puedan ponerlos en práctica en sus hogares.
Para Iñigo Aragón y Pablo López Navarro, fundadores de Casa Josephine, estudio especializado en proyectos que combinan arte, decoración y artesanía de altura, se trata de un reality show más con el contexto de la decoración, cuyo gancho es la dinámica entre los concursantes, sus conversaciones y su capacidad de entretener. “Aquí la decoración es totalmente secundaria. No se espera que los concursantes mejoren programa tras programa como en formatos del estilo Mira quién baila“, explican a ICON Design. Los creadores del estudio de arquitectura de interiores con sede en Madrid tienen claro que el programa no refleja las dinámicas reales, tampoco el tiempo ni el presupuesto, y menos aún, los estándares de calidad.
Pongamos un ejemplo. En el segundo programa, el reto grupal exige transformar las zonas de exterior en dos viviendas. Por un lado, un equipo deberá renovar la terraza con una pérgola, un huerto reformado y el césped natural; el otro, colocar una barra de bar, instalar hierba artificial y sustituir la valla por una zona de chill out. El presupuesto se ajustará a 5.000 euros sin excepción, y contarán con un tiempo limitado para presentar el proyecto y ejecutarlo… ¿Realidad o pura ficción? “Creemos que simulan y escenifican algunos aspectos muy simplificados de un proceso de reforma, pero las expectativas y los resultados no son realistas, ni parece que ese sea su objetivo”, explican desde Casa Josephine.

Según recoge la web de Mavisan, empresa especializada en reformas integrales, un lavado básico de cara a una terraza pequeña no bajaría de una semana, mientras si aumentamos su tamaño e incluimos fases de impermeabilización, fontanería o iluminación, podría llegar a un mes o incluso más. “Está claro que banaliza el proceso creativo al presentarlo según el cliché de la inspiración momentánea y la idea rápida”, apuntan los interioristas. Sí señalan, en cambio, que el programa muestra una idea bonita y verdadera que no debemos olvidar en toda reforma, y es que, en muchos casos, se puede mejorar el uso y la experiencia de un espacio con poco presupuesto y un par de ideas sencillas. “Si los espectadores pueden tomar algún consejo y les ayuda a mejorar su día a día, el programa ya tiene valía”.
Pero volvamos al arranque del primer programa: ¿es verdad que todos llevamos un decorador dentro? ¿Cualquier persona puede meterse en la piel de un interiorista por muy buen gusto que crea tener? En la teoría, no. Para convertirse en un profesional de gremio, la vía más común es estudiar un grado de unos cuatro años en Diseño de Interiores, o bien desarrollar una formación equivalente en Arquitectura, Bellas Artes o cursos superiores de diseño. Hablamos de un sector en el que la especialización es oro, por lo que contar con un máster en áreas como iluminación o paisajismo son cada vez más demandados. Sin embargo, como en todo lo que se rodea de estética, el intrusismo en la decoración está a la orden del día. “Por lo que hemos visto en el programa, no son reformas complejas sino intervenciones cosméticas, superficiales. Son proyectos que en principio están muy por debajo de lo que un estudio de interiorismo llevaría a cabo. No vemos intrusismo”, concluyen.
Para Rubén da Silva, socio fundador del estudio barcelonés de interiorismo Brákara, el efecto puede ser ambiguo, ya que por un lado visibiliza el sector y despierta interés, pero por otro, cuando el protagonismo recae en perfiles no especializados, puede transmitirse la idea de que reformar es algo que cualquiera puede abordar sin preparación técnica. “El riesgo no es que el usuario quiera implicarse en su vivienda, sino que se subestime la complejidad estructural, económica y legal que implica intervenir en un inmueble”. El valor del profesional, recalca, no está solo en proponer una estética atractiva, sino en integrar diseño, técnica y gestión para proteger la inversión del cliente. “Una reforma real implica planificación técnica, coordinación de gremios, control presupuestario, gestión de imprevistos y responsabilidad legal”.

El decorador y ceramista Guille García Hoz cuenta con callo en la materia. En 2009 se convirtió en estrella inesperada de Reforma Sorpresa, de Cuatro, un programa con aires de docu-reality que abrazaba la decoración exprés en el gran reto de cambiar dos habitaciones de una casa en un solo día. El carisma que le caracteriza afianzó su rol de decomaster con otros programas como Decora tu interior (La Sexta, 2012) o Deco Reto, (Canal Decasa, 2015), en este último explicando cada paso de la decoración integral en una estancia de una manera clara e interesante a un público generalista.
Una larga experiencia que le aportó una visión lúdica del formato más allá de la profesionalidad, una práctica terrenal y libre cercana a lo que en el mundo anglosajón se conoce como do it yourself (hazlo tú mismo), con el aliciente de poner a los famosos con sus particularidades, sus cotilleos y sus anécdotas de por medio. “El programa [Decomasters] es entretenimiento más que un manual de decoración, y los concursantes participan como tal (no a modo de diseñadores). Muy similar, aunque con cambio de tema, a lo que sucede en Masterchef Celebrity”. Ambos programas, de hecho, pertenecen a la misma productora, Shine Iberia.
El resto del contenido, señala García Hoz, poco tiene que ver con la realidad. En el caso de una reforma profesional, hablamos de procesos mucho más serenos –”las prisas no suelen ser buenas consejeras”−, y de una estructura y tiempos del trabajo más claros que pueden durar meses o años, nada que ver con lo que se puede resolver en un apurado contexto televisivo. “Sí hay momentos en los que hay que poner de acuerdo al triángulo cliente-diseñador-contratista, pero esto se hace de manera muy fluida como en cualquier otro sector”.

Este tipo de formatos desatan furor en el público en general. El caso más sonado hasta la fecha ha sido el del imperio televisivo creado por los hermanos gemelos Scott, Jonathan y Drew, con más de una decena de programas dedicados a las reformas, además de varios libros y su propia revista que les han brindado una fortuna estimada en unos 40 millones de dólares. Si a esto le sumamos el fenómeno viral del before&after que atesta de reels con reformas caseras la parrilla de Instagram y TikTok, está claro que el contenido engancha, y mucho.
Pero, ¿qué nos puede atraer tanto de este proceso, cuando para la mayoría una reforma se presenta como un trastorno doloroso? “El antes y después es una narrativa universal. Representa transformación, mejora y evolución. Ver un espacio cambiar activa una proyección personal: imaginamos nuestra propia transformación a través del entorno”, apunta Rubén da Silva. Además, prosigue el experto, no hay que perder de vista que el hogar está profundamente vinculado a nuestra identidad, donde la vivienda es hoy bienestar y expresión personal. ”Transformar el espacio es, en cierta medida, transformar la forma en que vivimos. Esa combinación de impacto visual, emoción y promesa de mejora explica su enorme atractivo, tanto en televisión como en redes sociales”. García Hoz también poner en valor ese magnetismo que despierta cualquier transformación, ya sean un cambio de look, remodelar una furgoneta o redecorar una estancia: “Siempre tienes la curiosidad de ver cómo va a quedar y si te va a gustar o no… El factor sorpresa engancha”.
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