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Jesús Calleja: “No conozco a ningún gran explorador en el mundo que tenga una pareja estable”

El aventurero, días antes de irse a Estados Unidos para contar el regreso del hombre a la Luna, reflexiona sobre la búsqueda de la felicidad, la desigualdad y la crispación social: “Tenemos que ser fieles a Europa. Somos el faro del mundo en libertades, nos guste o no”

Jesús Calleja, en el Ateneo de Madrid.Álvaro García

Ataca las patatas fritas sin compasión. “Perdón, parezco un glotón, pero es que me he levantado a las seis de la mañana, he venido a Madrid desde León, he tenido una reunión, ahora una comida con mi socia y después me voy a Valencia a buscar unas localizaciones para Volando voy [uno de los programas que presenta en Cuatro]. ¡Tengo un hambre!”, se justifica. Así es Jesús Calleja (León, 60 años). Un torrente de energía y locuacidad que le ha llevado a la cima del éxito. Incansable aventurero y optimista nato, lleva dando vueltas por el mundo desde los 17 años.

En sus ojos azules (y en las pantallas de televisión) se han reflejado los paisajes más espectaculares: cascadas, glaciares, auroras boreales... Pero también la miseria más extrema y el peligro de la muerte cuando se ha arriesgado demasiado. El año pasado, se convirtió en el primer español, no astronauta, en viajar al espacio con Blue Origin, la empresa del propietario de Amazon Jeff Bezos. Ahora se prepara para contar, invitado por la NASA, el regreso del hombre a la Luna. “Es épico”, comenta entusiasmado.

Pregunta. Sin la tele, ¿sería el mismo aventurero?

Respuesta. Imposible. Me aporta la factura económica para poder hacer las expediciones. Sin la televisión nunca habría podido llegar al Polo Norte o a cualquier rincón del planeta porque no tenía dinero para hacerlo.

P. ¿Fue cuestión de suerte?

R. No creo en la suerte. Y eso te abre las puertas. El punto de inflexión fue poder escalar el Everest y contarlo en directo a través de El Diario de León, en un momento en el que no había redes sociales. Era el año 2005, acababa de salir un aparato que compré en Estados Unidos y que se enfocaba a un satélite para poder mandar desde allí crónicas y pequeños vídeos. Se convirtió en un fenómeno. Después, me llamó el Marca, José Ramón de la Morena y, finalmente, la directora de antena de Cuatro. Y empezamos a construir algo que no existía en la tele.

P. Un influencer primigenio.

R. Sí, fui rupturista. Hacía cosas extrañas. Tenía un lenguaje directo, vehemente, de verdad, sin postureo... Mi socia y amiga María Ruiz, a veces, me decía: “Tienes que intentar pulirlo, en la tele no puedes decir “cagar”. Pero, por ejemplo, grabamos cómo era ir al baño a 40 grados bajo cero y eso salió en el programa. Todavía nadie en televisión ha hecho lo que hacemos: una aventura real, radical y completa.

P. Se quedó atrapado durante casi dos semanas en la sima más profunda de la Tierra. ¿Cómo se gestiona eso mentalmente?

R. Estábamos con los dos mejores espeleólogos de Rusia. Un jefe de bomberos y su mujer. Ella colapsó, escribió una carta de despedida a sus hijos y la metió en un termo, para cuando encontrasen los cadáveres. Pero el estado de ánimo de mi equipo era, entre comillas, aceptable. Yo entreno para no pensar una palabra negativa en estas situaciones y hacerles reír en la medida de lo posible. En general, es difícil que me pilles de mal rollo o que me vayas a sacar de mis casillas. Ni con política.

Me da rabia que te conviertan en el soldado de un político y te utilicen, sea del signo político que sea"

P. ¿Y ese optimismo exacerbado en los tiempos que corren?

R. He visto tanto mundo, el sufrimiento más inimaginable, que me he dado cuenta de que somos unos privilegiados. Tenemos un paraguas brutal de protección, como ningún país del mundo. La seguridad social nos cubre si tenemos un cáncer y, si nos quedamos atrapados en un país extranjero, nuestro Gobierno nos saca de allí. Vivimos en un paraíso absoluto y perdemos el foco. Tendríamos que bajar el tono, nos crispamos en exceso.

P. Pero Europa está amenazada...

R. Sí, por el hostigamiento periférico externo, pero tenemos que ser fieles a lo que somos en Europa. Mis padres nos llevaban de pequeños a viajar por países europeos, con una baca encima del coche y una tienda de campaña para dormir porque no teníamos dinero. Nos decían: “¡Algún día viviremos como ellos!”. Somos el puto faro del mundo, nos guste o no, en cuanto a libertades, cultura y forma de vivir.

P. ¿Le preocupa la pérdida de derechos con el auge de la extrema derecha?

R. ¡Hombre, claro! Pero no quiero hablarte de política como experto porque no es mi campo. ¡Pregúntame de ciencia! Creo que los derechos deben ser un campo intocable porque ha costado mucho conseguirlos. Lo otro es involución y nunca es positiva. A veces, como tienes la mente abierta, te encasillan políticamente. Me da rabia que te conviertan en el soldado de un político y te utilicen. Sea del signo político que sea.

P. ¿Por qué los españoles nos quejamos tanto?

R. Porque tendemos a mejorar, pero olvidamos muy rápido. En mi casa, se va a enfadar mi madre cuando diga esto, tuve solo una vez Reyes Magos. Mi regalo de cumpleaños era unos calcetines, un pantalón o un calzoncillo y te colgaban del cuello un collar con rosquillas y dulces que te ataban con un hilo. Dormía en una habitación con dos literas, donde dormía con mis tres hermanos.

P. ¿Qué niño era en el patio del colegio?

R. Hiperactivo. Un TDH de libro. No puedo estar 10 minutos sentado en una silla, pero, ¡me lo paso tan bien! Ahora tengo más caprichos, pero me crie en un molino en el pueblo y me procuraba las aventuras. Para mí todo era un campo de selvas, desiertos, naves espaciales... Mi madre me dice: “¡Descansa un poco!”. Pero quiero aprovechar el tiempo.

P. ¿Nunca ha tenido estrés?

R. Vivo en un estrés continuo. Tengo una cantidad de cortisol brutal, pero lo elimino muy rápido. Coger la bicicleta e irme a escalar solo es mi regenerador. La naturaleza es una terapia extraordinaria. Por eso nunca voy a dejar el campo. Estoy incapacitado para vivir en una ciudad. Ahora hago enduro y downhill y salgo a entrenar con chavales de 20 años. Me comparo con ellos y me mantiene los reflejos y la resistencia.

Ve a un nepalí o a un etíope a preguntarle qué hace el fin de semana. Su vida es supervivencia"

P. El mismo año que muere su hermano de cáncer, escala el Everest y cambia su vida. Quien no sabe cuál es su propósito, ¿cómo encuentra la felicidad?

R. La felicidad depende de las expectativas, lo que nos exigen, lo que marca la sociedad. Tenemos unos patrones muy idealizados de lo que tiene que ser una familia y de la importancia que le damos al trabajo. Hay un tercio de nuestra vida que empleamos en dormir. Otro tercio es el trabajo. Como no seas feliz ahí, estás desperdiciando una gran parte. Antes de la televisión, fui peluquero, antenista, mecánico, tuve un taller de coches, trabajé en un barco, fui guía de alta montaña... Estos trabajos no eran lo que quería, pero me daban dinero para viajar. Y mientras lo conseguía, me decía a mí mismo: “Voy a ser el mejor en esta mierda de trabajo”.

P. Calleja Peluqueros, el negocio familiar, no le gustaba nada...

R. Sí, pero me convertí en campeón de España en peluquería masculina en versión libre y me di cuenta de que la actitud estimula las ganas. Nací en una familia humilde, en un pueblo de León en el que no regalaban nada y no había contactos en ningún lado. Todo es actitud y saber qué quieres en la vida.

P. El otro tercio es el ocio.

R. Sí, pero el ocio solo existe en Occidente. Ve a un nepalí o a un etíope a preguntarle qué hace el fin de semana. Su vida es supervivencia, trabajar toda su vida para poder comer y ahorrar. Las vacaciones es un invento que solo tenemos aquí. Eso no ocurre en el mundo. El mundo sobrevive y trabaja.

P. ¿Nunca se ha enamorado?

R. No, por la vida que llevo es inviable cualquier relación. Si viajas todo el tiempo, es difícil que alguien te siga y convivir en sitios donde hay frío, calor, suciedad, en los que todo se vive al límite... No conozco a ningún gran explorador en el mundo que tenga una pareja estable. Es un peaje.

‘Calleja en el espacio’

P. Su viaje al espacio tuvo críticas por el espectáculo televisivo y la duración del viaje. ¿Le dolieron?

R. No, porque no son críticas y esos comentarios eran fruto del desconocimiento. Irte al espacio low cost solo ocurrió en los años en los que ha volado New Sherpard. No es lo mismo orbitar que subir y bajar al espacio. 11 minutos es lo que tarda en atraparte la Tierra por su poder gravitacional. Para que no te tire para abajo, tienes que tener una nave que vaya a 28.000 kilómetros por hora y cuesta cientos de miles de millones de euros. Sufrí el efecto perspectiva que se da en los astronautas. Te cambia el paradigma mental y ves la humanidad de otra manera.

Denuncié un bulo sobre mí porque he visto que hay un odio visceral y que mucha gente se lo cree"

P. Ha emprendido acciones legales por un bulo que le vinculaba a empresas de energías renovables a raíz de los incendios de este verano en León. ¿Por qué ha denunciado?

R. Porque he visto que hay un odio visceral y que mucha gente, desde la inocencia, se cree esos bulos. Tenemos la herramienta de la ley. El denunciado normalmente es un cobarde. Cuando puse la denuncia, borró todo, pero ya teníamos las capturas. Es la primera vez en mi vida que lo he hecho, pero ha sido cómodo, fácil y placentero.

P. ¿Cómo recuerda el día que conoció a su hijo adoptivo?

R. Vi a alguien con muchísimas necesidades y que se buscaba la vida en la calle. Es duro. Casi todos sus amigos de la pandilla han muerto: las drogas, la prostitución, el sida... Ganesh hoy tiene una mujer y un hijo maravilloso y es mi mano derecha en el trabajo.

P. Le regaló una vida.

R. Él a mí también. Habrá muchos hijos que no tengan esta relación tan buena con sus padres naturales. Se me cae la cara de vergüenza con que alguien que decide dejar a su familia, cruzar un océano que le puede matar a través de unas redes de mafia, sea señalado. Me parece una forma terrible de clasismo. La humanidad somos todos.

P. Hoy falta...

R. Sí. Estamos viviendo un momento muy raro de crispación y guerras... Como el movimiento hippie, nos falta paz y amor. Suena ñoño, pero todo es cíclico. La humanidad también volverá.

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